Responsabilidad Generacional Corporativa: Perder y perder

“Más gustoso del fútbol

más del Betis

aunque sepa que el Betis perderá este domingo y el domingo próximo”

Espero me permitan hablar de la manida pandemia, ya tan repetitiva en nuestras vidas que se nos pega a la suela del zapato al caminar, como un chicle mal tirado en la epidemia de las aceras. En el fondo no soy yo el que habla del virus. Lo hace Fernando Camacho, autor de Responsabilidad Generacional Corporativa (Sonámbulos Ediciones). Su libro respira crisis del coronavirus por los cuatro costados. O eso dice él, porque la alternativa es peor: la crisis de los 30. Los 30 pasan, la pandemia esperemos que también.

Digo que este primer poemario del autor sevillano habla del confinamiento porque expresa con pesimismo y sincero amor todo lo perdido. Cuando uno pierde, que por otro parte es el estado natural de las cosas, suele acabar por perder hasta aquello que le venía grande. Que le sobraba. La vida es lo que pasa entre derrota y derrota del Betis (o del Hércules). Necesitamos que las cosas salgan mal porque en eso consiste vivir, porque fracasar forma parte del marco esperado. Incluso eso hemos admitido. Lo que no podemos soportar es la habitación vacía, en la que ya no hay partido por jugar. Necesitamos algo tan banal como la derrota de nuestro equipo para ser conscientes de que el mundo sigue girando. Y, nosotros, con él.

Estos poemas hablan de algo más que de fútbol y de pandemia, de verdad. Recuperan el arte de llegar a lo universal desde lo cercano. El descubrimiento está a la vuelta de la esquina, no a doce horas de avión. Las grietas de tu pared o las grietas de la cara de tu abuelo tienen más verdad que los clásicos de la literatura. Son vasos comunicantes: como la lectura y la escritura, que Camacho confunde con verdaderas ganas y saña.

¿Mis grietas serán las de mi abuelo? ¿Las suyas son las mías? Estos poemas recogen muchas de las dificultades e inquietudes de la generacional millenial: falta de oportunidades, precariedad, pesimismo histórico o falta de perspectivas. Me reconozco en esos versos y me pregunto, una y otra vez: ¿se reconocería mi madre? ¿Y mi abuela? ¿Llorarán los que me sigan por lo mismo por lo que lo hago yo? ¿Mis angustias serán las suyas y escribiremos por siempre los mismos poemas para acabar con la desazón?

“Y a través de la radio

como los que se conocen de hace ya muchos años

de hace muchas tristezas

nos tendemos la mano”

Camacho me conquista porque en sus versos aparece la radio. Seguramente la radio permite que conozcamos mejor a los demás. La radio es una suerte de literatura porque te permite inventarte a los demás. Las voces, las músicas y las historias que se cuelan en tu casa a través de un transistor (o de una aplicación, es lo mismo) te obligan a creer en ellas. Te niegas a pensar que detrás hay seres humanos con imperfecciones: egos, falta de compañerismo, puñaladas, codazos y malas caras. Pero bueno, qué digo yo: ¿acaso habré visto algo de eso alguna vez?

Cuando me pongo digno, exclamo una y otra vez: “¡Pues lo de la pandemia tendrá que ser un esfuerzo temporal, porque si este estilo de vida viene para quedarse, me tiro por la ventana!”. Mi interlocutora me suele mirar con desdén, se ríe de mí y a otra cosa. Pero, a veces, lo pienso de verdad. Creo que vivir es una cosa muy seria como para hacerlo de cualquier manera.

La vida, parece ser, también es lo que pasa entre insulto e insulto que recibe un árbitro en un campo de fútbol. No sé tú, pero yo he llegado a pensar que jamás volvería al Rico Pérez. Por si no conoces ese lugar, te explico: allí, se juegan partidos de fútbol, pero casi es lo de menos. En ese lugar, que me conecta con la historia de mi familia y con mi ciudad (cada vez menos cosas hacen esto último) sirve de nexo para encontrarme con la gente que más quiero. Y mientras nos queden versos por leer, no pienso renunciar a ciertos rituales. Especialmente, porque son bastante indoloros. Espero, cruzo los dedos, y ojalá cuando tú leas esto ya se haya producido el reencuentro.

Si la vida es lo que pasa entre derrota y derrota del Hércules, qué poquito hemos vivido últimamente. Ya nos toca.

Barriga - Marcos Augusto Lladó

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