Cuando Kanye West conoció a Kanye

Kanye West

“Si el criterio general es un consenso entre personas sin criterio, la línea que separa al genio del necio es realmente estrecha y muchas veces imperceptible”.

Normalmente, las personas tendemos a ensalzar a un artista según nos convenga en favor de nuestro discurso y caemos en la exageración, aludiendo a la falsa concepción de que su obra ha significado un antes y un después para la música o el cine. Todos buscamos un Hitchcock al que aferrarnos para defender a nuestro artista preferido. Pero sólo hay un Hitchcock y muchos Tarantino.

Kanye West pertenecería al segundo grupo. Un músico con un talento y una cultura musical increíble que ha logrado dominar la parodia hasta tal punto que la ha convertido en arte. Después del “Poopy-di scoop”, de apoyar públicamente a Donald Trump y de insinuar que la esclavitud fue una elección de la comunidad afroamericana, el músico de Atlanta vuelve con ‘Ye‘, su nuevo álbum en solitario.

Es una celebridad y a menudo ocurre que su propio arte queda eclipsado por su figura. La fama, la enfermedad mental, las recurrentes salidas de tono, la ropa… Quizá sean la facetas más conocidas del artista en nuestro país y lo que más puertas le está abriendo en el mercado internacional. Y es en este punto donde empieza el paulatino declive del artista y su posterior reconversión en una celebridad. Como decía Boorstin, “el famoso es una persona conocida por ser muy conocida”.

Lo que antes era una catedral enorme, donde las formas se mezclaban entre sí y creaban una infraestructura única, ahora solo es un bloque de edificios aséptico y plano. Desde el spoken word de I Thought About Killing You hasta Violent Crimes, ‘Ye‘ es un disco de música pretencioso, y falsamente disfrazado de minimalista y, probablemente, sería lo suficientemente interesante si no lo firmara Kanye West.

That’s my superpower, nigga, ain’t no disability

I’m a superhero! I’m a superhero!

Con el telón de fondo de su enfermedad, en I Thought About Killing You y en Yikes nos encontramos un Kanye que habla de depresión y pide perdón por su adicción a los opiáceos, logrando que el estribillo aporte toda la calma y la empatía que no logra con los versos. Al final, con tanta salida de tono ha logrado que no nos tomemos en serio ni su enfermedad mental. Porque seamos claros, aunque la depresión esté rondando todo el disco, Kanye West no es Kid Cudi y este ‘Ye‘ no es el genial ‘Man on the Moon: The end of day‘.

Que el músico no está en su mejor momento es algo que todos podíamos intuir por sus declaraciones de la esclavitud y su apoyo a Donald Trump, pero uno – crédulo como pocos – guardaba la esperanza de que el de Atlanta cerraría bocas en su nuevo álbum. Sin embargo, la originalidad de la propuesta brilla por su ausencia. En cambio, nos encontramos frente a un montón de canciones que ya hemos oído en otra parte.

Dejando de lado el hecho de que su arte queda al servicio del neoliberalismo más galopante que recuerdo, ‘Ye’ es la muestra de la caída de un mito; de un artista tan consciente de su talento que pierde la referencia del mundo real y cree que es intocable en cualquier ámbito. Pero la triste realidad es que la única faceta en la que brilla es en la de productor. Porque Kanye es Kanye, no Childish Gambino.

Probablemente, lo único innovador de la propuesta sea el formato: un álbum de 25 minutos de duración (siete canciones) para combatir la incapacidad de las nuevas generaciones de prestar atención a un disco de una hora. Y aún así, ya es algo que intentó con The Life of Pablo, donde actualizaba las canciones constantemente para seguir siendo noticia.

Kanye West siempre ha tenido cierta predilección por la parodia. No hace falta esforzarse mucho para recordar su enfrentamiento con Taylor Swift, su entrevista con Zane Lowe en BBC o sus recientes desvaríos públicos. Sin embargo, siempre mantenía esta faceta alejada de su música, donde todo estaba al servicio de su arte.

De hecho, incluso en The Life of Pablo, encontrabas algún momento que te hacía sacar una sonrisa. Más allá del gossip que llena el álbum, no hay muchas cosas que llamen la atención. Queda poco del Kanye West que priorizaba el resultado final a la individualidad de su obra. Ahora es su ego quien habla por él.

Y es que quizá ahí está el error. Sus álbumes llegaban más lejos que los del resto porque se apoyaban en más hombros que los sujetaban. No obstante, ahora son sus propios hombros los que aguantan su proyecto, el de Pusha T, el de Cudi y, parece ser, el de Nas. Quizá estemos asistiendo a la caída de uno de los últimos grandes músicos de esta generación y del principal valedor de la concepción actual del Hip Hop por parte del mainstream musical.

 

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