madre!: la Rebeca posmoderna

madre

Slavoj Zizek considera a Alfred Hitchcock como las manos que empujaron al cine moderno hacia el barranco del posmodernismo. Y este voló. Esta teoría se puede fundamentar con el reconocimiento de sus recursos en muchas de las obras actuales, entre ellas madre!, alargando la sombra del maestro hasta cubrir el mundo entero.

Con la llegada de dicho movimiento los homenajes, las influencias y los remakes se han convertido en una actividad practicada por todo el mundo. El running de los cineastas. Uno de los directores que más a la vista deja sus ejercicios de reproductibilidad es Darren Aronofsky, cuyos trabajos muestran todo tipo de similitudes con los de otros nombres propios del cine.

Si bien se reconoce en ellos el argumento de Perfect Blue de Satoshi Kon en Cisne Negro , La semilla del diablo de Roman Polanski o El resplandor de Stanley Kubrick asoman en este último trabajo por un desarrollo argumental encerrado una casa apartada del mundo. Pero nunca se añade a esta extensa y envidiable lista el nombre de Alfred Hitchcock. El “jefe de todo esto” está en todas las películas del mundo y madre! no es una excepción.

Sin embargo, los apuntes sobre cine que tomó Aronofsky basándose en las obras del británico no son los habituales. Mientras que títulos como Matrix, Misterioso asesinato en Manhattan, animaciones como Toy Story 2 o incluso series como Love y Los Simpson se encargan de emular los argumentos o mostrar planos idénticos para dejar clara su intención, el director americano ha escondido en el Antiguo Testamento el recorrido de una heroína luchando contra su destino. La misma premisa que propuso Hitchcock en 1940 con Rebeca.

Para entender el porqué de las coincidencias es necesario hacer referencia a Mary Ann Doane y su calificación de Rebeca como “cine de mujeres paranoicas”. Esta película tiene como protagonista a una heroína -en lugar de a un héroe- cuya fantasía da lugar a la historia y muestra un romance gótico de estrecha relación con la muerte. Esto supone una regresión al cine de los años 40 ya llevada a cabo por Amenábar en su obra más estudiada, Los Otros.

No todas las heroínas tienen nombre

En Rebeca, Joan Fontaine interpreta a una joven cuyo nombre no se pronuncia en ningún momento, por lo que acaba la película y esta incógnita no se nos resuelve. Este es uno de los puntos en común que tiene con madre!. Jennifer Lawrence interpreta a una mujer a la que tampoco sabremos cómo llamar.

Este trayecto narrativo de la heroína y que le sirve para buscar su identidad se basa en un “drama Edípico desde una perspectiva femenina”, explicado en palabras de la propia Doane. Esta idea es acertada, ya que ambas protagonistas tienen una relación con alguien que ya ha perdido a su anterior pareja y es de una edad superior a ellas. Una vez que entramos en la casa en la que se desarrollan ambas acciones identificamos varios puntos que se pueden considerar idénticos y que sostienen el planteamiento inicial.

Tanto madre! como Rebeca se sirven de un tipo de estructura argumental muy identificable en el cine de hitchcockiano. Se puede decir que ambas mujeres protagonistas buscan el matrimonio, viven en una casa gótica y piensan que su marido quiere asesinarlas o deshacerse de ellas. El deseo y la muerte son los temas principales, además de la atracción que la mujer siente por un hombre enigmático que le crea tanto miedo como curiosidad -masoquismo-.

Tal y cómo explica Núria Bou, sufren un enamoramiento liderado por la pasión que le genera a esta la atracción del hombre por la oscuridad y lo profundo. Por lo que su historia se basa en misterios y la intención de resolverlos, momento en el que podemos hablar de la “mujer investigadora”. El sufrimiento del trayecto es mostrado por ambos con primeros planos cortos, movimientos de cámara al hombro y planos secuencia en los que la expresión de sufrimiento se convierte en una tónica constante. Al sumar todos los aspectos, vemos como se lleva a las heroínas por el camino de la paranoia. Por lo que atraviesan fases de dramática, esposa, investigadora y víctima.

Además, el recurso de mostrar la situación final al inicio, dándole una sensación de círculo cerrado a la historia, está presente en ambas. A pesar de mostrar matices que las diferencian en este aspecto, me sirve como aspecto adicional para refutar mi idea.

La dualidad y las zonas prohibidas en madre!

