Misericordia: Es septiembre

“pareciera
              libre
                      la luz cautiva”

La misericordia no es lástima y eso hay que dejarlo claro desde ya. Misericordia es perdón, amabilidad y reconciliación. Recordar la cadena de la Divina que has vendido en el Compro Oro mirando la portada de Fátima Ronquillo y rezar sin creer. Es entrar por esa cicatriz
“que no nace
                de la ausencia”.

Misericordia es María Sotomayor hablando por y para ella misma. Escribiendo la certeza de no tener nada bajo control. Ella es ella, el resto es el resto y hay un abismo inhabitable entre ambos mundos marcado por las sábanas, sus arrugas y un aliento reconfortante. En ese rincón nada surge de la despreocupación sino del desbordamiento.

Misericordia (Letraversal, 2020) es el confinamiento previo al confinamiento. El que ya existía y se obviaba. A la vez, es parte de algo y serlo no es siempre algo bueno. Estar dentro no es estar segura. Sotomayor se siente “costilla de Adán” y así no es ella por completo. Cede su yo a un él sintiéndose encerrada en otro cuerpo dentro del suyo, dentro de la cama, dentro de un cuarto, dentro de una casa. Trabajando como parte de la maquinaria ajena. Por eso se encierra, aunque la soledad no es justa. El aislamiento es más castigo que salvación.

“esa idea solo viene por
                       las noches”

Viene como el insomnio. Leo Contes d’insomni de Silvia Ferrer y adapto cada ilustración a los poemas de Sotomayor. Dice que “El silenci també és mentida”, pero cuando la luz apagada nadie puede “escriure ni llegir ni alçar-se del llit sense anar a palp” y eso si, con suerte, conservamos las manos. Necesitamos esa luz si no dormimos.

Contes d'insomni, Silvia Ferrer
Contes d’insomni, Silvia Ferrer

Por eso escribe e ilustra Ferrer, por eso lo hace también Sotomayor. Y cuando escribe, aun diciendo nos, leemos me. La soledad se vuelve luz. Ella se vuelve luz. Es a María a quien le brillan los huesos. Y cuando “a oscuras mirarte no sirve de nada” lo ilumina cegando pájaros que se acercan, hundiendo el faro hasta el centro del pecho para hacer traslúcido todo el cuerpo. Cuanto más hondo más transparencia y la única forma de retenerlo es escribirlo. Ella es el faro mientras fuera todo es mar: barcos navegan por las calles, ballenas, peces, voces y vapor nacen del suelo llegando septiembre.

Es septiembre.

Otra vez y otra vez y otra vez la luz cambia, la playa se vacía y “los muros eran (son) los
                                                                                                                                        nuevos mares”.

La luz se refleja en las ventanas, paredes y muebles. Traspasa el cuerpo y te sientes en casa cuando abres los ojos para dejar de ser costilladeadán. No puedes tocar la luz porque es la luz la que busca acercarse. Indomable y natural. Es más fácil coger a una avispa sin que duela que tocar la luz o encontrar el equilibrio.

“El equilibrio es precario
la fragilidad un trauma
porque no existimos
porque nos hicimos sustancia
y no me muevo no respiro no me hincho
                                                                                 no me miro
pero tengo
paz.”

Pero si abres los ojos es cuando (donde) “hace luz y amor” y el “estás dentro de mí” introduce que Adán sea parte de algo y todopoderoso lo sabe. Sotomayor se convence de ello y escribe mirándose a los ojos para dejar de retener heridas. Escribe hacia fuera, después de que las primeras luces entren en casa las convierte en un resplandor que sale por la ventana. Lo dicho, siendo faro. Para que entrar y salir sean opción. Misericordia es un proceso: salir para volver a entrar, iluminarse para retener la luz e iluminar sin ser fuego. Sentir el frío.

“Cautiva         la luz
                                                 cautiva.”

¿Se puede iluminar teniendo los ojos negros?

[Aquí paro porque leo “la efímera belleza de las flores es la soledad de las manos” y no sé muy bien si seguir. Cuando sigo tengo la sensación de haber abierto una carta que no está a mi nombre sin querer y dice:

Me da vergüenza pensar en tener que dársela mirándole a los ojos y pedir perdón.]

Misericordia es el sol entrando por la persiana, es la lámpara, el faro y la luciérnaga. Sotomayor es un ser de luz que se cubre con una sábana pero aún así no deja de brillar. Puede que sirva para retener una herida y fingir que no se llora. Ambas son esa que “puede ser agradable todos los días”. Hasta en septiembre, cuando todo parece más real y no lo es. La arena sigue caliente y la playa al final no se ha vaciado de gente, basura ni carteles con prevenciones del Covid-19.

Ya no distinguimos qué es muro y qué es mar.

“De mi costumbre
solo puedo ofrecerte                    su profundidad
el espacio que ocupa en diferentes formas
                                                     una fresca mirada
llena de asombro                         una llamada de auxilio
sin colmillos.”

Seno - Librería Luces

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