“oh en la Ciudad Condal”
No hay un antes ni un después. Solo está Elizabeth Duval, lo que escribe, el ahora y cómo encierra eso en Excepción. Leemos la palabra fuego pero no podemos ver el estado material del mismo. Como entrar al Ballesta después de pasar por el Yayos, el Cocktail y La Vía Láctea. Solo existe eso porque fuera hay otra luz, otro sonido, otro olor, otro oxígeno y otra gente que no nos importan. No existe la persona que no escribió este libro ni los que vendrán.
Rodrigo García Marina introduce al lector en Excepción (Letraversal, 2020) con un prólogo que es una carta de amor a Elizabeth. Si alguna vez vuelvo a escribir una carta de amor a alguien se va a llamar PRÓLOGO. Me dijo que lo que hizo es una broma, un guiño al prólogo de Virginie Despentes en Un apartamento en Urano de Paul B. Preciado y eso si es amor de verdad. Pero ambos amores son de verdad.
“Llegas/bas a los sitios a través de la forma, esto es importante”
En el aeropuerto solo existe el hecho de estar ahí. En el vuelo solo se piensa en la posibilidad ínfima de morir por accidente. Nadie teme el infarto, el atragantamiento, el derrame o el desangramiento. Sería maravilloso vivir del aeropuerto al vuelo y volver a empezar. “Eterno movimiento” pero sin salir del ya. La existencia resumida en pasar el día en un centro comercial. Esa no consciencia del miedo. Porque Platón inventó el fuego y ahora creemos que existe como tal aunque sepamos que lo que verdaderamente está es la idea de. La única forma de -también creer que- apagarlo es parar el tiempo y estar en el hoy para siempre. En la “pausa contemplativa”.
Excepción es el instante en el que todo empieza y acaba. Un mapa que muestra barricadas, policías y el vacío entre ambos que deberían de ocupar los corbatas encargados de pulsar el botón para enviar a servus currens y ejecutores a la calle de este mundo de diseño panóptico como “dos ficciones que se deshacen y se hacen”, que diría Preciado.
“deja que te lleve en brazos a la ambulancia
acuéstate a mi vera, sabes que no estás sola”
La oportunidad de esa creencia viene de identificarlo como palabra y reconocerlo como instrumento para devolverlo de nuevo a su origen. A la poesía que
“fuera haciendo retroceder pum
pum ka pum ka
a las fuerzas
y cuerpos de seguridad ka
pum kaka pum
haciendo retroceder
las lecturas del mundo”
Convertir las ficciones en hechos y encontrar el fuego que tanto ansiamos para conseguir algo. Lo que sea.
Elizabeth me ha dado la razón haciendo ganar una discusión que tuve en octubre. Ese mes fue “el mes de los principios” por muchos motivos. Mientras en Barcelona se salía a la calle, se hablaba sobre la posibilidad de ir a manifestarse. Me recuerdo discutiendo de por qué ese movimiento era algo más: “me encantaría estar allí”, lo que derivó en una discusión sobre que “no hacemos nada/nada se hace/nada pasa nunca”. ¿Ves? Tenía razón. No hacemos nada. Ahora ya da igual, pero he ganado. Esta guerra es mía. Tengo la razón aún sabiendo que eso también me incluye a mí, que leo mucho, veo mucho y hablo mucho sabiendo que me autoengaño. Esa interpasividad me lleva a no tener que moverme porque siempre hay excusas para no hacerlo. Vivo en esa impostura sabiéndolo. En esa misma que vive Duval. Entre constantes vuelos, publicaciones de libros y contacto por redes sociales. Es casi idílico, vamos todos a no hacer nada para darnos cuenta de una de las pocas certezas que tengo en la vida. Dejadme ganar esta discusión de forma indiscutible. Pero, si no hacemos nada, ¿ahora qué hacemos?
“Yo qué sé; señor, suélteme el brazo”
Excepción es ese momento exacto que son todas las cosas que nos pasas y, aunque lo parecen, no son excepcionales. No hay guerra que librar cuando solo existen guerras como excusa para eludir la lucha. Solo hay amor, hábito. El fuego se crea, se extingue, se crea, se extingue. Y si “octubre es el mes de los principios, castigando” pues
“abril es el mes más cruel, criando
lirios de la tierra muerta”
o
“abril es el mes más cruel, hace brotar
lilas en tierra muerta”
Lo perenne naciendo de lo ya acabado, haciendo de un homenaje una réplica a la belleza primaveral. Lo que empieza con T.S. Eliot acaba (dialogando) con T.S. Eliot. El momento se acaba y llegarán otros que parecerán revueltas infinitas. El libro arderá en la estantería y llegará otro convirtiéndose en el nuevo libro que congela el tiempo. La esperanza es otra idea más creada para destruirse y volver a crearse (ardiendo, ardiendo, ardiendo). Las palabras seguirán siendo “la más limpia de las contingencias”. Todo es palabra y todo es contingencia, sin embargo, voici un livre à l’odeur de lacrymo.
Bienvenidas al apartamento de Elizabeth Duval.
“hagamos del lenguaje un arma para construir mentiras”
Escritor, periodista cultural y librero en la librería 80 Mundos. Codirector de todo esto. He colaborado en medios como eldiario.es o Le Miau Noir. Formo parte de la antología Árboles Frutales (Editorial Dieciséis, 2021) y Odio la playa (Cántico) es mi primer libro.



