“Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros”
Miguel Hernández, El niño yuntero
Los años treinta pueden definirse, entre otras muchas cosas, por ser una de las épocas en las que se comienza a reconocer el derecho de los niños a ser niños. Aunque también está marcada por hacerles mantener el deber de trabajar a pesar de ello por su condición de obrero frente a los privilegios de las clases altas.
Lo que cuentan los niños (Renacimiento, 2019) reúne una gran cantidad de información acerca de esta época con las entrevistas de Elena Fortún a menores trabajadores y a algunos acomodados. El título del suplemento que formaba parte de la revista Blanco y Negro ya deja ver esa dualidad entre ser niños pero no serlo a la vez. Si nos referimos a Gente Menuda, hablamos de un grupo de personas de pequeño tamaño, pero menuda también significa poco importante. Es decir, en estas entrevistas del conejo Roenueces se puede descifrar ese tono reivindicativo desde las palabras que encabezan sus páginas. Fortún continuó con esos ideales en la revista Crónica como cuenta María Jesús Fraga en el prólogo.
“¡Niños pobres! ¡Niños ricos! Los niños son todos iguales y no se puede admitir esta división desesperante”
Revista Crónica (16-08-1936)
Siendo sus lectores niños que sí gozaban de sus derechos, este mensaje tiene mucho más importancia si cabe. Desarrolló textos accesibles para ellos en los que rompe esa barrera social. De esta forma, metió en sus casas las historias de “amigos” a los que no conocen ni conocerán nunca. Un aprendiz de cajista, un monaguillo, un trompeta, un botones, un chófer, una modista, una castañera, un caramelero, un carpintero, un tabernero, dos traperos, un cartero y un motril cuentan su vida trabajando, estudiando (con suerte) y apoyando la economía familiar. Estos, frente al estudiante/astrónomo/inventor, el cocinero, “La pandilla” y la alpinista, forman una comparativa con la que la periodista consigue mostrar la situación del país en cuanto al trabajo infantil.
“Nos cuenta su vida y milagros. Su vida no es muy larga, pero si son muchos sus milagros”
Como cuenta Nuria Capdevilla-Argüelles en la introducción de Oculto Sendero, leer a Elena Fortún es descorrer la cortina. En sus textos descubrimos la desprotección infantil con entrevistas que se mueven entre la realidad y la ficción, pero siempre con la intención de generar ese sentimiento de empatía que sigue faltando muchas veces en el periodismo.
Entre los protagonistas de las entrevistas descubrimos a niños que no salen de su edificio porque Madrid es demasiado grande para ellos, que envían todo el dinero a su madre, que estudian y trabajan porque “todo está muy malo”, que huyen de perros salvajes o que se levantan a las 2 de la mañana para trabajar. Algunos de ellos no viven en Madrid, pero quieren ir para visitar una tienda e ir al cine, aunque les da miedo porque su aspecto no es el del resto de la gente que va a esos sitios. Otros quieren ir para trabajar en un almacén de vinos como sus hermanos mayores “que llevan corbata los domingos”.
“Mientras vosotros acabáis de levantaros, ellos llevan ya cuatro horas de rudo trabajo”
Las palabras de cada uno de los niños son directas. Verles tan concienciados de su deber me ha llevado a mis abuelos. Las historias que me contaron y las que no. De hecho, le hablaré del libro a mi abuela y le preguntaré cómo era su vida cuando vivía en la periferia de Madrid. Entiendo sus ansias por darlo todo para que no sintiéramos ni un 1% de esa presión de soportar el peso de una familia a la espalda con la edad en la que es tu familia la que debe subirte a hombros a ti.
La sensibilidad con la que Elena Fortún veía el mundo se une a la mirada crítica. Así consigue que los entrevistados consigan hablar de ellos mismos con confianza mostrándonos las carencias de su época. Imagino a un niño leyendo esto y preguntando a sus padres porqué hay gente como ellos que no puede ir al cine, al fútbol o a clase y se me escapa la sonrisa triste del orgullo de clase obrera.
“El mundo de los niños” nunca funciona como debe de hacerlo. Todavía existe cierta carencia de oferta escolar de la que habla José María Borrás Llop, aunque no a esos niveles. Siguen existiendo colegios con reformas pendientes y niños sin ayudas económicas para estudiar. Echar la vista atrás es necesario para ver lo que se ha mejorado, pero queda mucho por hacer.
Que vuelvan los suplementos infantiles, que vuelva Elena Fortún y que todos los niños puedan ponerse corbata para ir al cine los domingos.
“Yo me he acordado de todos mis amigos, tan guapos, tan golosones y bien cuidados… los que van al cine muchas veces y oyen la radio, y en el colegio, que tienen jardín y profesores sabios y amables, no se aburren nunca…”
Escritor, periodista cultural y librero en la librería 80 Mundos. Codirector de todo esto. He colaborado en medios como eldiario.es o Le Miau Noir. Formo parte de la antología Árboles Frutales (Editorial Dieciséis, 2021) y Odio la playa (Cántico) es mi primer libro.


