Hércules – Castellón: Gol de Ulloa

Domingo 11 del 11. Se juega otro partido en el Rico Pérez en el que otra persona que no soy yo usa mi abono. Lo pago, pero no lo uso. Ya no distingo entre partidos en casa y fuera, porque los sigo todos por la radio y Mis Marcadores desde el exilio. El derbi que se juega hoy es el de los goles del que lleva toda la temporada sin marcar, las cantadas de las defensas, el colista ganando al líder, el líder goleando al colista. Es el derbi de Ulloa clavándome alfileres entre la carne y las uñas.

Hace ocho años que el que Castellón no pisa el césped del Hércules. Es imposible olvidar la temporada del año 2010. La del ascenso. La de las llamadas, goles de los que te marca la CPU en el FIFA, un equipo ganador y un derbi de líder contra colista que acaba como todos sabíamos que iba a acabar. Gol de Ulloa. Y aun así no hay un odio entre ambos que trascienda más allá de los gritos de rigor durante el partido. En Castellón odian -comprensiblemente- el parque de atracciones que es el Villarreal y en Alicante -con menos razón, pero algo tendrán- odian todo lo que no es de allí.

He vuelto a leer Infrafútbol, de Enrique Ballester. Las previas de los partidos no son lo mismo sin gente llamándote un domingo a las 9 de la mañana, en punto, clavadas, sin falta, sin remordimientos, con orgullo. El partido puede ser por la tarde, pero hay que quedar para comer y preparar el choque. Tenemos que dejar claros los cambios que haríamos, los titulares, el sistema de juego y la estrategia. El tiempo que tarda en calentarse la pizza en el horno y se enfría la cerveza mientras te bebes la primera lata prácticamente caliente por ansia. Ese es el ideal para dejar claro todo eso y pasar a recordar el gol de Ulloa. Ese que llevo toda la semana contándole a gente ajena a mi obsesión y que les hace reír. “¿Ulloa, el del Leicester?”, preguntan. No, el del Castellón, que son el mismo. O no.

En el último derbi mi padre todavía venía conmigo al fútbol. Luego me hice mayor y él decidió que ya no le necesitaba. Y aunque ir con amigos es un ritual que disfruto, se equivocaba. Mi padre me cogía del brazo para que no me levantase a decir tonterías y me adelantaba los goles del rival aunque pareciera estar distraído leyendo el librillo que dan en la entrada del campo. Ahora le he impuesto la obligación de salir de casa cada dos domingos y hacer uso de mi abono. Luego le pido una crónica del partido, dice “como siempre, qué aburrida es la Segunda B” y me cuenta las tonterías que ha hecho alguno de mis amigos.

Hoy no juega Ulloa. Eso me tranquiliza hasta que pienso en que el Castellón siempre va a ser el Castellón y el Hércules, aunque tenga la esperanza de que siga siendo Heráclito, puede volver a su versión desactualizada. Porque podemos volver a ser líderes. Estar en lo alto es más deseperante que perseguir al que lo está, porque el año se hace eterno para el que preside la clasifición. Los Hércules-Castellón son como Donnie Darko y, puestos a elegir, quiero ser Frank. Hoy vuelvo a escuchar el partido por la radio mientras mi asiento es para mi padre.  Por eso le tengo el mismo miedo a Cubillas, Khaloua, Máyor y Acevedo -la ley del ex, no falla- que le tenía a Mantecón y al delantero que también nos metió gol estando en el Almería, el que luego se fue a la Premier y la ganó. Me alegré por él, se le coge cariño a esos jugadores que te dan disgustos. No sé por qué. Espero que lo de Roncero luciendo la camisera en El Chiringuito no nos gafe. Toco madera. Firmado un no supersticioso.

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