Pablo García Casado: Paternidad, miedo e identidad

“La paternidad ha sido escasamente explorada. Si sobre maternidad faltan libros, sobre paternidad existe directamente un vacío”

Pablo García Casado ha situado su obra en el entre de la ficción y la experiencia, en el espacio intermedio que explora los límites de la empatía, y en la ficción que se imagina como ensayo de la realidad. Precisamente por la posición que ocupa teórica y poéticamente supuse que esta no iba a ser una conversación fácil. Tuvo lugar en un chiringuito de Punta Candor, Rota, mientras mi hijo dormía a la izquierda de su madre y su hermano había sido celosamente desplazado a la habitación del final del pasillo con mi sobrina. Cuando ya él había organizado a los niños, les había puesto la crema y su mujer había llegado con la bici.

El libro que se presenta hoy, 28 de septiembre de 2019, durante el festival de poesía de Cosmopoética (La cámara te quiere, Visor) explota precisamente ese entre, ese imaginarse a uno en el espacio del otro. Vuelvo a reformular a Aixa de la Cruz: “los límites de la experiencia son los límites de la imaginación”.

Recuerdo que semanas antes de que mi hijo naciera experimenté esa sensación en mi vida, el entre. Yo ya había sido padre antes de serlo realmente. Vi una flor de loto flotando en la bañera (la flor era de plástico blanco) durante un baño que no me di. La sensación era esta: mi hijo ya había nacido y lo mecía en mis brazos mientras su madre quemaba un incienso cuyo olor le desagradaba. Esa experiencia se sitúa en el entre. Los sueños, los libros, los poemas constituyen experiencias. Según Pablo, el escritor “las genera”. La idea es que el lenguaje, como escritura, es una extensión del pensamiento y todo lo que pensamos o imaginamos lo experimentamos. El espacio que hay entre la experiencia personal y la escritura del poema (la novela o el ensayo…) es insalvable, por lo que da lo mismo que esa experiencia haya sido vivida o haya sido imaginada para vivirla.

“La idea es que el lenguaje no nos pertenece y la poesía nos pertenece en unos periodos relativamente breves de tiempo. El lenguaje no es nuestro y lo que sale fuera tampoco lo es. Tampoco tengo tan claro que sea uno mismo quien escribe el poema. El concepto de autoría está completamente sobrevalorado. Si tú partes de la hipótesis de que el concepto de autoría y de sujeto son conceptos líquidos: firmamos los libros porque comercialmente hay que ponerles un nombre debajo. Los escritores trabajamos un material que no nos pertenece y cuando el libro se publica tampoco nos pertenece. El libro es de quien lo lee, no de quien lo escribe”.

Ángelo Néstore reflexiona sobre la paternidad en Actos impuros desde un punto de vista complicado, la paternidad frustrada. Ángelo explora literariamente la paternidad sin haber sido padre y de alguna manera sentimos que Ángelo ha sido padre y madre, que lo ha experimentado en Actos impuros. Fue padre a través de la obra. Algo que enlaza con la performatividad de la paternidad.

“Que no te quepa duda: Ángelo lo experimentó. Tú puedes empatizar: puedes sentir como otro. No tengo que ser algo para asumir ese discurso. Pero el escritor va más allá del discurso teatral: genera esas realidades, esas emociones, esas experiencias. Por eso yo puedo asumir en mi último libro la vida de una actriz porno, su discurso y su experiencia. Y eso no significa que me apropie ni de su discurso ni de su experiencia”.

Su primer hijo coincide con la publicación de Dinero. No es casual que el momento de la escritura de un libro que trata sobre las relaciones sociales sea el momento en el que se tiene un hijo.

“Me fui a vivir a Sevilla Este. Vivía solo. Mi mujer es profesora y estaba en ese momento destinada en Almería. Me vino bien. No tenía internet. Estuve prácticamente solo de 2004 a 2007. Dinero se escribe durante el embarazo. El dinero es un trasunto. Digamos que es un libro muy religioso. Es un libro sobre religión. Sobre el miedo. Sobre todo sobre el miedo”.

No parece casual, decía antes, que cuando escribe sobre esta relación social tan especial y tenebrosa sea el momento escogido para ser padre.

“Mi paternidad comienza en Dinero pero es en García en donde realmente la desarrollo poéticamente. Tiene que ver con ese momento personal en el que eres padre y eres hijo a la vez. Empiezas a entender cosas de tus padres a partir de que tienes hijos. Y entonces se producen unas relaciones diabólicas entre tú mismo y tu padre, no sabes realmente quién eres. Yo soy tú padre. Yo soy mi padre”.

El poemario se abre con dos pesadillas, la del padre y la del hijo. Ambas tienen que ver con el cuidado; apuntan en la misma dirección, el miedo. La del padre se refiere al hijo. La del hijo se refiere a la ausencia del padre.

“La relación es dual. Sublimamos el tema del padre porque tiene más discursos, dice más cosas, hay más relato pero el miedo del hijo es muy difícil de contar”.

Hay una división de la identidad entre lo que tú eres y lo que fuiste, lo que tú haces y lo que has visto hacer no solo a tu padre sino a tus abuelos, a todas las figuras paternas, y maternas también, una escisión de todos los que cuidan. Decía Gonzalo Torné en “Un caso de paternidad” que un padre tenía una especie de “sentido de peligro”.

