Cuando ganó el Rayo Vallecano

El Rayo Vallecano-Albacete de la 19-20 fue un partido que se alargó durante meses y meses. Todo empezó cuando Zozulya, jugador del Albacete, se molestó porque le llamaran nazi. Yo también me molestaría, llamar nazi a alguien es un insulto considerable, reservado a poca gente por la tremendísima infamia que conlleva. La diferencia es que yo no soy nazi.

Como dicen en la película: “estoy a mil jodidas millas de ser un nazi”. Lo dejo clarísimo habitualmente cuando digo frases de extraordinaria ordinariez como: “no me parece bien que usted trate mal a una persona por ser negra”. Esa frase no la digo tanto porque apenas tengo contacto con semejante clase de persona, no obstante, también estoy a mil jodidas millas de ser un nazi cuando empiezo una frase diciendo: “no sé si eso si eso no iría en contra de la justa separación de poderes que necesita un Estado Democrático”. O cuando trato a mi pareja (que es una mujer) como a la igual que sin duda es respecto de mí. También estoy a mil jodidas millas de ser un puto nazi cuando respeto e intento hacer respetar en la medida de mis posibilidades la Constitución Española, que observa que nadie ha de ser discriminado por una serie de razones. La Constitución tiene algunas salidas geniales.

Yo soy de origen europeo con ciertos rasgos del sur de España, lo normal sería que tuviese una ascendencia judía. Según la Constitución, nadie me puede discriminar por ello. Ni a mí, ni a nadie que sea igual o diferente a mí. Me parece una cosa impropia de la barbarie humana que hayamos sido capaces de ponernos de acuerdo en eso. Y el caso es que Zozulya tiene ciertas fotos que hacen que, por lo menos, parezca un nazi. La grada de Vallecas, que es puntiaguda, llamó a Zozulya “nazi”. Y esto, por lo que sea, no le gustó al árbitro, que suspendió el partido.

Quizás Zozulya no sea un nazi y hayamos hecho el idiota. No obstante, todo apunta a que Zozulya, efectivamente, es un nazi. A veces es difícil reconocer a los nazis porque ya no llevan uniforme. Tienen que hacer “cosas nazis”. Pegarle a alguien, maldecir a alguien, escuchar La Cabalgata de las Walkirias con una furia entusiasmada… Mi amigo Sidi, por ejemplo, es Saharaui. Es mucho más sencillo reconocer que Sidi ha nacido en el norte de África que reconocer a un nazi. Hablando del norte de África, ¿se acuerdan cuando a Dani Alves le lanzaban plátanos bajo el pretexto de que, al ser negro, era un chimpancé? En ese caso estaba más claro. Podemos discutir que Dani Alves sea negro o mulato, lo que está claro son dos cosas: no es de origen europeo y no se suspendió el partido. El partido estuvo a mil jodidas millas de suspenderse y eso me da que pensar.

Zozulya apoyó tal y cual cosa que, vaya, coincide bastante con lo que apoyan los nazis ucranianos -probablemente los nazis ucranianos, a pesar de ser nazis, tengan un rango inferior a los nazis de, por ejemplo, Estados Unidos. Y se tendrán que joder porque, ¡ah, amigo! Más o menos en eso consiste ser un puto nazi-, también se hizo una foto con un marcador que había quedado 14 a 88. Dos números que, por lo que sea, a los nazis les gustan.

El 14 es el número de palabras que dijo un puto nazi -que no tiene ni la decencia de esconder que se un nazi-. Palabras que no reproduciré. El 88 hace referencia a que la “h” es la octava letra del abecedario y al líder de los nazis se le saludaba con dos palabras que empezaban por la letra “h”. Pudiera ser una casualidad, no lo niego. Cruyff y Guti jugaban con el 14 y no parece que hayan sido nazis. Thierry Henry también, y era negro. Muy mal se nos tiene que dar para que Henry sea nazi. En cuanto al 88, bien: era segundo de bachillerato y a mí de toda la vida me gustó jugar con el 8. Pero mi amigo David, que llevaba en el equipo más tiempo que yo, ya se había cogido el 8. Y yo quería jugar con el 8. Pues nada, tuve que coger el 88 porque si algo tenía claro es que el 8 me gusta. A los meses llegó mi amigo Lucas y me dijo que si sabía qué significaba el 88. Todo el mundo tiene derecho a ser tonto, yo mismo me he acogido al derecho a ser tonto en innumerables ocasiones. Lo que sucede es que yo nunca he sido tonto y nazi porque, como ya he dicho, estoy a mil jodidas millas de ser un puto nazi.

