Hip Hop: Contracultura a la cultura de masas

historia del rap

Una mentira siempre tiene las patas más largas que la verdad. La cruda realidad, tal y como vino al mundo, no puede competir con los adornos y la majestuosidad de una mentira repetida infinidad de veces. Al final, la mentira termina convirtiéndose en realidad y escapando ante la atónita mirada de todos aquellos que conocen la verdad.

Los periodistas culturales españoles siguen obsesionados con meter con calzador la palabra trap sin conocer los orígenes de esta música que llena titulares y atrae lectores en masa. El trap es la enésima vuelta de tuerca de un género ya caduco como el rap tras mezclarse con otros géneros. Un cambio necesario. Una evolución. La nueva forma de presentarse a los jóvenes. Nuevas instrumentales obligadas por la falta de medios en el sur de Estados Unidos, un desapego a normas sociales pero el fondo es el mismo: chicos de barrio intentando conseguir dinero para salir del barrio. Todo lo demás que hayan oído sobre el rap es mentira.

Y lo es porque en España hemos creado una imagen adulterada del Hip Hop comprando la moto de ese sucedáneo de pseudo-mensaje reivindicativo que aporta menos de lo que es capaz de abarcar. Convertidos en japoneses haciendo flamenco, hemos empaquetado un producto para que sea asumible para la clase media blanca de este país, adaptando el discurso para la masa socialdemócrata que vive en adosados lejos de los problemas del barrio. Y así hemos creado zonas de confort en Madrid, Barcelona, Sevilla o Alicante que -cada día que pasa- se alejan más y más de lo que significó este ‘movimiento’ en Nueva York, Atlanta o Los Ángeles. Y es que como con el reggaeton, el Hip Hop también ha sufrido un proceso de gentrificación.

Si entendemos que el Hip Hop fue un movimiento creado por y para la comunidad negra, tendríamos que trasladarnos hasta su génesis, en Nueva York, para intentar entenderlo. La historia es archiconocida ya pero es importante poner el foco en su influencia sobre el comportamiento de las personas de los barrios más desfavorecidos produciendo un proceso de socialización para adoptar las normas del grupo. En palabras de Norbert Elías, “una forma de transformación del comportamiento del individuo en una dirección determinada”. Un movimiento contracultural que surge de las clases bajas debido -y esto es importante- a una serie de problemas cotidianos e intereses comunes.

Con la tecnocracia convertida en Darth Vader, el Hip Hop ocupó el lugar que dejaron otras contraculturas (el Jazz o el Góspel) a lo largo de la historia de la comunidad afroamericana. No son pocos los movimientos de este tipo que hemos visto a lo largo de la historia moderna. Pero la mayoría de las veces la contracultura era, en realidad, una subcultura camuflada o se ha terminado transformando en una subcultura más. O como suele ocurrir, en un simple motor de tendencias.

Un movimiento ‘trendy’

La época en la que Afrika Bambaataa concibió el Hip Hop como una manera de crear conciencia social entre las bandas callejeras es un vago -y ya artificial- recuerdo de algún anciano que se resiste a aceptar el paso del tiempo. Los artistas de rap han ido adoptando los valores de la cultura dominante poco a poco. Esta absorción de los valores culturales mayoritarios tiene como consecuencia actos como la actuación de Puff Daddy y Jay-Z en Michigan para la campaña electoral de Obama en 2008 o el grotesco espectáculo de Kanye West apoyando a Donald Trump.

A su vez, la época dorada del rap murió antes de nacer. Por mucho que se empeñen los artistas españoles en convertir al rap en una forma de revolución musical, éste nació para animar las fiestas del sur de Nueva York. De hecho, pasaron muchos años hasta que se escribió la primera canción reivindicativa del género. Por cada Chuck D que gritaba “Fuck The Police” había un Joseph Simmons firmando un contrato millonario con Adidas. Por cada canción de KRS One reivindicando la cultura negra, veíamos a un miembro de los Wu-Tang Clan en televisión o a Puff Daddy patrocinado de arriba a abajo al más puro estilo David Meca.

La cultura y el rap

Ya sea por la racionalización extrema de las sociedades actuales, por la alienación que crean o por el frenesí de las clases bajas, pero lo cierto es que el rap se convirtió en la música de los jóvenes estadounidenses afroamericanos a partir de la década de los ochenta. Pero no es lo mismo crecer en el frío Nueva York que hacerlo en la California que se ama a si misma. En la década de los noventa, estas dos ciudades polarizaron la industria en el mundo del rap: mientras que en Nueva York RZA deconstruía el lúgubre ambiente de Brooklyn, Dr.Dre se encargaba de crear los ritmos que se bailaban al otro lado del país. No es casualidad que uno naciera en la ciudad de los negocios y el otro en la de las estrellas de cine.

Mientras tanto, los artistas del resto del país se las deseaban para conseguir un contrato decente fuera de los dos grandes focos de la industria. Y sin contrato, no hay dinero para bandas musicales, grandes productores o derechos de samples. Por tanto, los artistas del sur y el mid-west de Estados Unidos se vieron obligados a buscar una solución original: ritmos más electrónicos, prescindiendo de samples y utilizando la ya icónica caja 808 de Roland. Todo esto trajo nuevas cadencias líricas, nuevos estilos musicales y nuevas formas de entender la música rap. O dicho de otra forma, sentó las bases de lo que hoy llamamos Trap.

La gran mentira del Hip Hop

A pesar de que el Hip Hop no ha resultado ser la contracultura que nos han vendido durante estos años, sí que ha conseguido crear una salida para todos los jóvenes afroamericanos que han crecido en barrios marginales desde los años 70, ha puesto rostro a los talentos del barrio y ha sido un soplo de aire fresco para una industria yankee sin nada que ofrecer. La gran mentira del Hip Hop como contracultura ha terminado eclipsando su único propósito: dar una oportunidad a los chicos del barrio.

No obstante, en España, el Hip Hop se convirtió en una excusa para vender discos. Un ‘movimiento social’ para abrir conciencia que daba la espalda al mainstream pero que simultáneamente se quejaba por no sonar en la radio. En algún momento del proceso -a principios de los 2000- algún artista de la época vendió una visión deformada -e interesada- del Hip Hop y los medios lo compraron sin ningún pudor. Entre todos caricaturizamos un género musical y a varias generaciones de artistas. Y de aquellos barros estos lodos.

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