Se acercaba el fin de una época que no sabía si había sido capaz de apreciar como se supone que se debe de hacer y, como soy un cobarde por naturaleza, me aferré al recuerdo de épocas lejanas, por una u otras circunstancias, en las que se junta tanto la añoranza como la tristeza y la sensación de no haber sabido vivir. Era algo totalmente incongruente conmigo mismo, algo que me agobiaba y encerraba y, sin embargo, no podía dejar de pensar en aquellos ojos de alguien que ya no recuerdo, en aquellos días felices que ya no recuerdo o aquel momento, tan feliz y tan triste, en el que uno no sabe dónde está la realidad y la ilusión. Vivir no se sabe y no se enseña y no se puede llegar a alcanzar, porque cualquier cosa que se siente está parcelada y fragmentada en diferentes categorías o estadios o planos que, llegados a un punto, se pierden y se resbalan por entre nuestros dedos. Es todo tan triste…me resulta tan fácil sentirme avocado a la derrota por la inmensidad de cualquier cosa…
Ya jamás seré poeta o artista o músico o yo. Ya jamás seré, porque ser implica una sujeción a algo, y yo no quiero sujetarme sino por la desdicha de tener que alimentar un cuerpo que no se corresponde con lo que de verdad soy, viviendo en un lugar que no se corresponde con nada que deba existir mientras todos los días los árboles viven y mueren de nuevo desde sus huesos hasta su cabeza repleta de pensamientos grises en sus hojas y en sus brazos y en la tierra que nos desprende para luego volver a ahogarnos. Y, si eso es así, ¿Qué sentido tiene que yo haga nada? Podría morir cientos de miles de veces, siendo otra cosa encerrada en otro cuerpo que nunca correspondería con nada que tenga que ver con lo que hay dentro de mis pensamientos. No sería yo, pero tampoco sería menos yo que ahora que lo soy. No importaría que viviese o no. No importa nada de nada y todo seguiría en el punto exacto, en ese en el que los automóviles se siguen desplazando a los mismos lugares de siempre y los ojos, los labios y las largas cabelleras femeninas se siguen preguntando qué es exactamente lo que han venido a hacer aquí, cuando no han venido a hacer nada y probablemente ni siquiera nadie haya ido a ningún sitio.
Hace un par de semanas murió el padrastro de Scherzo. Era un tipo joven, pero todas esas cosas, a veces, incluso dan igual. Cuando llegué al trabajo aquel día me enteré porque él no estaba y porque toda el ambiente se llenó de una atmósfera extraña en la que, aunque no sabía nada, sentía todo. Mi jefe me lo dijo muy preocupado y Bud estaba realmente jodido. Era el padrastro de su mejor amigo.
Yo sólo podía recordar lo bien que lo habíamos pasado la noche anterior, bebiendo vino y celebrando algo que no recuerdo ahora mismo mientras Scherzo, Charles y Lope picaban rayas de coca y las introducían por sus narices y después gritaban, saltaban y contaban historias de lo más increíbles y locas sobre ir con padrastros de algunos de nosotros a pillar marihuana y acabar bebiendo copas y fumando pericos y porros en un burdel clandestino, y todos reíamos mientras escuchábamos a Billie Holiday cantar por los altavoces con la voz más dulce que nunca nadie ha tenido, pero ahora había muerto el padrastro del Scherzo y todo eso de lo que acabo de hablar no importaba, porque la tristeza siempre devora a la felicidad y un día triste puede acabar con una vida más o menos feliz en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento.
Pasé todo el día en el trabajo totalmente en silencio e intentando recordar cómo era ese hombre, puesto que nunca lo había visto, e imaginándome toda la escena sobre la que, en realidad, no sabía nada de nada. Igual todo el mundo e igual que lo que se sabrá en el futuro sobre todo esto. Lo único que sé que es real que recordaré de ese hombre al que nunca vi será la imagen de Scherzo fumando en la puerta del velatorio diciendo que la familia de ese tío probablemente los desahuciaría, a él, a su madre y a su hermano, puesto que la casa en la que habían estado viviendo esos últimos 5 años, era de él. Movidas muy jodidas. Estuvimos con él hasta las 4 de la mañana.
Al día siguiente fuimos unos amigos al bar a tomar unas cervezas después de un día realmente malo y apareció él. Habían esparcido las cenizas de ese hombre por ahí. Yo sólo pensaba en lo realmente fácil que era desaparecer en un mundo en el que nadie es realmente nadie, en el que la gente no se puede conocer a ella misma nada más que a través de las imágenes que ven de ellos mismos y en todo lo limitado que es vivir y vivirse.
Estaba dejando de escribir pero, ¿Qué importancia tenía nada de lo que me pasase a mí? Y sin embargo lo necesitaba, aunque no podía. Todo lo que me rodeaba se parecía mucho a eso. Cada uno de nosotros nos componemos de infinitos universos polinésicos tan lejanos para nosotros mismos que nos resultan ajenos. Por eso es tan ridículo el hecho de pensar que nos merecemos algo de lo que hay aquí. Si pudiera conocer con certeza que es real lo que en verdad siento… pero ahora sé que nada de lo que pueda pensar es realmente una verdad, porque está compuesto de tantas cosas que al final se difumina en la generalidad de la falta de matices, en la sombra de de la composición y no en la misma.
Esta noche saldré de trabajar y tendré ganas de ver a Teodora y de ir junto a mis amigos a nuestro lugar favorito, pero sé que eso no va a suceder, y que pasearé e iré andando hasta casa sin nada más que pensar salvo que, en realidad, solamente soy un tío más que se vuelve loco mientras está solo, pensando en el pasado y en un futuro que jamás va a suceder, rodeado de cosas que jamás han sido reales del todo, como yo, como Teodora, como mi propia vida, como las palabras que surcan los ojos verdes y azules de la gata que cada noche se introduce en mis pensamientos, y que no está aquí ahora porque en realidad no existe.
Scherzo, a día de hoy, se encuentra bien y está como siempre. Ha pagado todas sus deudas y, hasta donde sé, sigue viviendo en aquella casa. Es tan absurdo entender que vivimos en el absurdo…
Me gusta el arte, además de eso existo. Escribo sobre el ser humano y sobre mí. Todo es realidad en la farsa.


