Jorja Smith: Inmortalizando la belleza de lo cotidiano

Jorja Smith

Existe esa cosa misteriosa que se cuela por azar y a la que yo llamo el encanto. Esa especie de aroma surge mucho tiempo después. Hay imágenes que envejecen bien y que envejecerán cada vez mejor. Ésas son las buenas fotos”.

Robert Doisneau

El fotógrafo francés creía en la belleza de lo cotidiano. En esos gestos que pasan desapercibidos para la mayoría pero que convierten un instante cualquiera en algo realmente mágico; en algo que vale la pena inmortalizar. Muchas veces ese ‘sin sentido’ tan difícil de explicar es lo que pone los pelos de punta y termina convirtiéndose en un símbolo atemporal. Y sin saber bien cómo, te encuentras totalmente dentro, siendo partícipe directo de ese momento.

Hay una pizca de ese aroma especial en la voz de Jorja Smith (1997) que, apoyado en las instrumentales correctas, destroza cualquier barrera emocional que se le ponga delante. Una especie de esencia interior – y natural – que rompe cualquier límite y análisis racional de sus canciones. Un “algo” que te obliga a dar la espalda a la objetividad y dejarte llevar. Vivimos los tiempos del análisis infinito y del Big Data. Y, en el fondo, solo significa que el consenso general ha puesto el punto de mira en las características tangibles de las obras culturales y ha olvidado todo lo que no puede analizar. Sin embargo, obviar el misticismo y la parte emocional de la cultura es sesgar su estudio.

Lost & Found  -lanzado el 8 de junio- es todo ese mundo que se abre paso detrás de una mirada ausente y cabizbaja de una chica de 21 años: el miedo a no reconocerse, el peso de antiguos errores y el abismo inmediato de la inmadurez. Pero las filias y fobias de la cantante británica suenan a Jazz. Suenan a R&B clásico y Soul. A Folk acústico e incluso Góspel. Suenan a Amy Winehouse y a Lauryn Hill. Suenan a Jorja Smith.

Ya ha pasado un tiempo desde que Drake la descubriera en el inabarcable mundo de Soundcloud y Kendrick Lamar se la llevara de gira. O tal vez solo han pasado dos años que nos parecen una eternidad. En este tiempo Jorja Smith decidió darle la espalda a la ola de tendencias actuales y lanzarse a la piscina del R&B clásico para contar cómo encaja en un mundo lleno de problemas. Y es que a nadie le sorprendería que este disco hubiera salido en 2002. Es la atemporalidad de los momentos puros.

Why do we all fall down with innocence still on the ground?”

Jorja Smith empieza un viaje en busca del ideal de amor que va desde Lost & Found hasta Don’t Watch Me Cry. Un viaje que -involuntaria pero conscientemente- queda en un segundo plano ante la auténtica figura principal del álbum: su voz. Una capacidad que le permite ‘homenajear’ a Lauryn Hill en el primer corte del álbum y seguir sonando con esa calidez que la caracteriza. Una versatilidad vocal que la hace sonar desgarradora y cercana a la vez.


Pero Jorja no quiere ser Lauryn; tampoco Amy, aunque reconoce que es una gran influencia en su música. La artista de Walsall tampoco quiere ser Rihanna por mucho que On Your Own podría haber sido una canción de Anti. Su habilidad le permite surfear la instrumental subida a tonos graves que recuerdan a la cantante de Barbados, llegando a imprimirle una fuerza y un carácter muy similar. Una ferocidad que muchas veces se esconde detrás de cambios rítmicos antes de los estribillos y refuerzos corales que van envolviendo al oyente como las buenas historias. Porque esta canción es una historia que se cuenta sola.

Teenage Fantasy es otra muestra de la complejidad que se esconde bajo la aparente sencillez de un disco de R&B. Los mil matices de la canción -y del largo en su totalidad- son las pequeñas manías que hacen especial a alguien y que no se ven a simple vista. La risa que indica vergüenza o un simple arqueo de cejas mientras tomas café. Aquí Charlie J. Perry -el productor- va añadiendo pequeñas variaciones melódicas en cada línea instrumental y acercando la canción a la playa del Soul para dejar el suficiente espacio de maniobra a la artista. Y es que de la fuerza del estribillo a la calidez del puente hay dos voces menos.

Jorja Smith sigue adentrándose en el corazón del Soul gracias a la instrumental de Where Did I Go?, donde Cadenza recuerda irremediablemente al pegadizo groove de cualquier obra de Kaytranada. De la influencia dance ochentera saltamos a la tranquilidad de February 3rd, una canción que resume perfectamente uno de los secretos del álbum: las ligeras variaciones en las instrumentales -ya sea a través de sintes, cambios de líneas de piano e incluso pistas de coros- alejan al álbum de la peligrosa monotonía en la que suelen caer otros artistas del género. La magia de lo invisible.

“So why don’t you lose yourself for me?

Why don’t you lose yourself for me?”

Normalmente son los pequeños detalles los que ayudan a estar a la altura de las expectativas. La primera parte de The One sí que tiene una estructura de pop mainstream que se desvanece por completo justo antes de llegar al estribillo, donde Jorja vuelve a acercarse al R&B de finales de los noventa. Con el amor como telón de fondo, la cantante se pregunta cómo puede encontrar lo que busca en otra persona si no sabe lo que busca. Lo que sí que encuentra son unos arreglos de viento en la parte final de la canción que se convierten en la antesala de Wondering Romance.

A estas alturas del álbum Jorja Smith es capaz de elevarte por las nubes y erizarte el vello en Goodbyes para luego volverte a poner los pies en el suelo con Don’t Watch Me Cry. Probablemente sea en Goodbyes donde más luce la desgarradora fuerza vocal de la artista. Y es que, arropada solamente por una guitarra, Jorja Smith queda casi completamente despojada de todos sus miedos y fobias. Una parte final del álbum que recuerda mucho al Back To Black de Amy Winehouse.

“I don’t wanna need no one I’m not tryna let you

in Even if I’ve found the one”

La guinda -o la base- del álbum es Blue Lights. Utilizando el sample de Sirens de Dizee Rascal, Jorja Smith pinta su desgarradora visión de la brutalidad policial contra la comunidad negra. Utilizando la metáfora de las luces de policía y una instrumental mucho más rápida de lo que nos acostumbra en el resto del álbum, la cantante británica consigue una canción ya icónica desde el comienzo. La agresividad creciente -con guiños a Mobb Deep- a lo largo de la canción, los refuerzos vocales en el estribillo y la nostalgia del Conscious Rap de finales de los noventa, convirtieron este track en la puerta que llevó a Jorja Smith de un Starbucks de Reino Unido hasta las revistas británicas de música.

Jorja Smith -como Robert Doisneau- es una cazadora clandestina de lo efímero intentando saber quién es. Y Lost & Found, su primer álbum, no muestra más que los primeros pasos de una artista que ya ha demostrado que el talento es atemporal. La falsa monotonía del disco esconde diferentes capas de complejidad y un abanico de matices que aparecen con el tiempo. Su voz es un rechazo al consumo voraz de música actual porque para Jorja Smith, el tiempo -como las buenas fotografías- no entiende de tendencias.

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