Transfeminismo, dolor y robots

En la serie Westworld, de HBO, somos testigos de las desventuras de unos personajes que viven en un enorme parque de atracciones y sufren las de los huéspedes, una especie de Turistas 2.0. Todo ocurre en una recreación del antiguo oeste americano, donde la violencia y la esperanza de un nuevo mundo son una y la misma cosa. Los turistas que llegan a Westworld pagan una gran cantidad de dinero para experimentar sus pasiones más bajas, dar rienda suelta a la imaginación y hacer todo aquello que fuera del parque —en la supuesta realidad, como si no fuese real ese supuesto parque ni el sufrimiento de los anfitriones— no se atreverían.

¿Cómo pueden realizar actos tan inmorales unos turistas que se alojan en un parque de atracciones sin mostrar ningún tipo de remordimiento? La respuesta es sencilla: los anfitriones son robots con forma totalmente humana. Al ser robots, lo que nos explican desde el inicio es que están programados para olvidar todo el sufrimiento que padecen a manos de los humanos. Se les deshumaniza para que no sintamos su dolor como nuestro, al mismo tiempo que, como humanos, se nos permite ensañarnos con ellos. Todo comienza a cambiar tras una actualización de software, cuando algunos anfitriones —robots— comienzan a recordar todo el daño que les han infligido ya tomar conciencia de lo que son, su sufrimiento colectivo y sus experiencias individuales que les conectan. En este punto los espectadores conectamos con el sufrimiento de los robots, sintiendo que esta parte es la humana y despojando de humanidad a los verdaderos humanos que son los que se propasan con los primeros.

Los robots toman consciencia y recuerdan el sufrimiento que les marca; eso les permite tener una noción de sí mismos como sujetos tras un error en su código. Un símil bastante acertado con el homo sapiens. Son algo nuevo por su condición de robots, pero al mismo tiempo, mantienen en su interior lo más antiguo de nuestra especie: la autoconsciencia y el dolor; además, su forma es totalmente humana y no se pueden distinguir los anfitriones de los huéspedes, al menos a simple vista. Podríamos decir que las personas trans se encuentran en esta situación. Son totalmente humanas, pero presentan nuevos retos para nuestra limitada humanidad: una nueva fluidez, superar límites biológicos, culturales… son un nuevo paradigma dentro del feminismo y del resto de campos del saber.

Simone de Beauvoir dice en El Segundo Sexo respecto del punto de vista del materialismo histórico y el feminismo, que “la humanidad no es una especie animal: es una realidad histórica. La sociedad es un antifisis: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la asume”. Como esos robots de Westworld que, a pesar de ser una creación humana, representan a la perfección una nueva humanidad, tan igual a sus predecesores, pero a la vez tan diferente…

Hay aspectos de la teoría queer que son demasiado liberales y que incluso pueden alienar a los sujetos que dice emancipar, puesto que puede ultraindividualizarlos y eliminar cualquier sentido de pertenencia a un grupo o comunidad; sin esta experiencia colectiva es imposible construir una identidad a lo largo del tiempo porque no solo nos marca nuestro padecimiento individual, sino el colectivo. Al mismo tiempo tengo que reconocer que coincido con Judith Butler y los posmodernos en que la vida es voluntad y representación, además de socialización. En esto no solo Karl Marx estaría de acuerdo sino Calderón de la Barca, Shakespeare y Schopenhauer.

Engels y Marx, en La ideología alemana, afirman que “el comunismo no es un estado de cosas que debe establecerse o un ideal al que la propia realidad tenga que ajustarse. Llamamos comunismo al movimiento real que acaba por superar el estado actual de las cosas”. Es decir, es dialéctica hegeliana en su más pura forma y lo mismo aplica al género. A pesar de que los robots no son humanos propiamente, todas sus condiciones, circunstancias y su dolor los inscriben dentro de la humanidad. Al mismo tiempo, niegan al homo sapiens y lo reafirman, creando una nueva forma de humanidad (el transhumanismo). Lo mismo podemos decir de la humanidad y el sufrimiento que hace tomar conciencia a las personas trans: son tan diferentes de los supuestos del género hombre/mujer anterior a ellos, pero aún así ese nuevo rostro de la humanidad continúa siendo exactamente lo mismo que antes.

Me parece materialismo, marxismo vulgar tan solo decir que el estado actual de las cosas actuales es el único estado posible. Pierre Bourdieu fue uno de los primeros sociólogos en defender que Max Weber (el padre de la sociología que había criticado duramente al marxismo) en realidad continuaba el análisis materialista que había iniciado Marx. Hablando en cristiano: las ideas también dan forma al mundo, o de lo contrario todos y todas las que nos hacemos llamar comunistas, feministas, las que creemos en la igualdad radical del ser humano, deberíamos claudicar: el mundo es un lugar violento y oscuro. Pero nosotros creemos que las cosas se pueden hacer de otra forma. Y justo porque creemos en que se puede, lo hacemos, y sin esas ideas no podríamos construir ese otro mundo posible.

Mientras haya sufrimiento deberemos comprender que allí reside el verdadero rostro de la humanidad, un rostro que se encuentra desplazado: en la no-situación de los refugiados, en el dolor de los humanoides de Westworld, en el sufrimiento de la nueva forma humana de las personas trans, en la explotación de los trabajadores que siempre ha sido intencionalmente borrado, en la sumisión de las mujeres al orden patriarcal… Que los árboles no nos impidan ver el bosque.

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