“El sentido de peligro es el que crea las pesadillas. El padre teme por su hijo. El hijo teme que si mi padre no está, yo tengo miedo. Una vez nos pasó: estábamos en la Alameda de Sevilla comiendo y mi hijo se perdió. Fue el cuarto de hora más largo de mi vida. Aunque mi hijo tenga cincuenta y yo tenga ochenta voy a seguir sintiendo responsabilidad sobre él. Digamos que voy a seguir sintiendo una misión. Cuando tienes un hijo ya sabes qué misión tienes en la vida. Hasta ese momento tú crees qué sentido tiene tu vida pero cuando tienes un hijo ya lo sabes. Pero la relación es dual. Mira: mi sobrina se ha quedado con nosotros (estamos en mi casa mis padres, mi mujer, mi niños y mis hermanos que vendrán hoy) y ayer mi sobrina se pasó toda la tarde llorando (y sabe que su padre va a venir, que vendrá hoy. Yo le preguntaba ‘¿y qué te pasa?’ Y ella respondía: ‘No, es que tengo ganas de llorar’. Y mi madre, siendo abuela, no siendo madre, no permite que ninguno de nosotros asumamos ninguna responsabilidad porque vaya a ser que le pase algo y se la han dejado a ella. Mi madre está jugando a ser madre por segunda vez. Esta sensación de ser algo tuyo pero que no te pertenece”.

Pero el miedo llega también del otro lado, cuando el orden correcto se rompe, cuando comienza la diferencia. Porque García al igual que Dinero, se estructura alrededor del miedo: cuando tu hijo se diferencia de los demás, habla más tarde, corre menos o corre demasiado, cuando ya no hace pipí al mismo tiempo que los otros, comienza otro miedo.

“El camino de la paternidad es muy cerrado. Vas al Mother Care o al Ikea y todo está muy organizado. El niño irá a la guardería… todos hacen el mismo camino. Si yo ahora fuera al cuarto en donde duerme tu hijo tendría las mismas cosas que hay en el cuarto de al lado. Es un mundo muy homogéneo. Todos nuestros amigos tienen hijos que se parecen pero no es hasta que esas similitudes fallan que comienzan los problemas y el miedo. Cuando todo funciona bien, es automático (todo el mundo es hijo de alguien) pero cuando hay una quiebra te replanteas la figura de ser padre”.

En realidad toda paternidad es una quiebra en el orden del capital, porque toda paternidad y todo nacimiento es una anomalía política en el orden constituido. Ser padre es una decisión política en un mundo en el que todas las decisiones están siendo delegadas. Pero, ¿cómo se construye la paternidad? En El nudo materno (lo leí cuando Eva estaba embarazada, en la sala de dilatación, mientras Eva tenía las primeras contracciones yo le leía en voz alta las últimas páginas) Lazarre dice algo que me impresionó muchísimo. Lazarre dice que mientras la maternidad tiene una especie de origen biológico, la paternidad se construye alrededor de los cuidados del hijo, es decir, que tiene un origen performativo. Por supuesto, aquí habría que entender el discurso biológico como un discurso cultural en sí mismo; como dice Rodrigo García Marina en su curiouscat.me: “la interpretación científica de la realidad es terreno disputable de lo político”. En ese sentido, según Lazarre la maternidad se experimenta desde ese discurso propiamente biológico y la paternidad se construye performativamente con los cuidados que el padre atiende del hijo. Solo se es padre si se cuida del hijo. Como dice Ismael Ramos en Fuegos un padre se construye dentro del hijo, sobre los cuidados.

“La paternidad es una cosa que dura poco. Mientras que la madre tradicionalmente ha sido una cosa telúrica, totémica. Una madre es madre todo el tiempo. El padre es padre cuando el niño tiene que relacionarse con el mundo. Desde mi experiencia personal, mi padre sigue siendo mi padre, pero al casarme y tener hijos sus consejos, aún siendo consejos de padre, son más de igual a igual”.

Pablo tiene la teoría de que los padres de hoy no queremos más a nuestros hijos sino que somos padres más dolientes, padres que participamos más de la vida de nuestros hijos.

“La paternidad ha sido escasamente explorada. Si sobre maternidad faltan libros, sobre paternidad existe directamente un vacío. Y cuesta desgajarlo de otros sentimientos digamos masculinos como la vanidad, la virilidad, la notoriedad, la masculinidad… La paternidad está llena de paternidades o de postmaternidades o micromaternidades. Y es muy difícil desligar lo está pasando con la paternidad”.

Escuchaba hablar a Pablo y leía poco después el libro de Badinter que Victor Mora Gaspar me recomendaba vía Twitter, XY La identidad masculina, una mujer nos explica lo que somos los hombres y los hombres asentimos.

“El hombre tendría que asumir esa parte de la feminidad que tiene que ver con la maternidad. Los hombres tendríamos que ocupar los espacios suplantables de las madres. Primero habría que saber cuál es el lugar de la madre, el lugar no suplantable, para saber luego cuál es el lugar del padre. El lugar que te corresponde como padre”.

Cuando llegaba a casa mi hijo estaba llorando porque tenía el pañal lleno y yo me había ausentado más de dos horas. Me sentí culpable de haberla dejado a ella sola con un bebé, un niño de 11 años y una adolescente de 17. Lo cambié escrupulosamente en el césped de una urbanización de las afueras. No fue premeditado pero la conversación transcurrió en las afueras. Concretamente en la zona suburbial de Punta Candor, Rota.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close

Síguenos