Donde nos lleve Ed van der Elsken

A lo largo de los años París se ha convertido en algo así como la cafetera del arte. Desde los años 20, los creadores han entrado en su depósito, se han alimentado del calor de sus llamas y han bullido hasta dar a luz a su verdadero yo. Listos para servir a la gente, despertarla y darle lo que sea que necesiten para que su día tenga algo de sentido. Ed van der Elsken (Ámsterdam, 1925 – Edam, 1990) forma parte de esa sustancia metamorfoseada que dio lugar a un mapa de la sociedad francesa en sus zonas más bohemias y decadentes.

La Fundación Mapfre acogió la exposición de su viaje a través del mundo y yo me voy a detener en París, ciudad en la que la rompió sus lazos con lo mecánico y comenzó a capturar, a modo de fotografía subjetiva, el existencialismo.

Vali Myers, el origen del cambio

La parte de la exposición dedicada al descubrimiento de su propio estilo se centra en su encuentro con Vali Myers. Esa noche junto a ella y sus amigos en un club parisino llevó a Elsken a buscar su lado más personal, que posteriormente dió lugar a Una historia de amor en Saint-Germain-des-Prés (Een liefdesgeschiedenis in Saint Germain des Prés) en 1956.

Vali Myers, de origen australiano, viajó hasta Francia para estudiar danza y encontró su mundo en la ilustración y la pintura. Además de hacer de guía al fotógrafo en su cambio de mentalidad, posó para él en varias fotografías. Una de las que más caracteriza el aura de onanismo, juventud y despreocupación que buscaba captar Van der Elsken con su trabajo fue “Vali Myers frente al espejo”, capturada en 1953.

Igual que Henry Miller en los años 30 se sumergió en este mundo en blanco y negro en el que vivió su época más prolífica, el holandés paralizó Saint-Germain con sus fotografías mostrando no solamente la historia de lo que capturaba, si no la suya propia. Es inevitable generar una unión entre la obra del fotógrafo y la del escritor americano. La presencia de una mujer que destruye su concepción de todo y enciende el fuego que provoca la transformación a su verdadero yo es el principal motivo de ello.

Esta metamorfosis es la que da lugar a una forma de crear cargada tanto de oscuridad como de realismo. El principal motor de vida de la sociedad bohemia francesa en zonas de clase baja. Si Miller lo expresaba con una mezcla entre lo poético y lo crudo, Ed Van der Elsken lo conseguía con su estilo directo y emocional.

A pesar de su drástico giro, su trabajo previo en la agencia Magnum seguía siendo notable, ya que sus imágenes se califican como fotografía subjetiva, una corriente alemana que oscila entre el fotoperiodismo y la fotografía academicista. Esto se entiende fácilmente al ver sus trabajos, basados en una estética que imita el modelo pictórico. A esto se le añade su personalidad crítica que mezcla lo abstracto con la libertad creativa. Dicha libertad le llevó a ganarse el calificativo de “l’enfant terrible”. Apodo que evoca directamente al director de cine Françous Truffaut, al que llamaron así por sus obras. Esto refuerza más la idea de que el arte en Francia forma parte de la piel de las personas que viven ella.

El underground dentro del mainstream

A pesar de contar con 30 libros publicados sobre su visión del mundo, el fotógrafo de Ámsterdam no pertenece a la cultura mainstream. El conocimiento -y reconocimiento- de su trabajo se centra en núcleos de especialistas en el campo y miembros del selecto club del frikismo ilustrado. Si bien la retrospectiva comisariada por Hrippsimé Visser, conservadora de fotografía del Stedelijk Museum de Ámsterdam es constantemente visitada, al asistir no presencias grandes colas. Como sí pasaría con el autor de la imagen del famoso El beso, Robert Doisneau.

Esto se puede entender fácilmente al ver sus fotografías, que buscan mostrar una naturalidad a través de la iluminación, las personas y sus vidas, pero siempre dentro de un marco ficticio que proporciona el hecho de encerrar el mundo en una imagen. Incluso podemos ver algunas de sus imágenes como un adelanto de lo que en 1995 crearía Mathieu Kassovitz con Le Haine. El artista era consciente de esto y jugaba con esa dualidad cautivando al espectador dando cierta luz a la parte más oscura de París, técnica mucho más notable en el libro Jazz, publicado en 1959, que muestra la adaptación al medio de Ed van der Elsken de forma perfecta. Haciendo bello lo decadente y grande lo diminuto a ojos de los demás.

Su gente

Todo este universo creado por él convierte a los conocedores de su obra en “su gente”, como llamaba a las personas a las que capturaba. Este amor hacia su obra permitía que fotografiara a los Yakuza en Japón o rodar películas con las que le otorgaron el Premio Nacional de Cinematografía en los Países Bajos en 1971.

Precisamente el cine es la técnica que eligió para despedirse del mundo. Entre los años 1989 y 1990 decidió mostrar un autoretrato en forma de película con el que mostró su yo más reflexivo sobre la muerte y, a la vez, el más satisfecho por el recorrido que siguió hasta su final. La escena de Bye en la que se muestra a sí mismo ante el espejo evocando a una de las primera fotografías de la exposición forman un círculo perfecto con el que dar por finalizado el recorrido.

“Enseñad al mundo lo que sois” Ed van der Elsken

 

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