Una película es buena, o por lo menos te lo parece, cuando al salir del cine lo único que quieres hacer es hablar de ella durante horas y luego volver a verla. Ari Aster consigue eso con Hereditary. La única referencia que me viene a la cabeza para describirla es, ajustar tanto la pelota en el tiro que da al palo y todo se ralentiza hasta que la pelota entra.
Esta ópera prima del director americano es una película de terror de las que llevan escaseando años. Estoy viniéndome arriba porque escribo esto justo después de haberla visto, pero ahora mismo argumento esta euforia.
Con un incio a modo de travelling que recuerda al inicio de Psicosis, ya estás dentro de la historia. El peligro, que nunca sabrás si es real, un delirio o viene del más allá, no se centra únicamente en la casa. Está en todos lados. En las películas de este género existen ciertos dogmas que impuso Polanski con La semilla del diablo, El baile de los vampiros -a pesar de ser una comedia- y Repulsión; continuó William Friedkin con El exorcista, luego Kubrick con El resplandor y así sucesivamente. Soy un pedante.
Hereditary nos hace sentir el peligro en todos los lados, porque va más allá de la posesión, lo sobrenatural y el miedo a lo que no conocemos. El principal peligro está en las personas. Sin necesidad de pensar en qué esconden para hacerte sentir eso, solamente puedes centrarte en la pantalla y hacer constantes muecas de dolor. Porque la incomodidad, la incertidumbre, el miedo e incluso, la incomprensión que te genera, se traducen en dolor.
Esta crítica va encaminada a que el lector quiera verla o a que la vea y empatice conmigo. A nivel técnico, está milimétricamente realizada para tener todos los elementos visuales que tiene una nieta de Le manoir du diable. El color y las alturas de los planos son académicos, mientras que lo argumental ha adelantado por la derecha a cualquiera de sus hermanas. Las actuaciones de Toni Collete, Alex Wolff Milly Shapiro y Gabriel Byrne son justo lo que necesita el director para hacernos empatizar con la familia Graham.
En resumen, en Hereditary el drama familiar está muy por encima del miedo a lo sobrenatural. No saber si todo es un delirio o está ocurriendo hace que tus ojos recorran cada rincón de la pantalla para sacar tus propias conclusiones. No perderse ningún detalle te puede hacer entender la historia y saber qué hay dentro de cada persona.
Escritor, periodista cultural y librero en la librería 80 Mundos. Codirector de todo esto. He colaborado en medios como eldiario.es o Le Miau Noir. Formo parte de la antología Árboles Frutales (Editorial Dieciséis, 2021) y Odio la playa (Cántico) es mi primer libro.


