Un bacio ancora: Otello, tragedia del anti-canon femenino

“El celoso no lo es por un motivo: lo es porque lo es. Los celos son un monstruo engendrado y nacido de sí mismo.”

William Shakespeare, Otello

La versión operística del Otello shakesperiano se presentó por primera vez en el Teatro de La Scala de Milán el 5 de febrero de 1887, con un éxito rotundo hacia su compositor, el magnífico Giuseppe Verdi. Con libreto de Arrigo Boito, Verdi consiguió complejizar mediante su música el drama victoriano que había escrito Shakespeare siglos antes sobre el amor y los celos. La historia, ampliamente conocida en el imaginario popular, presenta a un Otello salvaje y bruto. Una víctima de los celos y de los engaños de Iago que acaba asesinando a su esposa Desdémona, a quien creía culpable de ser amante de Cassio, el capitán de su tripulación.

A través de cuatro actos de enorme intensidad emocional y vocal para sus intérpretes, Verdi condensa la trama original de Shakespeare para centrarse en la caída de Otello y no en el asesinato como tal. Si bien Shakespeare en la obra de teatro explica el matrimonio de Otello y Desdémona como un acto indómito de esta contra su padre Brabancio (aunque ella también esté enamorada de él), Verdi directamente nos habla del profundo amor que se profesan pese a ser muy diferentes. Shakespeare, en cierto modo, justifica el amor de Desdémona como fruto de su insumisión. Un carácter nada común en la época del Renacimiento en la que se ampara el autor para ambientar la tragedia. Desdémona, como personaje, representa el anti-canon femenino de lo que entonces se consideraba una dama de alta cuna. De origen veneciano, Desdémona desafía los libros de conducta asociados a las mujeres para vivir su vida con pureza pero bajo sus propias decisiones. Entre ellas, amar a quien desea: el moro Otello. Su resistencia ante el dogma y el yugo patriarcal demuestran la enorme complejidad psicológica que presenta la protagonista. Ella, dispuesta a todo, sigue a su amado Otello en sus campañas militares en plena guerra contra los turcos.

Es así cuando comienza la ópera: la acción se desarrolla en la isla de Chipre, con la gloria de Otello tras recuperar el territorio para el ducado de Venecia. Lleno de victoria, se establece en la isla junto a su esposa Desdémona esperando a la comitiva ducal para recibir nuevas órdenes de destino. En esos días finales del siglo XV, será cuando suceda la tragedia, el momento de maldad de Iago, el antagonista de la obra cuyos celos sí serán la verdadera llave que le transforme en un monstruo y, a su vez, mediante la manipulación, acabe convirtiendo en una bestia a Otello.

En 2006 el Teatro Real de Madrid asumió la obra dentro de su programa principal, siendo Gregory Kunde, Otello; y Ermonela Jaho, Desdémona. Dicha producción, a cargo de David Alden, puede verse en Filmin. A pesar de que dicha función tuvo críticas, el montaje final resulta brillante y pavoroso. Con una escenografía dura y grisácea, como una piedra, se asiste a un paisaje simbólico de la desgracia de Otello.

¿Por qué interesa tanto la figura de Otello? Como otras tantas obras, sobre todo, Carmen de Bizet, la temática se basa en la violencia de género: él, furioso, asesina a la mujer. No deseo justificar al personaje, Otello mata a su esposa por celos y rabia. Los motivos no distan de cualquier asesinato que se pueda ver en las noticias hoy en día y, pese a las razones que pueda haber detrás de semejantes actos, no pueden ser defendidos dado que corresponden con una violencia heredada y sistémica contra las mujeres. Sin embargo, Otello no es un asesino al uso ni el ejemplo común de la violencia, sino un sujeto damnificado. Alguien pasivo ante la violencia construida que teje Iago, su gran amigo, su hombre de confianza, en torno a él, mediante sucesivas manipulaciones que terminan de fracturar la imagen de dureza falsa que posee el personaje. Y ese es el gran logro de la historia que escribió Shakespeare y que eleva Verdi hasta su máxima compasión.

El Otello de Verdi es un hombre frágil cuya grieta es estar enamorado de alguien a quien no cree merecer, Desdémona. Su sentimiento de inferioridad es tal que llora y sufre ante la inseguridad que le produce Iago con sus constantes insinuaciones de la relación furtiva entre Desdémona y Cassio. Otello construye su vida desde la lejana Turquía, de ahí, el moro de Venecia, se labra una reputación como militar y llega hasta lo más alto. No obstante, pese a ser un héroe, no puede socavar de sí mismo la imagen que proyecta: bruto, feo, sanguinario, inmigrante. Otello se odia a sí mismo y encuentra en Desdémona un ídolo más que un amor real o sexual. Otello no desea a Desdémona, la adora, la idolatra, la purifica en su mente hasta límites insanos que, en su caída, se toxifican y se revuelven contra él.

Desdémona es una excusa: Otello, ante el engaño, se castiga a sí mismo, pensando cómo ha podido ser capaz de creer que una mujer así podía amarle, a él, que no es nada, que es inferior, que es polvo. De esta manera, Iago fustiga a Otello. Todo por sus propios celos dado que Iago ve en Otello lo que él nunca podrá alcanzar: la fama, el respeto. Por un ascenso a capitán que no llega, Iago ejecuta una venganza que trasciende el motivo principal y que acaba haciendo desgraciados a todos los personajes de la obra. Iago también es un ser frágil que sufre porque, como Otello, se siente insuficiente. Y esa insuficiencia es la que hace que sea tan malvado, tan cínico, tan mentiroso. En una de las arias más conocidas, Iago lo confiesa, dice que es malo porque no sabe ser de otra manera y que le gusta ser así, que se siente fuerte. Mi interés por la obra también reside en su concepción de las masculinidades. En la obsesión por el sujeto amado hasta el control, y en las relaciones de mujeres que trata. Emilia, la esposa de Iago, será quien saque de su error a Otello después de asesinar a Desdémona, confesándole que todo había sido una gran mentira. En un Occidente decadente, el odio triunfa sobre el amor.

Finalmente, Otello, roto de dolor tras descubrir la verdad, se suicida. No sin antes cantar una de las arias más hermosas, un bacio ancora, canta, dedicada a Desdémona, un beso más le pide ya desde la muerte. La tragedia que representa Verdi, con un tacto íntimo, es la consecuencia que padece una mujer cuando rompe con los modelos de conducta de la época. Desdémona es una heroína de amor, no una mártir, no una víctima. Ella ama a Otello hasta el final. La reputación y el daño de la imagen también refuerzan este tema dado que la evidencia física es lo que acaba condenando a Desdémona como adúltera (aunque no lo sea), el pañuelo que le regaló Otello desaparece. Y sólo por eso, sin mayor diálogo, es condenada recordando al mito judeo-cristiano de José y Potifar.

Los celos es el engranaje que mueve esta obra, un sinónimo de la fragilidad ante amar y ser amados. Un bacio ancora, dice Otello mientras muere por su propia mano. Quizás, hoy, podríamos pedir: una vita ancora, otra vida por todas las que ya no están.

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