Chocar con algo: Voy a tocarte y no vamos a notarlo

Leer un poemario en el momento justo de una experiencia personal catastrófica, hace que todos los versos hablen de tu suceso. Si estás envuelta en una ruptura sentimental, la simple elección del poeta de escribir “cuchillo, te hablará de las palabras con las que os mirasteis para decir adiós, cosas como: “no te vayas pero huye, por favor, de estos bordes de maleza o para nutrirme debo hacerte sangre”.

Cuando Chocar con algo (Pre-textos, 2017) de Erika Martínez llegó a mis manos, yo estaba transitando un duelo corporal bastante secreto. Tenía la suerte de poder hablarlo con mi mejor amiga y mis padres, pero había algo que me atravesaba el vientre y que, en ese momento, sólo el libro de Erika pudo darle la forma verbal.

“Trajiste aquí tu cuerpo y, a escondidas, / lo que hay en ti más que tú. / Ya nada cabe”

No hacía falta saber, ni querer saber a qué se referían estos versos desde el mundo preciso y subjetivo de la autora, ellos ya me ponían la mano caliente sobre la herida. Hacían esa cura literaria, qué sé yo.

Erika, que es una escritora poderosa y que se sitúa desde un “multilugar para enunciarlo todo, que se siente portadora de un cuerpo (de mujer) que le configura: “Se podría afirmar: yo soy mi cuerpo (…) cortarte las uñas te modifica existencialmente”, corta con la materia de un cuerpo profundo y personal para darle así la forma histórica sin abandonar aquello que toda carne necesita para crecer: el eros, el desdoblamiento, el espejo. Recorre paisajes antiguos que le calientan la sangre, desnuca a los conejos como dice que hacía su madre y, desde ahí, expone un discurso que parece hueso fracturado, ¿quién se puede comer algo que le está mirando con el ojo abierto?

Chocar con algo rompe también con las formas geométricas infantiles que no son más que una imposición adulta. Con una belleza y crítica imponentes, analiza los círculos a los que hemos estado sometidas las mujeres: esa repetición de un solo movimiento frente a la línea recta que siguen los niños con el balón a la portería.

Pero no quería analizar racionalmente la voz lírica de Erika, tan solo darle la dimensión de unos brazos abiertos al todo. Ese don, que no es de la poesía, sino del que tiene ojo de poesía, hace que unas líneas como

“Estoy buscando una manera de tocarte,

algún lugar en ti que disimule

o no sienta ni transmita con el tacto

(mi dedo recorriendo tus cejas,

como un niño con neurosis

que no se sale de la raya,

o el cuarto creciente de tus uñas

y su lirismo fósil). Las células que fueron.

¿Has visto a esas mujeres clandestinas

que hay en la noche de los hospitales

tratando de sacarse leche con una máquina?

Miran fotos de bebés mientras la luz

atraviesa el aire estéril de las incubadoras.

Ahora quédate quiero, será como si nunca.

Voy a tocarte y no vamos a notarlo.”

hablen de un aborto voluntario, de un desamor, del deseo de ser madre, de una amistad que ya no vuela que ya no palpa, de un calor, de una nomadre (nulípara), que puede ser como hablar de una pluma mojada, en definitiva, que se hunde en la carne como cuchillo.

Barriga - Marcos Augusto Lladó

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