Desde la periferia del deseo

Luis en el vacío. Luis sumergido en lo profundo de una piscina mirando, no sé muy bien qué. Luis abrazado como un arbolito. Luis con los ojos de fumar. Luis haciendo muecas. Luis emocionado mientras alguien habla de Nicaragua. Luis con su nuevo novio hinduista. Luis buscando sensaciones que le superen en el local de techno. Luis con una copa en la mano. Luis con la camisa medio desabrochada, con el jersey mal puesto, con una mancha de aceite en el pantalón. Luis desastre. Luis con ojeras de hace un rato pidiendo una cerveza y no un café. Luis me acaricia mientras vemos Canino. Como un gato persa se toma su tiempo, se detiene, deshace sus dedos en alguna parte de mi cuerpo. Luis y el cine griego. Luis y las pelis de pensar. Luis hurón. Luis mientras grito y trato de hacerle daño guardando silencio. Luis y el frío. Luis y yo siendo libres en Madrid. Luis pidiendo que nos saquen una foto para rememorar el efecto empatógeno. Luis con la mandíbula temblona de mimosa. Luis como un Casper. Luis con cibernovio francés. Luis me besa en primera fila. Luis besado casi sin remedio en el baño. Luis abandonando el after antes que todos los demás, muy despeinado. Luis sin poder hablar. Me aproximo lo justo para cerciorarme que respira. Luis respirando. Respiro. Luis megáfono. Respiro. Luis en la cocina de mi casa y treinta invitados más. Respiro. Luis tristísimo. Respiro. Luis queriendo dejar las drogas. Respiro. Luis cayendo en las drogas. Respiro. Luis Winehouse. Me da la risa.

Luis desastre del desastre. Luis guía espiritual de los viajes con psicotrópicos. Luis titulado de mil cosas. Luis haciendo diarios de sueños con sus niños. Luis nueve años fumado. Luis ligando con sus desastres allá donde va. Luis, después de un mes, casi imposible de reconocer. Luis presentándome a su hermano. Luis nadando en la piscina de los desnudos. Luis amigo de mi hermana. Luis tomando las sábanas del mundo para arroparme allá donde voy. Luis y la voz. Respiro profundamente. Luis de madera. Luis objetivamente precioso. Luis como el primer día. Luis en una nueva foto de perfil afeándose. Luis y su mirada perdida. Luis perdido pero despreocupado de todo. Luis lidiando con su pasado de adolescente en colegio pijo. Luis y su jersey de pelotillas. Luis boliche. Luis suave y envasado al vacío. Luis lejano. Luis prefiriendo siempre la amistad. Luis de despedida de soltero. Luis sin nadie. Sólo Luis y una luz espectacular que atraviesa los plataneros. Luis pidiendo a su padre más libros. Luis relacionándose con la ciudad como una lombriz. Luis de estar por casa. Luis en el bolsillo. Olor a Luis. Olor a Luis perfumado. Olor a manos de Luis. Luis hablando y la provincia de la razón muy atenta. Todo lo demás absurdo. Luis cayendo en picado sobre una manta de pelo confortable. Luis claustrofóbico. Luis haciendo por fin las cosas bien. Esperar el abrazo de Luis tres semanas. Luis tratado con indiferencia para que no sepa nada de esto. Luis confundido. Luis clarividente. El exnovio de Luis en todos sitios. Luis transformado, por los efectos, pero todavía él; tirados los dos en la calle casi sin ropa –es Madrid y es Febrero– y el tiempo detenido o a la carrerilla, diez llamadas perdidas: la fiesta de todas las cosas ha terminado. Y los abrigos dentro de un local sin puertas. Abrazo a Luis, aún desprende calor. No somos centro de nada pero en ese sitio pareciera que se puede estar bien. Sentir la casa, no mi casa; sino la de todos los que se atreven a desear algo.

Observad con atención, esto es un hombre enamorado de otro hombre; ambos parecen felices. Observad.

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