Echo de menos

Rosicky top

Sé que París ha sido una de las ciudades más influyentes para la cultura y aún así me dejó bastante frío cuando estuve allí. Me gustó pero tiene mejores versos que paisajes. Podría citar de memoria más de veinte intelectuales reconocidos que ayudaron a construir el encanto parisino y seguiría dejándome frío. Podría haber estado en Móstoles y me habría parecido París porque me importaba la compañía. Y si hubiera ido a Móstoles con quien fui a París, hubiera sido nuestra Ciudad de la luz. Y todo por sólo 20 euros si eres menor de 25 años, Carmena.

Para conocer un lugar no basta con leer sobre él, hay que vivirlo. Y para conocer un lugar no basta con ir de vacaciones unos días, hay que vivir en él. Desgastar suela en los adoquines. Y aún así, la memoria siempre me juega malas pasadas y solo me acuerdo de un recuerdo; no de la experiencia. Me acuerdo de mí recordando algo. La experiencia es poco más que un souvenir.

El fotógrafo está horas para sacar la instantánea de un paisaje, ¿qué te hace pensar que lo que lo que ves en su foto no es más que una idealización?

Conozco a muchas personas que han tenido una vida increíble. Mi vida no es así. Salí del pueblo con 18 años camino a Alicante y entendí que mi pueblo se me quedaba pequeño. Años después, me mudé a Madrid y entendí que Alicante no podía aportarme lo que yo necesitaba. Cuando vuelvo al pueblo, lo hago sabiendo que he cumplido mis metas. Últimamente me ha dado por pensar que no conozco a nadie que me diga que su pueblo o ciudad se le queda grande. Nadie que crea que la ciudad ofrece más ofertas de las que él puede llegar a consumir a lo largo de su vida.

Un profesor de la Universidad me dijo una vez que desconfiara de las personas que destacaran a un grupo de personas si se colocan ellos mismos dentro de los destacados. El síndrome de Platón; el síndrome de Xavi. El síndrome de los inmaduros y bocazas, algo independiente del lugar donde naces. El síndrome de la caída eterna y de que el mundo lo salvarán unos pocos elegidos. Pero con lo que no contaban es con que hay infinidad de universos y más de un Spider-Man por cada uno de ellos. Quizás hasta Peter Parker tiende a sobrevalorarse.

Sé que lo importante es el camino pero estoy perdiendo muchas cosas en cada hostal en el que paro a descansar. Al final, cuando llegue a la meta, lo haré desnudo y sin nadie que pueda corroborarlo.

Mi padre me contó una vez que hay un tipo de gente a la que tengo que aprender a ignorar: esa gente que odia La Quinta Avenida desde la barra del bar. Donde se ponga el decadente neón y los cacahuetes de un bar de pueblo que se quiten los Rooftops y los margaritas de Manhattan. Aunque no sepan como huelen los Rooftops ni a qué saben los margaritas de Manhattan. Lo único que importa es tener claro el recuerdo y proyectarlo con seguridad.

Quien me conoce sabe de mi inseguridad y de mi eterna contradicción: me da miedo salir de la zona de confort pero soy adicto a la ansiedad de lo desconocido. A ese momento en el que pisas el suelo con cuidado porque solo vislumbras la silueta de las Reebok. Ese silencio de un segundo que dura horas. Cuando el sonido de tus latidos eclipsa lo que ocurre fuera de tu cuerpo. Pagaría porque esa sensación durara para siempre. Un milisegundo en bucle hasta la eternidad. Seguramente moriría pronto porque no hay quién lo aguante. Pero moriría feliz.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close

Síguenos