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Es curioso lo mucho que sueño si lo comparas con lo poco que duermo. Mientras subo en el ascensor estoy con los ojos cerrados y pienso en la arena, el mar y las palmeras. Creo que, a veces, echo de menos la playa. Aunque nunca la pisaba, pero sabía que estaba ahí. Dolce Vita.

El ruido de las puertas al abrirse me saca de ese oasis y me introduce en la realidad. La misma en la que estoy entrando por la puerta de su casa mientras ella prepara café.

Buenas tardes señora mía le digo con una media sonrisa del que sabe lo que puede y no decir.

Hola señor me contesta con cierta rabia.

No le gusta que le llame así, pero es mi señora. Soy suyo y lo sabe, más aun cuando me pregunta si duermo más o no. Le preocupa mi insomnio más que a mí mismo, así que intento tranquilizarla contándole un sueño que tengo cada vez que consigo enlazar un par de horas de descanso seguidas. Sonríe, con esa sonrisa que dice “mírame, el mundo es una mierda, pero mírame”. La miro, gira la cabeza y esos largos rizos negros le tapan la cara.

Anoche soñé algo que creo que te gustaría analizar. Estoy en una estación de tren, rodeado de gente que corre de un lado para otro sin mirarse los unos a los otros. Tanta actividad me sobrepasa e intento salir de allí, pero es enorme. Cuando miro el reloj central de la estación no tiene manecillas, entonces despierto. Suele acabar siempre así.

Ella me mira atenta y ya sé que frase va a decirme: “Eso es de…”

 ...tanto ver cine de Bergman. Bueno de cine en general dice mientras me pone el café. Estás todo el día con lo mismo.

No oigo el resto de lo que me está diciendo. Juro que lo intento, pero detrás suya está esa anorme estantería llena de libros desordenados. Yo no podría tenerla así. Cierro los ojos, me apoyo en el respaldo del sofá e imagino que los ordeno. Lo hago con movimientos rápidos y cómicos a lo Chaplin en Tiempos Modernos mientras suena una banda de jazz marcando el ritmo de la película.

Me percato de que su monólogo sobre la vida, los sueños, el cine y mi obsesión está acabando, así que me reincorporo. Ya no tiene el pelo rizado, ahora es liso aunque igual de largo. Creo que sigo soñando.

Ese sueño quiere decir que te sientes solo, lo he leído en un libro sobre lo onírico.

Nos terminamos el café en silencio y huyo a casa. Nos despedimos con un beso en la mejilla. Otro casi.

Cuando voy de camino a casa por Gran Vía observo que se parece mucho a la estampa de mi sueño. Casi puedo ver la escena en blanco y negro. Llego a mi piso, enciendo la tele y una pareja se besa al estilo Casablanca. Iba a hacerme la cena, pero el fregadero está plagado de platos que me vuelven a recordar a la estación. Voy a la cama, cierro los ojos y espero a que llegue la pelicula que voy a ver ahora. Mi propio Cinema Paradiso o Cinema Purgatorio. No lo sé.

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