Las dos veces que he estado en París me he quedado sin subir a Notre Dame. Pensamos, irremediablemente, que algunas cosas no van a desaparecer jamás. Creíamos que Notre Dame siempre iba a estar ahí tal y como la conocíamos. Quería ver de cerca a esas gárgolas.
Mientras arde Notre Dame me pregunto qué es lo que nos lleva a emocionarnos y a padecer por una catedral. Cualquier catedral es cultura y un templo pero, claro, no era una simple catedral. Era un tesoro cultural, histórico, religioso y simbólico. Patrimonio de la Humanidad y, de alguna manera, nos tocaba a todos. Sin embargo, sigo pensando que la pregunta es pertinente: ¿Qué es lo que nos destroza de la caída de Notre Dame además de lo obvio?
Hay sucesos para los que no estamos preparados. Notre Dame era y es cultura, y la cultura precisamente sirve para entender mejor el mundo y para calmar nuestra sed de respuestas. No podemos quedarnos sin esas mínimas respuestas. O, como poco, sin esa representación de nuestras dudas. Cuando alguien a quien queremos se nos va, algo se nos encoje. Pero incluso en la pérdida más grave y esperable hay un razonamiento innegable que más pronto que tarde aflora: todos nos tenemos que marchar. Nada sucede que vaya contra los límites de nuestra lógica y nuestras reglas.
Sorprendentemente, creo que asimilamos peor la caída de un icono cultural. El arte es una representación o una manera de contarnos el mundo, y si lo llevamos al esplendor de Notre Dame, su fuerza narrativa ya es gigantesca. No podemos comprender que lo que surge para aliviar nuestro dolor caiga, pasto del fuego, como si fuera un humano mortal como nosotros. Notre Dame no puede ser finito, no puede ser mortal.
Que alcemos catedrales góticas con vidrieras y gárgolas para representar nuestra fe, miedos, inquietudes y fantasías y que lloremos por su pérdida es la prueba de que la vida no basta. Necesitamos el arte. El incendio de Notre Drame es una tragedia de la que podemos extraer una reflexión: en un mundo en el que todo se compra y se vende, todavía queda un pequeño espacio para lo irracional, para lo que tiene que ver con el intento del ser humano por ser creador y por el dolor cuando la belleza se termina. Sí, sobre todo por la belleza de un monstruo. De una gárgola.
(Alicante, 1994), es productor y guionista de ‘Un tema Al Día’ en elDiario.es. Periodista, se especializó en audio en el Máster de RNE por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en ‘No es un día cualquiera’ o ‘De pe a pa’ de Radio Nacional de España y en la productora Osmos Global. Escribe relatos y artículos en Poscultura.


