¿Cómo se plancha una bandera?

Es posible que uno de los grandes males de nuestra democracia sea que mucha gente vota con las tripas. Los hay que votan con las entrañas, llenando las papeletas de vísceras. También está el extremo opuesto: los que votan con una racionalidad tan concienzuda que terminan por pegarse un tiro en el pie. En ambos casos hace falta llenar las tripas con otra cosa que no sea la política. Por eso viene tan bien tener un equipo de fútbol.

A la izquierda le viene bien el fútbol porque así el pueblo se llena el estómago con otra cosa que no sea la nación. A la derecha tampoco le viene mal, no lo vamos a negar. Cada uno tiene su capacidad de almacenamiento. Hemos llegado a un punto en el que el fútbol ya no es el opio del pueblo: lo es la propia política, convertida en show y empaquetada en un producto mediático consumible. Mi impresión es que el fútbol es un refugio irracional para un telediario tan racional que se ha vuelto indigesto.

Veámoslo así: Mientras un aficionado lleva la bandera de su equipo es un periodo tiempo que está dejando de lado su bandera política. No sé si hay mucha diferencia entre el que descuelga la bandera para ir a ver un Play Off de ascenso a Segunda del que la descuelga para ir a Colón. Quiero creer que sí, aunque no está descartado que me esté engañando.

El otro día me acerqué al chino de debajo de mi casa y le pregunté cómo me recomendaba planchar la bandera de mi equipo. Llegan los partidos clave y tiene que estar presentable. Pensé que el chino sabría la respuesta porque, en un año en el que se han vendido tantas banderas nacionales, raro sería que alguien no se hubiera interesado por su planchado. A las manifestaciones también hay que ir decente. Aunque a unas más que a otras.

El chino me miró con cara de pocos amigos y me dijo que me fuera a hacer puñetas. Bueno, no utilizó esta expresión porque todavía no ha llegado a ese dominio del idioma. Me contestó que él vendía las banderas, pero que no se encargaba de su cuidado. Que me fuera a una lavandería.

– Qué complicado es tener símbolos- le dije.
– Ya – replicó, sin muchas ganas de seguir la conversación.

Al final no revitalicé mi bandera y al partido llegó como pudo. No sé cómo desde hace algún tiempo, a partir de que el conflicto en Cataluña se enquistara, muchos la dejan colgada del balcón. No es reciproco el cariño que profesan a sus símbolos con el cuidado con el que los tratan. Es como el que deja el árbol de Navidad puesto todo el año: no es que le guste esta época del año, es que le da pereza. Hay una pereza nacional colgada de las fachadas de España.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close

Síguenos