Una novela de ensueño

Era imposible olvidar el sueño que cambió su vida. En especial, lo recordaba cuando le daban algún premio o cuando concedía entrevistas en las promociones de sus libros. Aunque habían pasado más de veinticinco años, cada cierto tiempo venía a su mente aquella ensoñación. En ese sueño se encontraba con su ex novia. Había publicado una novela y, al parecer, había sido todo un éxito en ventas. Tras una parte de la conversación que estaba algo difuminada en su mente, ella le contaba el argumento de su libro de buena gana, mientras estaba rodeada por el brazo de su actual pareja, también triunfador.

Le pareció curioso porque su ex, al contrario que él, no se dedicaba a escribir. Se despertó un poco aturdido. Le pasaba cada vez que soñaba con ella y, por desgracia, era algo relativamente frecuente. A pesar de que hacía ya mucho tiempo que esa relación había terminado, en su retina quedaban retazos de unas vivencias que se manifestaban de forma aleatoria cuando los sueños tomaban el control. En ese momento no pensó que aquellas imágenes que se habían quedado flotando en su subconsciente serían tan importantes para su devenir.

Al despertar, las sensaciones fueron agridulces. Tuvo la tentación de llamarla para contárselo y, quién sabe, para relatarle también la idea que ella misma había tenido en su sueño. Era una novela fabulosa, que podía ser éxito en ventas tanto en el mundo de los dormidos como en el de los despiertos. Sin embargo, hacía mucho que no hablaban, y no quería que ella le tomara por loco.

Los años pasaron y él nunca se olvidó de aquel sueño. En parte, porque nunca llegó una mujer a su vida que se quedara mucho tiempo. No volvió a tener una relación estable. Se ganaba la vida como periodista de provincias y ganaba lo justo para llevar una vida sin muchos alardes. Escribió algún que otro relato que, a pesar de la buena crítica que había recibido entre sus allegados, no llegó a gustar al gran público. Mientras paseaba, una tarde de verano, volvió a recordar el argumento de la novela de su ex novia en aquel sueño. Era decididamente una genialidad, y se preguntaba cómo se le había podido ocurrir a ella y no a él. O, lo que es peor, a ella en un sueño que le pertenecía a él, para más regocijo. Cuando llegó a casa, se sentó, comenzó a escribir y a desarrollar la idea.

Poco más de dos meses después la novela estaba escrita y, con ciertas dudas correspondientes a lo que estaba haciendo, la envió a su editor. Esa misma noche le contestó por correo electrónico: “Este material es una maravilla, tenemos que hablar”. Quedaron a los pocos días y cerraron los plazos de edición y publicación. El resto para él es ya confuso: fueron los meses en los que su vida cambió. Pasó de ser un humilde redactor a ser el escritor revelación del año. Dejó de escribir crónicas políticas de lo que sucedía en el ayuntamiento de su ciudad para publicar una columna de opinión semanal. Era uno de los pocos afortunados que se podía ganar la vida, en su país, con la publicación de libros.

Ya en su madurez, muchos años después de su primer éxito, una voz le resultó familiar en una firma de libros. Cuando levantó la cabeza y vio a su novia de juventud, se apoderó de él tanto el miedo como la emoción. En el fondo, se alegraba mucho por el reencuentro, pero no sabía muy bien cómo actuar. Es curioso cómo dos cuerpos que, en una misma vida, han sabido entenderse a la perfección y hacer coreografías de premio, pasan progresivamente a un perfecto desequilibrio y una vergüenza gestual algo cómica. Ella le propuso tomar una cerveza al terminar la firma y él no pudo más que aceptar la invitación.

La conversación fluía, a pesar de todo. Siempre tuvieron química, y los conflictos habían quedado tan lejanos en el tiempo que parecía que les habían pasado a otras personas. Había algún que otro silencio, pero que siempre resolvía uno de los dos iniciando un tema de conversación. Él no podía dejar de pensar en aquel sueño y en esa novela que, inevitablemente, sentía que le había robado. Pero no se atrevía a contarlo. Sin embargo, llegado el momento, fue ella la que tomó la palabra.

-Tengo algo que decirte. Hace ya muchos años, no mucho después de que lo dejáramos, soñé contigo. En ese  sueño, tú me asegurabas que seguías enamorado de mí, y que así sería para siempre. Yo me lo tomé como algo sin importancia, pero aquel sueño no se me fue de la cabeza nunca. Con el tiempo, empecé a cogerle a la idea cierto gusto, y opté por apropiarme de ella. Decidí que seguías enamorado de mí, y en mi cabeza esto ha sido algo que ha tenido mucho sentido. No me ha impedido hacer mi vida. Me he casado, he tenido hijos, me he separado y tenido varias relaciones. Pero siempre, con el convencimiento de que tú no me habías olvidado.

Empezó a rascarse la oreja en un gesto nervioso del que él mismo fue consciente e intentó frenar. Hubo un silencio que, esta vez, sí fue incómodo. Pero ella siguió contando.

-Durante muchos años esto sólo fue, eso mismo, una idea. Pero hace unas semanas te escuché en la radio. Contabas que no te habías casado, ni tenido hijos. Que no te habías asentado nunca emocionalmente. Me sentí muy culpable. Pensé que yo había tenido que ver por creer que sólo me ibas a querer a mí. Le he dado muchas vueltas y quiero que se termine este bucle: no puedo avanzar si siento que te estoy frenando a ti. Así que he venido a hacer un pacto: mi amor a cambio de tus novelas. Te permito dejar de estar enamorado de mí. Pero quiero el cincuenta por ciento de tus ganancias. No quiero que te lo tomes como un chantaje, ni como un ataque personal. Puedes negarte y todo seguirá como hasta ahora. Yo te tengo mucho cariño y no te quiero perjudicar. Tan solo pienso que no es fácil renunciar a algo así: al fin y al cabo, te estoy devolviendo tu capacidad de amar. ¿Qué me dices?

Aceptó, cómo no, el trato. Y dado que tienen una sociedad económica, han decidido formalizarla: se han casado. Al fin y al cabo, no es algo tan diferente a lo que hacen muchas parejas de hoy en día, ya que una parte siente algo y la otra vive cómodamente. El destino había puesto las cosas en su sitio. Por fin, ella presentaba factura por su novela, aunque nunca fuera a ser consciente de ello. Y él se cobraba una vida de enamoramiento inútil. Tirado a la basura. Es justo que ella pueda vivir de la idea de su novela y es justo que él pueda vivir con la única mujer a la que verdaderamente ha querido. Aunque, en el fondo, ambas ideas pertenezcan al contrario.

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