Poema último (que empieza a la manera de Jaime Gil)

En estas horas iniciales de la noche

cuando aún hay luz en la casa

temes el momento de acostarte

y recuerdas como la mediocridad de los hombres

frustró los proyectos más nobles.

Y esa misma mediocridad

te condenó al presidio, al exilio, a la soledad más ardiente,

al cariño más frío.

Recuerdas los trabajos baldíos, el cansancio apestoso

y su paga mísera

de papeles timbrados y manzanas podridas,

la roñosa cortesía de los verdugos, los sueños aplastados de raíz

por tu propio zapato.

Congraciarse con tu asesino

nunca fue un buen negocio.

¿Y qué vas a hacer?, te pregunta Jaime Gil

desde una televisión moderna.

¿Esperar que alguien desentierre tu historia?

“Tumba anónima de poeta desconocido”, de este siglo caduco

pero aún oficial, de un mundo triste

de verbenas baratas y risas borrachas

que no presienten el golpe, el galope del caballo, el susurro levísimo

del metal…

El salón guarda silencio.

Los muebles, tantas veces traviesos y cómplices, te han dado la espalda.

Todo lo tuyo es de otros. Tus palabras,

las pocas que te quedan, esconden su maleta bajo la cama.

Y qué vas a hacer, insiste Jaime

mientras los niños nadan en las aguas turbias del puerto.

Si no vas a hacer nada, mejor no digas nada.

Acuéstate y déjate llevar por tus fantasmas, por las pesadillas

que tú diseñaste hace años.

Las tenías bien guardadas

Para cuando llegara el momento.

Pues bien, el momento

ha llegado.

Acuéstate y cierra los ojos.

Sin vergüenza.

Nadie te mira.

Seno - Librería Luces

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