Sin Óscar, sin Houston, sin problemas

Houston, yo soy el problema (Espasa Poesía, 2016) es la explosión aceleracionista llevada al mercado editorial por Óscar García Sierra. El vómito resacoso de una generación instigada por las conformaciones sociales precarias donde se agotan las fuerzas de trabajo de los cuerpos poscapitalizados. Sobre Óscar diferentes episodios de ciberpoesía nos han dicho cosas (Los perros románticos, Tenían veinte años y estaban locos, twitter, etc): que es un chaval tímido, que le gusta tanto el baloncesto como el eme y que, sin proponérselo, ha sido el encargado de retratar las formas de relación generacional, al borde del éxtasis cibernético y la exposición pornográfica de la intención poética.

El yo poético se autodefine como problemático en un motivo de unidad “nostreadora” o auto-colectivamente-referida, es decir, en efecto si “yo soy el problema”, nosotros somos el problema de unas vidas que se producen en el límite de su poetización misma. Donde los enunciados de la ciberpoesía reunen en el espacio virtual (una forma de no-espacio) la aproximación social de los que desean acercar sus junturas descosidas (gracias al funknazismo cultural de las instituciones públicas y corporativas) a través de las palabras para compartir sus periféricas razones de estar en el mundo. Si la ciberpoesía fue una gran reunión no regulada por las leyes neoliberales de la edición, Houston, yo soy el problema forma parte del sistema expresivo demarcador de este tránsito hacia lo común.

Escribimos en común porque sentimos en común. Porque las razones por las cuales nuestras realidades son coartadas, arrobadas a la masturbación constante de la autopromo y al cerco de la soledad, la habitación aislada, son comunes.

“Mamá dice que estoy estropeando mi cuerpo.

yo le digo que yo no he tocado nada,

que ya estaba roto cuando ella me lo dio”

El corpus de la razón comunitaria fracasa porque los cuerpos no viven en coherencia con elementos de habitabilidad sino, al contrario, las necropolíticas condicionan que estos cuerpos parezcan ante sí rotos de antes, disfuncionales para el invento del trabajo. Frente a esto García Sierra instala un dispositivo celebrante de amor que se sitúa tras las celosías de la depresión, el consumo, la infantilización laboral como herramienta de esclavitud contemporánea. En este mirar hacia delante, codirigidos, la acción del poeta nos conduce performativamente en un asiento kamikaze donde los paisajes que se divisan desaparecen cada vez con mayor rapidez, disolviéndose tras de sí, haciendo que sea el amor profesado lo único necesariamente válido o suficientemente espléndido para permitir la literatura.

“por qué parte de tu cuerpo prefieres que comience a ignorarte?

crees que existe la vida destrozada por las drogas en otros planetas?”

“necesito que alguien cuide de mis plantas mientras yo estoy fuera.

necesito que alguien cuide de mi cuerpo mientras yo estoy

dentro”

“llevo todo el día llorando porque me arrepiento de no haberte

dicho

lo mucho que nos beneficiaba no dejarnos crecer como personas”

“tenemos que ponernos de acuerdo

por si nos preguntan

de qué estábamos colocados

cuando nos conocimos”

Pero en un mundo editorial acelerado, fulminante para con sus producciones, dónde está Houston, dónde Óscar, dónde el problema. Desaparecido de sí, por la necesidad de la producción masiva de elementos consumibles, el libro de la generación posconsumida que se subsume a la lógica del capital más atroz. Una que, como señala Bifo Berardi, no tiene ningún interés de conservar el espacio sino de luchar despóticamente por sus recursos. La voz generacional de García Sierra se convierte a su vez en la voz de los nadies, nadeados, donde la nada nadea. Intrascendentes, incapaces, gobernados por los feudalismos corporativos y la mítica hollywoodiense tan solo queda “chocapic y MDMA”, a la espera de la destrucción global y el borramiento de las voces; sin Óscar, sin Houston, sin problemas, se desvelan nuevas voces, novedades literarias, novísimos autores jóvenes. Pero se traduce que, tras las palabras del poeta, tras la jauría salvaje de los libros que se olvidan (las mismas editoriales los tiran a la basura cuando ya no responden a la curva exponencial de la viralización) y los cuerpos que se orillan superpuestos, tan sólo queda el gesto del amor: la generosidad de dar la mano.

Seno - Librería Luces

1 thought on “Sin Óscar, sin Houston, sin problemas

  1. es un libro hermoso del cual como amiga tuve el placer de leerlo por partes mientras lo iba escribiendo o a veces hasta me atrevo a decir era la primera en leerlo. tremendo tremendo tremendo gigantesco escritor que la prensa española arruino y lo hicieron meter de nuevo en el anonimato. lo van a reconocer dentro de 10 años como lo hacen con todo. empujen a que su generación se sienta comoda en su propia piel valoren a los jovenes con propósito. dejen de ir a.pxtas cafeterías a contar chismes y valoren cuando alguien escribe con honestidad cadencia y ternura

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