Ejercicio práctico

Hijo mío, desconfía de todos y de todo.

Desconfía de los que dicen: “Eso no pasará”.

(Son unos gafes).

Desconfía de los que dicen: “Lo pasarás bien”.

(Son unos aguafiestas).

Desconfía también de los pesimistas.

Los pequeños milagros de la vida –los hay–

acontecen delante de sus narices

sin que sean capaces de reconocerlos.

Hijo mío –resumiendo– desconfía de todos

Y de todo. Desconfía

de los que dicen que no les importas.

(Les importas: aunque sea para hacerte daño).

De los que dicen que quieren ayudarte.

(En el fondo lo único que les interesa

es mantener su reputación.)

Sé que es difícil. Pero es la única manera

de seguir a flote.

Verás, hagamos un ejercicio práctico.

Empieza por desconfiar de este poema.

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