La librería 80 Mundos es una ciudad

Esto es una cartita de amor al trabajo de los premiados y, en general, a toda la gente que ha cometido la locura de querer dedicarse a la cultura en Alicante. Las entregas de premios son todas iguales, aunque esta parecía el Underground de Kusturika por las cosas de la distancia social, las mascarillas y los mosquitos tigre haciéndonos movernos entre aspavientos.

Alicante es una ciudad desagradecida con todo el que intente darle algo. Es difícil sentirse valorado entre tantas obras y grandes empresas. La cultura en un territorio con barrios históricos, comercios históricos, edificios históricos y personajes históricos debería de ser tan importante como sus playas, su clima y, por supuesto, estar por encima de su capacidad para autodestruirse. Pero Alicante es especial. No especial, sino e s p e c i a l.

Se pueden contar con los dedos de la mano los espacios autogestionados que consiguen sobrevivir. El apoyo de las instituciones a la cultura es anecdótico. Y, precisamente, esos espacios son lo que realmente hacen de ciertos entornos algo de lo que hablar orgulloso cuando te preguntan qué hay en tu ciudad. Yo, como ser en contra del sentimiento de pertenencia, me sorprendo a mí mismo cuando hablo de sitios como la librería 80 Mundos con una sonrisa.

El Premio Librería Cultural a 80 Mundos me ha hecho acordarme de mi abuela. Ella nunca pisó una librería, ni era una lectora de libros. Pero la recuerdo paseándome por todo el barrio haciendo la compra. La carnicería, la pescadería, la panadería, la modista, el quiosco y la droguería eran los sitios que había que cuidar porque ellos te cuidaban a ti. Desde que volví a Alicante compro el pan en el mismo sitio, voy al mismo bar y me corto el pelo siempre en los mismos locales de mi barrio igual que voy a las mismas librerías y papelerías. Todo mi barrio y mi entorno hace lo mismo y ahora hay un mapa de seda con trazos invisibles que recorremos constantemente y cada día es más precioso.

He heredado una cantidad insana de libros que ordeno, limpio y abro constantemente. En la gran mayoría está 80 Mundos y la fecha de compra escrito en la primera página. Desde Fernando Linde la fundó en 1984, hasta Carmen Juan, Sara J. Trigueros, Ralph del Valle, Marina Vicente y Ferrán Riesgo cogiendo el relevo, han hecho de ella uno de los espacios de resistencia más importantes para los que vivimos aquí.

80 Mundos es un punto en ese mapa de seda y comparte peso con otras librerías que forman una parcela combativa que ha ganado importancia con esta crisis literaria perpetua. Es una ciudad dentro de esta ciudad. La librería combativa que ha conquistado un espacio público para recibir el Premio Librería Cultural.

El premio CEGAL es, como ya lo fue el Premi a la labor del Llibreters de la Comunidad Valenciana en 2004 (esperemos que muchos más), una muestra pública de lo que hacen por la cultura en una ciudad tan complicada. Desde su trabajo con editoriales independientes hasta la memoria histórica y las oportunidades a personas del gremio que buscan un sitio en el que disfrutar de su trabajo compartiéndolo con los demás.

La librería 80 Mundos y el reconocimiento que está recibiendo me han descubierto un sentimiento de pertenencia y una identidad que creía que nunca iba a tener. Me han hecho sentirme partedealgo y no sé si soy capaz de gestionarlo. No sé si voy a perdonarles que esté contento de vivir en un sitio que tiene cosas buenas de las que hablar.

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