No es el primer futbolista fascista que ha existido. Conozco el caso de al menos dos: Di Canio y Abbiati. Di Canio saludaba habitualmente de una forma muy extraña. Abbiati dijo que él no era fascista, pero sí que era ordenado. El orden no tiene porqué ser fascista, relacionar el orden con que todo el mundo sea como a un señor le salga de las lumbares, sí. Volviendo al fútbol: ambos futbolistas son italianos y calvos. A) Es italiano; b) Es calvo; C) es futbolista. Ergo: d) es fascista. Ese sería más o menos el silogismo. ¿Mi amigo Paolo es fascista? No, es italiano y es futbolista, pero no es calvo, ergo, no es fascista. Yo fui futbolista no profesional, y me voy a quedar calvo, pero no soy italiano, ergo, no soy fascista.

La FIFA, por otra parte, lleva sacando spots contra el racismo muchos años. Claro, que si sacas spots contra el racismo y a la media hora tienes a una persona significando que, si fuera por él, lo de circuncidarse es que ni por operación de fimosis, pues a lo mejor nos estamos encontrando con una contradicción tan alta como Nwankwo Christian Kanu, que fue un futbolista nigeriano del Arsenal que pesaba setenta y ocho kilos y medía ciento noventa y ocho centímetros, todo lo anterior de origen africano.

Recuerdo cuando todo el Estadio Benito Villamarín le cantó “Gordo” a Ronaldo Nazario. La mayoría de las veces, la condición de gordo incapacita para jugar bien. A Ronaldo la condición de gordo le daba un aspecto simpático. Cinco minutos después del cántico, Zidane mete un balón al hueco y Ronaldo se queda solo delante del portero Contreras. En un momento dado, parecía que Ronaldo se había quedado sin carrera y sin hueco para chutar, y así era, pero el brasileño hizo una bicicleta hacia la izquierda, dejó a Contreras con un palmo de narices y metió gol. Y mi padre dijo: venga, a seguir llamándole gordo. Dicho eso, ser negro no te hace ni mejor, ni peor futbolista, a diferencia de ser gordo.

Ronaldo pudo reivindicarse metiendo goles, no obstante, quien sufre de racismo está indefenso, no tiene donde agarrarse a otra cosa que no sea su dignidad, ni siquiera a su talento, como hizo Ronaldo. Y el caso es que jamás se ha suspendido un partido porque alguien sufra los insultos racistas de la grada. Jamás. Si Zozulya no fuera nazi y un estadio le dijera semejante cosa, no me importaría la sanción. El insulto me resulta repugnante. Lo malo es el agravio comparativo: que hay razones fundadas para poder decir que Zozulya es nazi, es decir, que cuando la FIFA saca un anuncio contra el racismo es por gente como Zozulya; que se comporta como el imbécil que le tiró un plátano a Dani Alves, como los que hacían “uh, uh, uh” cuando se querían meter con Eto’o o quienes le hicieron la vida imposible a Balotelli.

En definitiva, que si uno saca un spot para antes de los partidos de Champions con Pogba y Neuer diciendo “no al racismo”, a lo mejor lo que tienes que hacer, directamente, es mandar a todo aquel que sea un puto nazi al lugar del que nunca debió salir: su puñetera caverna. Ya sea jugador o aficionado, su sitio no es el espacio público que pretende destruir. Si no, poner a Neuer (alto, rubio, alemán, caucásico) junto a Pogba (que es negro) es una pretensión hortera o lo que es peor: la utilización de Pogba para lavar la imagen y hacer como que aquí no pasa nada y el fútbol es el perfecto reflejo del sueño olímpico.

Así que me alegré mucho cuando el Rayo ganó aquel partido. Y, por la justicia poética que representa, me alegro de que Balotelli lograra ponerse la camiseta azzurra en las competiciones más importantes del mundo, defendiendo así su nación (y tal, y tal), y de que Di Canio, que al final fue un futbolista mediocre, ni se imagine qué es jugar un mundial con Italia.

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