Las madres no: Una cárcel tan grande como el mundo

El cordón umbilical es un miembro fantasma. Una madre no deja de serlo nunca y por eso este tira de ella constantemente, tanto que a veces las piernas fallan y la arrastra porque correr ya no es una opción. Mater dolorosa, mater lacrimosa.

“Y salí de allí libre. O tan libre como puede ser una madre”

Cuando una madre decide volver al trabajo todo el mundo le pregunta por su decisión, quién cuidará al niño, no lo vas a disfrutar, bla bla bla. En cada frase se escucha en voz baja un “eres una mala madre”. Nadie se plantea la posibilidad de que necesite trabajar para comer, que necesite sentirse útil o, un disparate todavía peor, que después de ser madre sigue siendo una persona.

La identidad de madre devora a todas las demás y si no estás preparada para ello es tu culpa. Pero, ¿quién cuida al bebé cuando la madre vuelve al trabajo? La abuela. La abuela, al fin y al cabo, una madre. Porque sigue siendo la madre de alguien y de eso no puedes pedir una excedencia tan fácilmente.

Katixa Agirre parece dialogar con José Ignacio Carnero a través de su libro. Si Ama te hace sentir egoísta por darte cuenta tarde de que una madre puede llegar a creerse inútil por ver a su hijo crecer y tomar el control de su vida, Las madres no te explica porque sufre por ti, contigo y por tu culpa. Eres el centro de su mundo sí o sí. Porque, a veces, las historias en las que entras entran también en ti y acabar de leerlas no hace que salgas de ahí de la misma forma en la que entraste.

“Estaba demasiado centrado en mí mismo como para darme cuenta de lo que le pasaba a mi madre. Fui egoísta, fui mezquino, fui un mal hijo. Me creí su mentira: que yo era más importante que ella”

Ama fue el libro que me hizo darme cuenta de lo mal hijo que soy. Las madres no fue el primer libro que me hizo darme cuenta de lo buen hijo de puedo llegar a ser. Porque si yo he tirado del cordón umbilical ella también puede hacerlo. Es más, debe hacerlo. Somos su responsabilidad hasta que podemos empezar a ser responsables, escucharlas, cuidarlas, entenderlas y hasta dejarlas en paz si es necesario. Ella se ha aburrido contigo mientras no sabías ni decir mamá, ahora te jodes y si quiere que vayas con ella a ver Padre no hay más que uno, pues lo haces. Porque viva el cine que haga sonreír a tu madre. Ser una mochila conlleva al deber de portar sin reproches.

Me di cuenta de esto el otro día, cuando mi madre me recordó que de pequeño la llamaba Cruela de Vil si no me dejaba hacer algo. Pensé que si echaba de menos a mi yo hijo, debía demostrarle que ahora soy algo más que eso. Que los recuerdos en los que una madre y un hijo son uno solamente se pueden mejorar si al separarse ambos saben qué hacer. Que todavía nos vemos.

“Así que esta es la verdad, y volveré a repetirla: es muy fácil matar niños”

Y todo comienza a ocurrir a cámara lenta. Alice y Richi son Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe en Anticristo, el Réquiem de Fauré es el Lascia ch’io pianga de Händel, la muerte es una liberación según para quién. Nunca para un niño. Porque si bien Bourgeois habla de la protección de una madre en su Maman, también habla de la asfixia de la sobreprotección, del desequilibrio y de la pérdida de la autonomía. Katixa parece dedicarle solamente un párrafo a la obra, pero realmente diserta sobre ella durante todo el libro.

Lo que nos cuenta Katixa es que una madre hace cualquier cosa por sus hijos, hasta convertirse en una madre sin hijos. No defiende, no justifica, no juzga, no castiga. Analiza la maternidad como derecho y no como deber, como opción y no como obligación. Sin poner al mismo nivel ambas cosas acabamos teniendo claro que nada justifica el infanticidio, pero tampoco la soledad, el miedo ni el aburrimiento al que se somete a una madre. Contextualiza para hacernos entender.

Me viene a la cabeza la entrevista a Pablo García Casado: “La paternidad es una cosa que dura poco. Mientras que la madre tradicionalmente ha sido una cosa telúrica, totémica. Una madre es madre todo el tiempo”. La exploración que está haciendo Juanjo sobre la partenidad se compagina con la que hace Katixa sobre la maternidad. Ambos hacen entender lo que deberíamos ser como padres para que las madres dejen de ser esclavas de su propia creación. Al despersonalizar a una mujer que tiene hijos llegas a despersonalizar a los hijos y acaban siendo los hechos en el juicio. Después del embarazo, la epidural, el corte en la vagina (o en la tripa), los cambios de pañales, las horas de teta, las checklist imposibles y la disociación entre madre/madrastra/mujer nada puede ser como antes.

Como hombre cishetero, nopadre y mal hijo (o proyecto de buen hijo) solamente puedo elucubrar, leer, escuchar y aprender. Por eso he entendido que ser madre es vivir en una cárcel tan grande como el mundo. Una cárcel tan antigua que nadie se atrave a cuestionar sus normas, hasta que llega gente que lo hace y, sorpresa, las madres tienen vida fuera de sus hijos. Y justo acabando de escribir esto me topo con el texto de Ana Requena: “Queremos fomentar la maternidad, pero no queremos madres libres”.

“Había cosas de las que no podía hablar, y precisamente por eso tenía que escribir sobre ellas. Aunque no estuviera bien”

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