Homo Tenuis: Slenderman es tu Hiperhéroe

Un grupo de adolescentes en el cuarto de uno de ellos, con la luz apagada y pegados al ordenador solo pueden estar haciendo una cosa: jugando al Slenderman. Así pasé muchas tardes de verano esperando a que bajase el sol para salir a la calle. Con mis amigos, cerveza caliente, cortezas y un juego que nos tenía enganchados. Ajenos a Victor Urge, Payton Leutner, Anissa Weier, Morgan Geyser y a casi todo lo que no fuésemos nosotros mismos.

Con Homo Tenuis, Francisco Jota-Pérez nos pasea por la nada. Esa nada de entre la niebla de Stephen King, densa desde fuera y a través de la que ves demasiado claro una vez estás dentro. Insidious. Ese pasado de cristal que construyeron “nuestros padres” que ahora reposa en agua hirviendo y acabará explotando cuando se exponga al frío. Y es dentro de la niebla donde está la hiperstición, la evolución y Slenderman. Si en Radiografías de la melancolía y la nostalgia añorar el pasado era una forma de entender el presente y el -no- futuro de las personas, en Homo Tenuis el shock futuro que nos ata al Ahora explica esa misma forma de autodestrucción.

“El neologismo Hiperstición surge del choque entre el prefijo «hiper» […] y la palabra «superstición» […] y vendría a definirse como una superación de la superstición”

La Hiperstición, como alumna que supera a su maestra la superstición, se ha colado en nosotros. El mundo se ha vuelto hipersticioso. Estamos atrapados en el Ahora. Como un quiste, un punto negro, el fregadero de un piso de estudiantes. Un tiempo muerto en el que no te da tiempo a ir a mear, pero sí a por otra cerveza para no quedarte mirando los anuncios. Porque te sientes bastante inútil ya el resto de tu vida, mirando lo que pasa a tu alrededor como el que mira los anuncios. Este concepto nos lleva a la antifilosofía, a la búsqueda del horror en la ficción una vez que nos damos cuenta de que la realidad no existe como tal. Y entonces sobreanalizamos el arte, entendemos lo que quieren decir esas películas de terror -en su mayoría pésimas-. Nos vemos entre las sombras que se alargan en Carcosa.

Respiramos hiperstición, como ese aire viciado si te dejas el gas encendido. Es el hipo que puede que se vaya al beber agua boca-abajo o no. Es que lo más revolucionario que podemos hacer el 28 de abril sea votar al PSOE. Es confiar en la Homeopatía. Pedirle un autógrafo a Cristiano Ronaldo en la puerta de los juzgados en los que acaba de declarar por estafar millones a Hacienda.

“La naturaleza humana radica no en ser un animal racional, sino en que el Homo Sapiens Sapiens es un cíborg desde su surgimiento; un híbrido organismo-máquina que nunca ha dejado de actualizarse”

Del nómada al sedentario hasta convertirnos en usuarios de Internet. Francisco no explica esta carrera haciendo equilibrio por la línea del tiempo hasta el momento en el que el término shock futuro, de Alvin Toffler, es una patología innegable. Nos actualizamos con más frecuencia que un Iphone y modificamos nuestro entorno con Publicidad, comercios abiertos los domingos, Tinder, dinero en los móviles, “los cuerpos de los no-vivos organizados de forma urbanística”. Bienvenidos al Capitaloceno. Cambiando el “al salvaguardar los comienzos, el final puede ser alcanzado y el presente puede ser transcendido” de Donna Haraway por el hipercaos, el “Aquí y Ahora hay Dragones”.

Y en mitad de este nirvana negativo solamente queda agarrarse a un Objeto Hipersticioso: Slenderman. Slenderman es Jack el Destripador, Freddy, Babadook, Nosferatu, la muerte, Bathseba. El Hombre Esbelto, como salido de un cuento de los Hermanos Grimm, aparece en el inconsciente y se convierte el superhéroe que la humanidad mendiga. Un Hiperhéroe. Slenderman es Dios y Victor Urge, Jesucristo. Pero convertir en un Dios a algo -incluso a alguien- es vivir dentro de la boca de Saturno. Dentro no se ve nada, como en la Colonia de Platón.

“¿Acaso el Supervisor del Hombre no es más que una invención del Hombre?”

PD: Voy a volver a jugar al Bioshock por tu culpa, Francisco.

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