Las oportunidades perdidas derivadas de una elección terminan determinando el futuro de una persona. Para bien – o para mal – cada paso que damos a lo largo de nuestra vida ancla nuestros pies a un camino e impide que avancemos por otros senderos. Eso mismo debió pensar Takeshi Kitano cuando decidió dejar su faceta como cómico atrás y empezar a dirigir sus propias películas.
Porque si hay una palabra que lo defina es versatilidad. Poco queda hoy en día del Takeshi Kitano que llegó a España como presentador de Humor Amarillo. A pesar de alejarse de la comedia, el director nipón siempre mantuvo ese toque de humor negro aséptico pero divertido que inundaba algunas de sus obras como El verano de Kikujiro, Zatoichi o Hana-Bi, cinta con la que lograría ganar el León de Oro de Venecia (un premio que Japón no había ganado desde Rashomon de Akira Kurosawa).
Sin embargo, el carácter líquido de Kitano choca de frente con la cultura tradicional de Japón, tan proclive al estancamiento de ciertos símbolos. En plena época del manga y la modernización nipona, Daniel Gómez hace un repaso por los símbolos del Japón clásico, del que cada vez queda menos, en este diseño. Ultraman, Godzilla, Takeshi Kitano, el Torii o el Monte Fuji representan las raíces de una cultura que no para de avanzar.
Solo desde el vacío se puede entrar en contacto con la realidad y llenarse de ella. Para alcanzar ese vacío debemos ejercer el “no-pensamiento”.

DISEÑO/COMPOSICIÓN: DANIEL GÓMEZ