Otro de los puntos en común de ambas obras es la representación de la dualidad femenina. En el caso de Rebeca, la protagonista se encuentra con un ama de llaves como es la señora Danvers, que representa el lado más oscuro y malvado del que ella carece. Lo mismo ocurre en madre!, donde el personaje principal se ve delante de una persona opuesta durante un tramo de la película. En ambos casos esta dualidad se representa con el contraste entre la ropa blanca de ellas y el negro de sus reflejos malvados. También se puede comprender esto al escuchar las voces, los lenguajes y el tono que utilizan. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza para explicármelo a mí mismo es el Arda del Atleti y el del Barcelona.

En el caso del trabajo de los años 40 se justifica con la invasión por parte de Fontaine a la casa dónde De Winter ha vivido con su pareja muerta y en el caso de la más jóvenes de las obras con la representación de Lawrence como madre tierra y de Michelle Pfeiffer -curiosamente también sin nombre- como Eva. Ante la falta del recurso de la crisis personal del personaje representado en escenas en las que Lawrence se mira al espejo, esta dualidad puede servir como placebo para identificar dicha crisis.

Otro elemento que relacionan ambos films es la presencia de una habitación prohibida en la que solamente entra el hombre. En ellas se encuentra el secreto en forma de recuerdo que no quiere compartir. Este cuarto acaba siendo invadido por la mujer, y aunque por circunstancias diferentes, representa un punto inflexión ambas historias.

Lila Crane como principio de todo

En madre! también asoma la barriga de Hitchcock por la similitud con otra de sus películas. La casa en la que todo se desarrolla tiene cuatro pisos y en ellos veo la teoría freudiana del SuperYó, Yo y Ello con algún añadido que le da ese aire fantástico tan habitual en las religiones.

Sirviéndome de la teoría de Freud, la planta baja de la casa es el Yo de los humanos, mientras que en el sótano se encuentra la ropa interior sucia y, no puede faltar en la religión, el fuego. El Ello. A su vez, en el primer piso se encuentra el SuperYó, la figura autoritaria y sus tesoros. Pero existe una planta más alta, que solamente aparece una vez y únicamente se encuentra en ella Bardem -Dios, artista o creador- en un par de escenas. Lo que se deduce como un recurso para posicionarlo por encima de todas las cosas. Algo así como un Gran Hermano de Orwell.

A lo largo de la trama vemos esa planta principal llena de gente que, a pesar de adorar al escritor, desvirtúa su obra y la utiliza para su goce personal. El Ello asciende incluso hasta la zona del SuperYó haciéndose con toda la superficie. La naturaleza se ve atacada por el humano y acaba muriendo al ceder, como muestra Jennifer Lawrence al bajar hasta el sótano.

Pero no solamente guarda esta relación con Psicosis. El propio título de la cinta ya evoca al diálogo de Norman Bates al descubrir que “su madre” ha asesinado a Marion Crane. Precisamente la hermana de Marion, Lila Crane, es la predecesora de la protagonista de la película de Aronovsky.

Sirviéndome de las palabras de Laura Antón en su artículo “La perspectiva Crane. La crisis de identidad femenina en Psicosis”, la mujer en su búsqueda de la felicidad se adentra en “una terrorífica fantasía sadomasoquista”.

Apoyándome en dicho texto he identificado a la protagonista de madre! como digna sucesora de Lila, ya que su camino la lleva a encontrarse a sí misma y lo hace traspasando una puerta. Aunque en este caso es un muro cuyas grietas esconden a su verdadero yo. Las señales que guían al espectador a esto son, en este caso, una bombilla llena de sangre que explota manchando el sótano y con la ruptura del muro, la rana escapando de lo que se había convertido su tumba.

 

Estas pistas se muestran a lo largo de la historia hasta que en el clímax -uno de tantos que contiene la película- la nueva Lila baja al sótano decidida a acabar con el caos. Y ese es el momento, el de la obtención del poder, en el que ve su verdadero yo, del mismo modo en el que la Lila primigenia cruz la puerta que le lleva a ver a Norma Bates, o mejor dicho a su cadáver, aparece.

Es necesario ver ambas películas -seguidas os véis con fuerzas, patatas y cerveza suficientes- para identificar cada uno de estos puntos en común. Porque el trayecto de la heroína es complejo y hacia años que un director no lo representaba tan bien como el rey del suspense, hasta que Aronofsky ha recogido el testigo. Aunque, recordad, si hay un autor que sepa “hacer extraño” lo más trivial, es Alfred Hitchcock.

 

 

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close

Síguenos