El Hércules de Schrödinger

Si en Nietzsche era del Hércules hable de como el filósofo veía las verdades como ilusiones que olvidamos que lo son, ahora toca engañarse con la idea de que a lo mejor este año sí. Una ilusión es una “esperanza, con o sin fundamento real” y cada año esa mentira -o casi mentira- se convierte en el clavo ardiendo al que agarrarse. Siempre acabamos con las palmas de las manos sin piel y llorando nuestra mala suerte. Pero todo cambia, y entre Heracles y Heráclito solo hay una diferencia de tres letras.

Con cuatro jornadas disputadas, las cuatro ganadas, seis goles a favor y dos en contra y con lo delanteros metiendo algún gol es imposible no decir: herculanos ilusionaros. Ilusionaros porque jugamos discreto, pero sabemos que es la forma de ganar. Un bloque en defensa y correr la banda es el anticristo en esta pequeña gran dictadura del tiki-taka. Te odio Guardiola. No todos pueden -ni quieren- jugar así. Nos gusta el cancherismo.

Yo me permito, o mejor dicho me obligo, a ilusionarme. Porque llevo dos años oyendo derrotas en el minuto 90 por la radio, viendo partidos en streaming o incluso en directos de Instagram. Bajando los domingos por la tarde al chino a comprar cervezas frías para sufrir en mi habitación o paseando por Cuatro Caminos escuchando un drama tras otro. Celebrando goles del Mis Marcadores y descelebrándolos al minuto, cuando sale la notificación de “¡Corrección!”. Siguiendo el partido por el grupo de Whatsapp mientras tiro currículums y envío correos con la esperanza de que algún medio me deje sentarme en una de las sillas de su redacción. Por esa pregunta que me hace apretar los dientes: “¿Eres del Hércules y de que otro equipo?”.

Ahora que somos líderes tenemos la obligación de ilusionarnos. Porque esto puede acabar en un mes, puede quedar en una anécdota y estar en 2ªB ya es muy deprimente como para no sonreír por cualquier cosa. Si nos ilusionamos con un casi ascenso a primera, lo hicimos con un ascenso programado, con una salvación agónica y una de las camisetas más feas de la historia del club, con un playoff ridículo contra el Alcorcón, con dos playoff perdidos aguantando 20 horas de bus hasta Cádiz, con una dirección deportiva que a veces ficha viendo vídeos de YouTube, con Bruselas susurrando al oído “se acabó”, con tanto que a veces celebro goles del Atleti con mi compañero de piso.

Somos 4.000 locos, en el mejor de los casos, manchándonos el culo en el Rico Pérez. Porque el fútbol es asqueroso y maravilloso. Siempre sacando lo peor y lo mejor de nosotros. El fútbol a veces es como la vida, una mierda. Vamos a disfrutar los pocos momentos de tregua que nos da. No olvidemos que es una mierda, esto no es la sección autoayuda de la Fnac. Pero vamos a mirar la clasificación pensando que igual este año sí. Porque quiero salir en el FIFA, ganar ligas, Champions, Copas del Rey y rechazar a los grandes cuando me envíen un mensaje de que necesitan de mis servicios.

Seis años en el fútbol “no profesional” es demasiado. Cuando descendimos yo estaba en tercero de carrera, tenía una novia que tenía otro novio, vivía en Alicante en casa de mis padres y quería la camiseta de Tote. Ahora estoy en paro, escribo compulsivamente, esa novia tiene otro novio, yo vivo en Madrid compartiendo piso y los jugadores de mi equipo no tienen ni nombre en la camiseta.

Heracles puede haber cogido algo de Heráclito y aprender que todo cambia. Esa es nuestra ilusión y no seguir “atados a la razón”. Este año puede que ascendamos o no -el Hércules de Schrödinger-, pero hay que arriesgar e ilusionarse.

1 thought on “El Hércules de Schrödinger

  1. El primer partido que vi en directo, un Hércules Pontevedra en el campo de la Viña, no recuerdo el resultado, si el color de las camisetas de los equipos y el nombre de Pasarón. De este lance nació mi afición a la literatura, empecé por aprender todos los nombre de los campos de futbol cuyos nombres no quiero acordarme o sí.
    Bonita, muy linda su publicación señor Adri Fauro, felicidades. Recuerdos del gato: “que esta vivo y muerto”.

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