El autor: Amelie estaría orgullosa

La dualidad me obsesiona. Dividir en dos a alguien es igual de fácil que no hacerlo. Ahí es donde reside su atractivo, en poder hacer lo que quieres con lo que estás viendo. Llevando al extremo esto he visto a una misma persona en los personajes protagonistas de dos películas diferentes. Ha vuelto el TOC. Tengo un amigo que confunde a Guy Pearce en Memento con Mark Wahlberg. Sería perfectamente entendible que le pasase lo mismo con Álvaro (Javie Gutiérrez) y Amelie (Audrey Tautou), si no fuese por las claras diferencias superficiales.

El autor utiliza la estructura planteamiento-nudo-desenlace a la perfección. El -bendito- problema viene cuando en el nudo saca la cabeza otra película que me recuerda al pequeño alien saliendo de John Hurt en la tercera mejor película de Ridley Scott. Es en esa meta película en la que veo a Javier Gutiérrez como el reflejo oscuro de Amelie. 

Entender esto es hacer un ejercicio con vuestro lado más ilógico e imaginativo. Pero el cine no representa la realidad, es un mundo completamente alejado del nuestro y que se crea con la intención de contar algo fantástico. No hay más. Ni las películas supuestamente basadas en hechos reales son totalmente ciertas. No hay discusión, aunque sea porque estoy escribiendo esto un domingo a la hora de la cerveza y el pincho de tortilla. 

Una vez que la trama está clara, sabemos que el protagonista quiere escribir y eso le cuesta su vida. Ese ideal del escritor que no concibe otra salida, tan propia de Que no muera la aspidistra, desemboca en algo que ya se adivina en la mirada de un Javier Gutiérrez tan en estado de gracia que, cuando falle, los nerds vamos a parecer hinchas de Argentina con Messi. 

Álvaro no consigue escribir una historia realista -que no real-, de las que transmiten. Lo que le lleva en un delirio de autor como mano que domina su entorno, comenzando por sus vecinos. Hasta que acaba dentro de esas vidas, que es exactamente lo que hace su gemela francesa en al otro lado del espejo. Porque Amelie es un personaje oscuro y desesperante que se esconde en una sonrisa y una fotografía perfectamente calculada. Si en un mundo paralelo, con el paso del tiempo esas escenas en las que el Sol ilumina las calles las cámaras siguiesen grabando, todo decaería. El Sol pasaría a abrasar, hacerte sudar y llevarte a odiar hasta ese París al que me está llevando todo lo que escribo últimamente. Complejo de Gil Pender. 

Ninguno de los dos extremos de esta dualidad representa el bien o el mal. Ambos son el lado oscuro, el villano, la cara que ves en un espejo muchas mañanas y que ni forzando la sonrisa parece alegre. Ambos viven una oscuridad que camuflan a su manera. Por lo tanto, si pusiésemos a uno enfrente del otro se verían a sí mismos, sin saber que no lo son. Porque son dos seres encerrados en sí mismos que solo ven lo de fuera cuando deciden abrir la puerta para mover las fichas que necesitan que se muevan. 

“- Ya entiendo, le gustan las estratagemas .
– Sí.”

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