José Ignacio Carnero: “No puedo explicar la depresión porque no soy médico”

mi madre me nombró heredero universal”

Ama

las formas de narrar también se heredan”

Hombres que caminan solos

Solo me concentro cuando leo. Ya no veo películas, tengo conversaciones de más de dos minutos ni cocino recetas de más de dos ingredientes. Solo cuando paseo, pensando en leer mientras voy y vuelvo del trabajo, me acerco un mínimo a ese estado de paz o tensión calmada. Mi serenidad es tensa. Hiperactiva. Me paso el día pensando en que por lo menos, cuando llegue a casa, me voy a sentar a leer un rato. Llego después de las doce de la noche, dejo chats de Wahtsapp sin contestar, varias cosas por hacer y leo. Me he dado cuenta de esta rutina leyendo Hombres que caminan solos (Literatura Random House) y no sé si es porque algo no va bien o simplemente estoy dentro de una nueva obsesión.

José Ignacio Carnero escribe desde la estructura clásica. Tanto Ama como Hombres que caminan solos siguen narrativas sencillas que no buscan aportar nada nuevo a la literatura porque escribe “sin ninguna intención de tesis, simplemente me gusta escribir”. Pero también se vale de elementos que rodean a nuestra generación para guiar sus historias. En algún momento de Hombres que caminan solos libro aparece La noche del cazador y me imaginé la depresión como la escena de los niños recorriendo el río en mitad de la nada. Dentro del bote estás a salvo porque fuera hay una amenaza aunque no sabes dónde. ¿Cómo se sale de eso?

No puedo explicar la depresión porque la novela no es un ensayo y yo no soy médico”

Estoy en contra de las entrevistas. Estoy en contra de aburrirme, aburrir a quien entrevisto y aburrir a la gente que nos lea. No me gusta hacer preguntas porque no me gusta que me las hagan, te desvían del libro. De ahí parte nuestra conversación mientras busco una forma que no nos llevara a la utilidad de este texto, si no del suyo, y la encontramos en cuatro figuras que unen sus dos publicaciones: madre, padre, Laia y Tinder.

Ama aparece constante pero tímidamente a lo largo del libro. Como una forma de guiar al lector sin condicionarle. “Se pueden leer Ama y Hombres que caminan solos como dos libros totalmente independientes”. También se puede leer como un apéndice uno del otro, ver Hombres que caminan solos como una nota a pie de página de Ama, como si en una de las frases del uno apareciera un asterisco que te lleva al otro. Esa prolongación viene de la idea de herencia, la que no se puede rechazar. Así es como el vacío del protagonista de su segundo libro se llena con la figura materna del primero y esa reducción en el círculo de confianza da lugar a la fragilidad.

Con el narrador hago algo extraño, porque si con la primera venía impuesto que yo fuera quien cuenta la historia porque es mi madre, en la segunda decidí continuar con la misma voz y todo se ordenó. La herencia de la que hablas viene impuesta por esa herencia que decido utilizar manteniéndola, sino la historia hubiera sido otra. El personaje del padre si muestra unas diferencias claras en esta novela. En la anterior mi madre era mi madre y en esta el padre es un padre que creo tomando cosas del mío pero que es totalmente ficción”

El padre es la figura principal del libro sin ser protagonista porque representa la otra forma de ser hombre, la figura que encarna ese amor distante y contrasta con la búsqueda que el hijo tiene del amor. Ese contraste se entiende bien con la forma de conducir o de hablar mientras viajan (Hombres que conducen acompañados) hasta que la distancia física y emocional se reduce a lo que ocupa una palanca de cambios. Ese vacío separa al padre del hijo para acabar uniéndoles. Como en Hombres con un diente de leche: no soy tú, no quiero ser tú, pero te quiero, quiero que seas mi padre y romper esa distancia.

