Vivir de alquiler: Después del silencio

“Una casa es una casa, pero puede no ser una casa”

Definir un espacio conlleva ser consecuente con el sentido que le damos al mismo. Una casa deja de serlo cuando nada de lo que ocurre dentro te hace sentir en casa. Es muy difícil pensar que puedes recorrerla con los ojos cerrados sin tropezar por el pasillo, sin saber donde está todo.

¿Recuerdas cuando decía que en tu casa me sentía como en casa?

Markel Hernández Pérez convierte una casa en un escenario de teatro y el escenario en un plató de televisión. Hacer que vuelva a ser una casa forma parte de la historia de su protagonista, Juani. Pero cuando tu casa ya no es tuya y esa desposesión hace que dejemos de ser quienes somos solo quedan los recuerdos. Es decir, las mentiras.

“¿Cuánto dura un silencio?”

Vivir de alquiler (Algaida) es la historia de un silencio. Puede durar para siempre y eso a veces es mejor. Romperlo conlleva que el ruido sea incontrolable obligándote a volver a ese vacío. El problema llega cuando ese nuevo silencio no es como el anterior porque lleva consigo el fin. Un silencio breve y que, a la vez, ya no se puede romper. El silencio de las silenciadas, desprotegidas y a las que se les impone ser frágiles. De Juani y Sara como personificación de ignoradas.

De la cocina al salón está la nada. De los programas del corazón a las noticias hay una brecha. Donde la mujer se ve obligada a formar su propia casa dentro de una casa se instala una televisión que de sentido a la ausencia de contacto. Relegada a no considerarse más que un complemento más cuyo trabajo no es un trabajo porque si no te pagan por hacerlo no puede ser considerado como tal. La dependencia reducida a lo económico solo genera golpes. Se oyen golpes en la puerta, en la mesa, en la pared, en los cuerpos. Se reconocen en la televisión porque toda la vida se reduce a lo que pasa dentro de ella.

“Echo de menos el ruido de la casa. Ahora la casa está muy callada”

Markel difumina las voces de madre e hijo hasta que parecen una sola. Lo que parece un problema se reinterpreta como una forma de explicar lo que les une. Ella habla por él, para él y a pesar de él. Sergio es una prolongación de Juani. Ambos silencian al padre, que no está porque no quiere. Es pero no está. Llamémosle Jesús o el señor que vive sentado en el sofá y en la silla del bar. Ser marido no es un trabajo y eso se le da de maravilla.

Vivir de alquiler es más que el desahucio de una familia paralelo al desahucio de Franco. Es la forma de ver todo lo que sucede concentrado en el golpe. Es una obra de teatro con intención de ser un relato sin necesidad de representarse. Vivir de alquiler es España. El dinero. El dinero es una mierda.

“A Franco también se le acaba el alquiler”

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