El día que casi fue becario de El hormiguero

Todo empezó con un SMS, aunque ya nadie utilice los SMS:

—Ha sido seleccionado. Acuda al Polígono *******, Avenida *******, número *1.

Lo que más ilusión me hizo de recibir ese mensaje es que Infojobs —¿o tal vez Linkedin? ¿O puede que fuese Adecco? ¿b4work? No lo sé, debería dejar de ceder mis datos con tanta facilidad—, por una vez, funcionó. Recibí respuesta. Podría hacer una entrevista de trabajo. Aunque no sabía para qué era la oferta fui a la dirección indicada nada más leerlo. Me planté allí tan rápido como pude. Luego me di cuenta de que no indicaban cuándo era la entrevista, así que tuve que esperar en la calle dos días. En absoluto fue algo negativo: hay que demostrar que estamos interesados. Que somos proactivos, por decirlo llanamente.

Cuando ya estábamos congregados unas quince personas cerca de la entrada del inmenso polígono en el que nos habían citado, las puertas empezaron a abrirse lentamente, mientras un humo denso salía de su interior. De la espesa nube apareció un hombre vestido entero de negro, con una capa en los hombros, antifaz, gorro de ala ancha.

—Hola, soy ******, el mago.

Este mago, que estaba claro que era Jandro, el calvo que hace trucos de magia estúpidos, nos condujo por las instalaciones, nos enseñó la sala de guionistas, nos mostró el laboratorio en el que estaban intentando desarrollar una medicina para curar El Buenismo de la izquierda. Aunque este hombre acabó siendo un poco pesado, debo reconocer que era muy amable y nos preguntó unas tres o cuatro veces si queríamos un vasito de agua. En todas decliné la oferta. Y menos mal, porque el único chico que aceptó acabó convulsionando y hablando un extraño idioma, lleno de fonemas palatales.

El final del recorrido era un plató decorado en una paleta de colores chillones. Dos hombres adultos estaban poniendo voces estridentes debajo de una mesa, hablaban del IPC. Apareció ***** *****.

—Hola, soy ***** *****, presentador de El Hormiguero, ¿sabéis qué programa es? Se emite de lunes a jueves en Antena 3, a las diez de la noche o así. Es entretenidillo, vienen famosos y le hacemos una entrevista. Intentamos que los invitados se lo pasen bien, les hacemos pruebas, experimentos, trucos de magia—Jandro asiente, saca una baraja del bolsillo, arquea las cejas en señal de pregunta—. No, querido, todavía no. ¿Will Smith? Es mi amigo. Una vez quedamos en Los Ángeles. El tío es súper cercano, me dio una vuelta en moto.

Hasta el momento las cosas habían sido raras, pero dentro de lo que se puede esperar de una situación así. He estado en sitios peores: entrevistas grupales, psicotécnicos, qué harías en una isla desierta con estas personas que acabas de conocer. Pero, cuando llegó este hombre, nos obligó a realizar una serie de pruebas para saber quién sería el seleccionado. Tuvimos que llevar huevos en una cuchara que sujetábamos con la boca, aguantar la respiración el máximo tiempo posible dentro de una bañera gigante. Cosas por el estilo.

Después de tres horas haciendo estos ejercicios, cansado de no entender qué estaba haciendo allí, me harté. No podía más.

— ¿Pero qué sentido tiene esto? ¿Cómo deciden con estas pruebas quién es contratado y quién no?

[Comentario homófobo eliminado]

—Pero, tío.

[Comentario racista y homófobo eliminado]

Silencio incómodo que ***** ***** aprovechó para hacer unas flexiones, soltar un par de comentarios machistas y mostrarnos que, aunque haya segmentos de la población que continúan avanzando, otros se estancaron hace mucho tiempo y no son conscientes de su privilegio y todavía aprovechan sus espacios de poder para perpetuar conductas repugnantes delante de millones de personas en lugar de utilizar su tiempo y su dinero en hacer este mundo, del que seguramente estemos viviendo sus últimos instantes, un poco mejor.

— Mira os lo voy a confesar [comentario eliminado por hacer apología del franquismo e insinuar que Vox es el único partido que puede salvar a España] y lo mejor es que ni siquiera os voy a contratar.

— ¿Pero entonces para qué hemos venido aquí?

—Para saber si alguno iba a ganar la tarjeta ******** de El Hormiguero, con un premio de 3.000 euros para el afortunado.

— ¿Y la ha ganado alguno?

— No.

— Pues vaya.

— Pues sí.

[Los sucesos y personajes retratados en este texto son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia. Menos Jandro. Jandro es un máquina]


1 Los nombres y direcciones serán omitidos por cuestiones legales.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close

Síguenos