La ausencia genera una nueva dependencia que ambos acaban por asumir como mutua y descubren que su amor, se desarrolle de una forma u otra, existe. Es importante porque se encuentran en una situación en la que sus dos mundos no chocan. Las certezas de uno y las dudas de otro se complementan porque ambos están perdidos y “aunque no tienen nada que ofrecerse ni cosas que enseñarse, existe algo certero que les junta”. Asumen que la no presencia de una mujer que se ha encargado de abarcarlo absolutamente todo y les guiaba evidencia la incapacidad de amar, les convierte en seres cómicos cercanos al patetismo. Olvidamos las relaciones entre padre e hijo llenas de psicoanálisis y vemos como se quieren, “se hacen compañía y tratan de amar como pueden, que es una forma muy torpe porque vienen de un mundo de ideas antiguas pero se guían hacia la emoción”.

La relación entre caminar y el estado mental de cada momento es directa. Carnero define la ansiedad como andar en círculos y creo que es la mejor forma de hacerlo. Desde la simpleza de un cliché, sin adornar la vida entre ansiolíticos, alcohol y aislamiento:

Ansiedad = Andar en círculos

Depresión = No andar

Amor = Andar en pareja

Búsqueda = Andar solo

Dentro de estas variables se podría desarrollar teorías que generan otras: Andar en pareja después de beber, hacerlo solo, buscar en el otro o amar en círculos. Laia aparece para romper ese bucle y gana peso a medida que conocemos que en varios momentos es esa la relación que sujeta al protagonista con el exterior. Cuando tocar fondo para volver y contarlo se retrasa porque siempre acaba apareciendo. Pero, aun así, el movimiento como constante es insoportable. Nada se paraliza aunque estemos quietos y ambas formas de movimiento (la voluntaria y la impuesta/ sana e insana) confrontan.

Incluso en una situación de depresión hay movimiento estático, está en tu cabeza. La depresión no solo es un estado de quietud e imposibilidad, el movimiento está en los pensamientos. Y la ansiedad es pura electricidad. La depresión es un atentado en contra del mundo, del capitalismo y casi de las fuerzas de la naturaleza. Porque te aíslas, te paralizas y paralizas tu cuerpo, pero no tu mente. Por eso existen los ansiolíticos, buscan detener ese movimiento”

Jugar a Tinder en una ciudad pequeña es muy distinto a hacerlo en una ciudad grande igual que lo es caminar. Los límites geográficos marcan las pautas diarias y hacen que no solo estés encerrado en casa, sino en un trozo de tierra que se reduce hasta encogerte a ti también. La virtualidad desvirtúa esa claustrofobia mucho más cuando la utiliza una generación que ha eliminado la estabilidad y el amor eterno (pero no el romántico) de su imaginario. Tinder no ha cambiado las relaciones porque estas ya habían cambiado antes.

Me divirtió escribir esas partes. La posibilidad de ubicarte en otra parte del mundo y comunicarte con esa gente, aburrirte, cansarte, irte a otro lugar. Ese roll protagonista de las relaciones como las vivimos ahora viene de un cambio previo que se resume en la muerte de la institución del matrimonio o la pareja estable para toda la vida y se multiplican las relaciones sentimentales. Es fruto de la época y no al revés”

Conocerse por Tinder no es lo mismo que conocerse en un bar o en el trabajo. La historia de Hombres que caminan solos está condicionada por las relaciones virtuales y esas “consecuencias que tiene lo que introduces en la novela” cierran el círculo que expone Carnero en un escenario que se entiende mucho mejor después de una cuarentena en la que todas las relaciones han sido virtuales ya sea con conocidos o con desconocidos y “todo a través de su identidad digital, que conecta con la real”. Lo que también ha facilitado el asumir esa dualidad explicada en el libro.

Y después de leer te preguntas por qué puedes estar enfadado pero no triste. Por qué puedes mostrar tu enfado pero la tristeza incomoda a la gente. Por qué “échale huevos” o “tú lo que tienes que hacer” siguen considerándose consejos. Por qué la vulnerabilidad es un problema si la testosterona es ridícula. Por qué la fragilidad te obliga a estar en silencio si genera tantos ruidos molestos. Por qué el amor es tan maravilloso pero tan difícil. Por qué no se puede plantear como única salida. Por qué cuando se acaba el resto de cosas que iban mal siguen existiendo. Por qué tengo que ir a trabajar. Por qué no puedo leer un rato más si es lo único que pido. Por qué andar por esta ciudad tan pequeña es como andar en círculos.

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