Tengo miedo de que esta reseña acabe siendo más larga que el propio libro. De mis obsesiones. En lo mudable suma 136 páginas y mide 15 cm de alto y 11 cm de ancho. Parece absurdo aportar tantos datos sobre algo tan poco relevante, pero esta colección de Hooligans Ilustrados es ideal para un provinciano al que montar en metro -después de un año y medio viviendo en Madrid- le parece como entrar en la Underground de Kusturika. Gracias Libros del K.O.. Caben en el bolsillo del chaquetón, lo que les convierte en libros perfectos para esos sitios.
La vida, como el fútbol, son rachas buenas, malas, normales. Esta racha mía que todavía no tengo muy claro cual es, me conduce a los mismos libros, las mismas películas y los mismo discos desde hace un tiempo. Por eso escribo una reseña de este libro ahora. Porque vuelvo, leo, releo, escribo y reescribo hasta que sale algo decente. Hasta que veo el momento de poner fin a la racha aunque sea con un 1-0 en el minuto 90 y en fuera de juego.
Antonio Agredano empieza -obviando su presentación, en la que dice que usa OUTLOOK- hablando de las ciudades. Las que crecen colonizando pueblos, campo y otras ciudades; y las que crecen hacia dentro y acaban implosionando. En ambas descripciones vi a Alicante, que crece entre recalificaciones mientras los barrios que la forman se estancan formando microciudades. Barrios que cada día basan su evolución en ser “ghettos de pijos y botellones de chalet”. La nostalgia con sabor a cerveza, olor a estanque y camellos en moto con la que escribe sobre Córdoba es la de alguien para el que “mudable” es una forma de seguir, de entender el cambio como avance. Idea que me extraña digerir sin retortijones siendo un nostálgico de los que se empeña en añorar hasta las épocas que nunca ha vivido. Y ahí es cuando empieza este libro. Cuando esa fluctuación de seres se traslada al amor y coloniza el relato entre pequeñas -pero imprescindibles- aldeas de datos, ascensos, descensos y goles. Fútbol. Así acaba “Córdoba 1954”, un primer capítulo que es esa cerveza que te tomas después del partido de Fútbol 7 de la liga del barrio. Un trago y se acaba la lata. Pide otra.
“A todas las mujeres que me han amado en mayor o menor medida, durante mucho o poco tiempo, pero siempre de forma inesperada, salvaje y viva”
A partir de aquí empieza el Annie Hall de los Hooligans Ilustrados. Capítulos presididos por nombres de ex novias y fechas del nacimiento y la muerte de ese idilio. Un cementerio del romance, la devoción, el cariño, la intimidad, los viajes en bus, los bares de viejos, la seducción torpe, el apego, el entusiasmo, el gol en el descuento del descuento y el principio de algo que en este libro nunca va a poder morir.
Leyendo sobre Vicky, Azahara, María, Carmen, Kamila, Teresa y Eme te sorprendes a ti mismo. Yo me he sorprendido más pendiente de la vida del autor que del equipo. En sus anécdotas me he visto yendo al fútbol con mi padre las primeras veces. Esas tarde en las que cargábamos la bolsa de basura en el techo del coche de mi tío y ahí íbamos los cuatro: mi tío, mi prima, mi padre y yo dejándonos la bolsa encima del coche al aparcar cerca del Rico Pérez. Tardes que se hacían noches en el Fondo Sur con la manta, el termo de café y la leche en vasos pequeños de Anís Tenis. A mi padre le pasa lo contrario que al de Antonio pero por el mismo motivo: antes adoraba el fútbol y ahora lo odia, pero sigue yendo con mi abono al campo porque “me yo ya no estoy en esa casa y sé que me echa de menos más de lo que confiesa y ve el fútbol por escribirme al móvil y tenerme cerca”. También me he visto con esa camiseta del Madrid -en mi caso la del centenario- haciéndome fotos en la sesión de la comunión. Idea de mi padre. Y luego, poco a poco, mudando como una serpiente. Sintiéndome mal por vivir en lo mudable hasta ver que esa era mi verdadera piel, la blanquiazul.
Mudar de la educación concertada a la pública me llevó a conocer a profesores que enseñaban amando su trabajo, a hacer el “Erasmus local”, llamar al fijo, ver el ascenso a Segunda desde fuera, pero alegre. En esa expansión de tu Yo adolescente, planificando las citas con ella para poder ver los partidos. Y luego, la exaltación de la amistad en goles, con partidos que acababan en victoria, empate o derrota. Bajando al centro pareciendo más figurantes del videoclip de Bad que chavales con una excusa para salir midiendo las calles y llegar antes de que cierren el Marea. Y así es como lo que iba a ser una opinión sobre el libro acaba siendo una página de un diario.
“Tocaba escuchar lo que estaba sucediendo en el Rico Pérez. Allí el Cádiz se jugaba la vida ante un Hércules que no tenía nada en juego”
A raíz de ese penalti, Abraham Paz acabó fichando por el Hércules y ascendimos. Pero luego descendimos, casi subimos, nos salvamos de milagro, volvimos a Segunda B y perdimos contra el Cádiz dos eliminatorias que dolieron muchísimo. Eso es lo que nos une, un penalti contra el Cádiz que da igual lo alejado en el espacio tiempo que esté. También lo hacen Ariel Montenegro, Javi Flores -que llegó aquí siendo ya apatrida- y De las Cuevas. Qué bueno es. En lo mudable es Agredano delante de la cámara explicando que “todos necesitamos los huevos”. Me lo imagino en un plano medio, con la camiseta del Córdoba y diciendo eso de “¿conocen este chiste?…”.
El “no te pega que te guste el fútbol” es la historia de todos los imbéciles que no lo parecemos porque sabemos de otras cosas. Románticos adictos a la idea del amor que se enamoran constantemente. Yo sigo queriendo a todas las chicas con las que he estado, pero de forma diferente a la que lo estaba antes. De forma distinta a cada una. Sigo enamorado de mi equipo aunque ya casi no me guste el fútbol a fuerza de no poder ver los partidos. En lo mudable es la nostalgia de la que habla Manuel Vilas en Ordesa y Luna de Miguel en El arrecife de las sirenas. Alicante es el Manhattan de Allen y el Brooklyn de Miller. Es pensar en el pasado pero “anclado al futuro”, como un remix de The End hecho por los Tame Impala. Viejo pero nuevo. Back to the Future.
Cuando escribe Córdoba leo Alicante. Cuando habla de él me veo a mí. A veces pienso en escribir un libro que nunca escribiré hablando sobre las conexiones entre el fútbol y mi persona, pero sería plagiarle. Pero presidir el Hércules también desgraba, cuando deberían desgrabar esos “este año subimos” de gente que al final de temporada te dice “qué malos sois”. Porque yo tampoco puedo pensar en Cádiz sin acordarme del penalti y porque todas mis novias también han sido guapas. “Quiero que esta observación pase a la historia junto al resto de mi literatura”. Por esa escena de Manos a la obra en la que a Benito le jode que empate el Hércules en su propio campo. En fin, En lo mudable, un libro de amor, fútbol y amor al fútbol.
“Que ha aprendido a vivir lejos de su familia pero que echa de menos cada adoquín de una ciudad a la que desprecia en las distancias cortas”
Escritor, periodista cultural y librero en la librería 80 Mundos. Codirector de todo esto. He colaborado en medios como eldiario.es o Le Miau Noir. Formo parte de la antología Árboles Frutales (Editorial Dieciséis, 2021) y Odio la playa (Cántico) es mi primer libro.


