Childish Gambino – Awaken, My Love! y la identidad

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Anduve el camino sin rumbo, como Sean Penn y Kevin Bacon en aquella escena de Mystic River. Consciente de que no soy más que lo que dieron de sí mis relaciones anteriores. Cabizbajo, viendo el cosmos dibujado en cualquier baldosa de la acera, los pensamientos pasaban como pasan los meses cuando los días no son más que seis cafés y una interminable lista de cosas pendientes. Andaba con la sensación de conocer aquella carretera. Con la extraña impresión de ser capaz de recorrerla con los ojos cerrados.

Es difícil ser uno mismo en tiempos de miedo y terror. Nada nos impide colgar las botas y aferrarnos a la imagen de un hombro en el que descansar nuestros pecados al llegar a casa. Todo vale con tal de quitarnos esta sensación de hastío que te deja vacío por dentro. Y nada mejor que el calor de los nuestros para encontrar la paz.

Judith Butler (1993) creía que todas las identidades se forjan en torno a la diferencia y la exclusión. Todos nos sentimos más unidos cuando identificamos al enemigo en el exterior. Ese Darth Vader que amenaza con destruir lo poco que queda de la resistencia. Lejos quedan los tambores de la fría guerra, cuando Jimi Hendrix toca mientras cae la lluvia en medio de una noche en Woodstock. Ante el peligro del Otro externo, los seres humanos nos refugiamos en el calor de los nuestros. Nuestro grupo. Nuestra identidad.

Awaken, My Love! se adentra en el concepto de identidad hasta sumergirse en aguas tan profundas como inexploradas por otros músicos. A lo largo de las 11 canciones que engloban el álbum, Childish Gambino se pregunta qué significa ser negro en el mundo actual y, más concretamente, dentro de la industria cultural. Para ello, mezcla a la perfección un contenido lírico influenciado por los idealizados años sesenta y un continente musical que bebe descaradamente de la música negra de mediados de los setenta. No en vano, uno de los momentos más convulsos de la historia fueron los grises años setenta. Después de los coloridos años sesenta, el neoliberalismo radical llegó para asesinar cualquier mínimo atisbo de idealismo. Pero en momentos de oscuridad surge la necesidad de volver a las raíces. De ser uno mismo, desnudo, luchando contra el peligro del exterior.

El “yo” conjunto

La unión de los años sesenta murió, de la misma forma que lo hizo la unión dentro del cajón desastre al que llaman Hip Hop. Consciente de ello, Childish Gambino convierte su álbum en un espejo musical del soul, el jazz y el funk de los años setenta con Funkadelic como máximo exponente de la identidad de su comunidad. La mayor declaración de intenciones es que la portada de Awaken, My Love! sea un claro tributo al Maggot Brain que Funkadelic publicó en 1971. George Clinton y compañía estarán presentes durante todo el viaje por la complicada mente de este joven cantante.

Nuestras heridas del pasado son nuestro motor del presente. Todo el dolor que marcó a la comunidad negra en los años setenta coge forma de himno generacional en Have Some Love, arropada por el falsete tan característico de Childish Gambino, los solos de guitarra y las diferentes pistas de voces en los coros. El mensaje de unión e igualdad entre todas las personas del mundo y la influencia directa del Can You Get to That de George Clinton hicieron de esta canción una de las más importantes dentro del movimiento #BlackLivesMatter.

Es común que la celebración de la diferencia a partir de elementos de clase y raza surja de sectores que son invisibilizados y para forjar esta identidad es necesario un enemigo común. En el caso de los hombres, pobres, afroamericanos y nacidos durante la década de los ochenta el enemigo común es claro: la policía. En Boogieman, una de las canciones de soul más limpias que hay en el álbum, Gambino hace un paralelismo entre el “coco” que asusta a los niños y la comunidad afroamericana. El propio miedo que sienten los policías al enfrentarse al pueblo afroamericano y la forma de estigmatizarlos provoca muchas de las actitudes posteriores de esta comunidad. Al mismo tiempo, como en el I’m your Boogieman de KC and the Sunsine Band (1976), Childish Gambino se convierte en el Boogieman porque viene a hacer bailar a la gente con un baile tradicional de su comunidad. Otra seña de identidad que está muriendo a manos de la cultura de masas.

