Canallas

Canallas portada

EL PRÍNCIPE PÍCARO (GEORGE. R.R. MARTIN)

Guillermo Albentosa

¿Qué ocurre cuando juntas a Patrick Rothfuss, George R.R Martin, Neil Gaiman y Joe Abercormbie, entre otros, en un mismo libro?

Que, desgraciadamente, el hype que generan sus obras inacabadas (las de los dos primeros) hace que lo más interesante de todo el libro sea el prólogo (de hecho es un prólogo excelente donde George Martin, editor de este libro, explica que los protagonistas de cada relato son unos ‘‘canallas, sinvergüenzas y pícaros’’ y que sus ídolos no son otros que Clint Eastwood y Harrison Ford por interpretar siempre papeles de malotes).

Martin lleva un tiempo andándose por las ramas con historias sobre el mundo de Juego de Tronos, sin centrarse en el relato principal en sí. El ambiente es importante, pero la historia prevalece por encima de todo; y todo ese contexto no tendría el mismo cariz mitológico y medieval sin los personajes de la saga. Desembarco del Rey se concibe distinto sin los Lannister, por ejemplo; o el misticismo de Daenerys no sería tal si hubiese más Targaryen como en el relato de Canallas, El príncipe pícaro.

A falta de dos libros para dar por concluida la saga de fantasía más transcendental desde El señor de los anillos, Martin, con una historia acontecida siglos antes de que Jon Nieve y compañía nacieran, se embarca en la vida de Daemon, príncipe Targaryen que (OJO SPOILER) acaba casándose con su sobrina (relación tío-sobrina, que no tía-sobrino, por si aún no hubiese suficiente hype).

El relato, escrito como si hubiese sido sacado de un libro de Historia, no ofrece gran cosa más allá de alejar la mirada del lector de lo que realmente importa: la historia principal, a la que aún le faltan dos libros, y de la que la adaptación televisiva ya ha pasado de largo (en cuanto a acontecimientos) a la saga literaria.

Pero quién sabe, quizás después de un escribir un libro o dos – aún están por publicar – sobre la historia de los Targaryen (Fuego y Sangre), editar esta antología con un relato suyo inclusive, y otro libro previo a estos dos sobre TODA la historia del mundo de Poniente y más allá desde su creación, quizás, digo, se decida a terminar el sexto libro, que ya no el último.

Disculpen, pero el jeiteo (de hate, hatear, y derivados) aún no acaba aquí, pues para quién todavía conserve ciertas ganas de leer este relato, los traductores parecen haberse empeñado en darle la razón a Martin queriendo ensombrecer la saga con esta historia. Parecen haberse olvidado de los nombres de lugares tal y como se leen en los libros en español; pues están en inglés, de manera que cuando Daemon toma las riendas de su dragón y va a Driftmark, Bloodstone, Storm’s End o Stepstones, yo me imagino lo que quiero igual que hicieron ellos al traducirlo.

EL ÁRBOL DEL RELÁMPAGO (PATRICK ROTHFUSS)

Adrián Fauro

Advertencia: Esto es solo una queja porque quiero leer ya Las puertas de piedra. Pero, ya que estoy, hablo un poco del relato sobre Bast, El árbol del relámpago.

Patrick Rothfuss ha pasado de ser uno de los escritores más queridos a uno de los más odiados. Sorprendentemente, no ha sido por declaraciones sobre política, deportes o temas sociales delicados. El sinvergüenza lleva desde el año 2011 haciéndonos esperar para leer la trilogía de la vida de Kvothe. Lo que ha dado lugar a especulaciones sobre cómo acabará la historia, cuentas de Twitter recordándonos que todavía no podemos leer nada nuevo (@IsBook3OutYet).

El árbol del relámpago es un relato de menos de 100 páginas que pertenece al libro Canallas, editado por George R.R. Martin y Gardner Dozoiz. Las aventuras fuera de la posada Roca de Guía de Bast son el capítulo de una serie en el que un personaje secundario se convierte en protagonista con una trama secundaria que se convierte en principal. Empieza y acaba ahí, como sucede con Auri en La música del silencio. A pesar de que este segundo guarda mucha relación con El temor del hombre sabio.

La gran diferencia entre esas dos historias es la profundidad de las mismas. Ambos personajes tienen cierto peso en la vida del “posadero”, pero son completamente distintos. Auri es una hoja de papel de fumar que se esconde del fuego y Bast un filo de navaja buscando carne en la que adentrarse. Esto se comprueba en el día que pasa entre secretos, favores y excusas. Mientras que Kvothe te lleva a convertirte en un chico pelirrojo y con un talento que le abre tantas puertas como se las cierra, estos dos personajes son simplemente eso, personajes a los que sigues en su camino. Pero nunca consigues verlo todo con sus ojos.

Sus constantes fruncidas de ceño se dividen en “Por la mañana: El sendero Angosto”, “Al atardecer: Aves y Abejas” y “Al anochecer: Lecciones”. El árbol del relámpago es tan divertido como Bast, pero solo es un placebo para los freaks que estamos esperando Las puertas de piedra. Este llegará en 2020 y mientras, nos conformamos con pequeñas dosis de lo que sea que escribe Rothfuss.

DE CÓMO EL MARQUÉS RECUPERÓ SU ABRIGO (NEIL GAIMAN)

Alex Sellés

Todo buen autor que se precie termina haciendo del contexto discurso para así poder rebajar la presión por las expectativas creadas y seguir escribiendo con una mano metida en el bolsillo de sus fans. Una base de fanáticos ganada con total derecho, por otra parte. Lo cierto es que ni el éxito comercial de American Gods podría reemplazar lo que supuso El Sueño de los mil gatos, ni todos los premios del mundo deberían alejar a Neil Gaiman de su medio predilecto: el cómic. Y más si hablamos de un relato que no aporta nada más que una visión fugaz -y parcial- del Londres de Abajo de su novela Neverwhere.

El protagonista del relato, El Marqués de Carabás, podría ser una reencarnación del propio Gaiman -con su artificial fobia a los trajes incluida- en un mal día en el que se da cuenta que ha perdido aquello que define su personalidad: un abrigo. Sí, un abrigo, sigamos. El autor vuelve a poner a su héroe desnudo ante el peligro como ya hizo hace 30 años con Sandman, capturado y despojado de su yelmo, su arena del sueño y su rubí. Otra vez la estructura del héroe perdido que intenta recuperar sus pertenencias. La historia bien podría ser la de Donald Glover en Atlanta. O la de Bruce Willis en Pulp Fiction. Un reloj, un abrigo… cosas materiales que configurar el ‘self’ y de las que es muy difícil separarse. Al final del relato, el personaje aprende que hay que saber desprenderse de todo para volar más alto.

Los fanáticos de la novela necesitaban el relato. O quizás no. Quizás nadie necesitaba conocer las penurias que tuvo que pasar el Marqués de Carabás para recuperar su abrigo; para aprender que encontrarse a uno mismo a veces implica desprenderse de tus objetos más preciados. Quizás estos relatos solo sirvan para que editoriales y autores se llenen los bolsillos con textos donde el nombre del escritor ocupa más espacio que el título. Quizás estos spin-offs terminen convirtiéndose en lectura de verano, alimento para esos días en los que el sol más aprieta y la cerveza está más fría.

Quizás sea un hater.

 

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