La familia como pilar para Childish Gambino

Moscovici (1976) defendía que las representaciones sociales se engloban dentro de un marco que no distingue al sujeto del universo. Por su parte, en Baby Boy, Childish Gambino se pregunta de qué forma puede afectar todo este odio policial a la visión del mundo que pueda tener su hijo en el futuro. La preocupación se mezcla con un sentimiento de culpa latente en todo el álbum, consciente de que no puede ofrecerle toda la atención que desearía. La importancia de la familia en una sociedad que santifica a los descendientes queda patente en la composición melódica del teclado que recuerda claramente al Just Like a Baby de Sly and the Family Stones.

Si no basta con ser un niño afroamericano en un mundo donde la cultura de masas se apropia de toda identidad minoritaria para regurgitar sus cicatrices del ayer y convertirlas en un producto carente de sentido; en una descontextualización que apoya el statu-quo y priva de identidad a los autores de la propia obra, imagina enfrentarte a la cruda realidad dentro de un hogar roto. Gambino es consciente de todo ello y adopta el rol de buen padre en Stand Tall para transmitirle a su hijo toda la sabiduría que su padre le transmitió a él. Para Gambino es importante que su hijo crezca dentro de un mundo con esperanza y no es casualidad encontrarnos con un guiño a If 6 Was 9 (1967) de Jimi Hendrix (“If the sun refuse to shine”) en la primera frase de la canción (“When the sun is rising over streets so barren”). Un último intento de volver a la utópica zona de confort que significaron los sesenta.

Pero a Childish Gambino le tocó vivir los años de las relaciones esporádicas. Otro verdugo, y víctima, de la cosificación de la carne y el hedonismo sexual en el que se han sumergido las sociedades occidentales. En Redbone, nos encontramos de frente ante los problemas de las relaciones actuales: la paranoia como consecuencia de la falta de confianza en una relación y, finalmente, la infidelidad. Abrazando el soul a través de un cálido falsete, sobre el sample de I’d rather be with you de Bootsie Collins, nos damos cuenta de que hay personas que son incapaces de mantenerse juntas. Y más cuando aparece en escena Hollywood.

La ciudad de las luces y sombras

La triste historia de Childish Gambino termina cuando es consciente de que no es capaz de mantener una familia porque la única mujer con la que puede conversar es con la que se siente atraída por las luces de Hollywood. Él mismo se siente fascinado por la ciudad de las estrellas, convirtiéndose así en otro personaje dentro del vodevil del exceso. Otra sombra falsa ante una sábana blanca que proyecta nuestra idealización de la realidad.

En esta parte del álbum, Childish Gambino se muestra desnudo ante la música y su público. Acercándose mucho más a instrumentales de R&B y sin tanto refuerzo vocal en diferentes pistas. Aquí encontramos un autor mucho más humano y deseoso de mostrar su verdadera cara dentro de este carnaval de las vanidades en el que se ha convertido la industria cultural. A pesar de ello, siempre mira hacia atrás consciente de que alguien asfaltó el camino por el que anda y les rinde cuenta cada poco tiempo. En el caso de “California” toma prestada la línea de bajo de Charles Wright y su Express Yourself, mientras que en Zombies homenajea Can not hide love de Earth, Wind & Fire con las voces finales.

La conclusión final es cruel: nosotros somos nuestros propios chulos y vendemos nuestra identidad para conseguir mayor éxito. O más bien, la matizamos para adaptarnos a la exigencia de nuestro círculo social más próximo. De la misma forma que Childish Gambino resta aristas y matices de su personalidad para adaptarse a un cánon impuesto por la mayoría, todo el mundo se deja engullir por el frenesí de la inmediatez y la opinión masiva. Un proceso de socialización forzado que termina dificultando la forma en la que gestionamos nuestra identidad en los tiempos del capitalismo transversal y que nos convierte en náufragos luchando por salvar nuestro propio pellejo mientras el resto del barco se hunde.

De nada sirve mirar a los setenta para encontrar el camino que nos lleve de vuelta a la carretera principal. Ahora todo es diferente. Los años de transitar por carreteras mal asfaltadas que guían nuestra vida sobre unos carriles invisibles han quedado atrás. Los baches, las líneas discontínuas, las rectas infinitas. Todo ha quedado atrás. Ha llegado el momento de ir un paso más lejos; ha llegado el momento de llegar al final de la carretera y asfaltar nuestro propio camino. Y quizás, sólo quizás, cuando otros anden las carreteras que nosotros creamos, puedan ver nuestro nombre, escrito sobre el cemento fresco, y podamos ser eternos. Aunque sólo sea por un momento.

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