La incomodidad. Parte 2

*Nombre: M

*Edad: 19

*Lugar: ?

*Ocupación: pensar

*Intereses: leer

*Miedos: alergias

*Creencias: en lo escrito

*Hambres: papas, agua, azúcar, té, café, zanahorias, papaya, plátanos

*Le gusta: pensar en el tiempo sobre las casas abandonadas: el tiempo es de verdad, cae del cielo y se posa y no se deja tocar; el tiempo destroza y no se deja tocar. El abandono es el tiempo. El abandono es la verdad

*Le pasa: ¿mirarse es verse? ¿Verse es mirarse? M se sienta en el sofá. La piel del sofá mueve la piel de M. La piel de M está seca. Se toca. Está seca. Las manos son ásperas y las piernas tienen vello y las rodillas, marcadas, se agrietan. Se toca y se toca y se toca: toca la calle, las fachadas, las pencas que revolotean en el camino a casa y la basura que trepa las pencas, latas de Coca-cola que son monos y que son lagartos y que son árboles. Los dedos acarician el sofá. El sofá es suave y tiene bolitas y las bolitas se aprietan con las yemas: las bolitas masajean las yemas. M arranca las bolas. ¿Mirarse es verse? ¿Es su cuerpo o es el sofá o es la casa o es la calle o es la ciudad o es la isla?

No sabe: se araña

*Más cosas: late por la noche.

Se apoya en la oreja y la oreja es una batería y todas las canciones que ha escuchado se repiten, se repiten, se abren, enseñan el polen, la hacen estornudar.

Achís.

Crea aire.

Intenta mirar la pared del bar: en el mural, una mujer come uvas verdes y bebe café. Intenta mirar el café. O pensar en el café. O imaginar el café. Y una multitud de latas de Coca-cola se le sube al estómago y le corta el estómago y hace que le duela el estómago. Y el cuello. Y la costura de las bragas. Y la saliva. Puede ver; no puede mirar. Si no puede mirar, no puede ver. Si no puede ver, ¿puede vivir?

No es morirse de dolor: es morirse de cuerpo. Está aquí. Se araña

*Otras cosas: en La amiga estupenda de Elena Ferrante, Lila les pregunta a los chicos qué es lo que quieren de ella. ¿Qué quieren de mí?, dice. Yo, cuando estoy con gente, quiero decirles lo mismo. Quiero decirlo con su mirada entre los ojos. La de él. La que me soplaba cuando encendíamos el ordenador y yo quería hablar con mis amigas y me apagaba la pantalla. Presionaba el botón con el dedo índice y la imagen se borraba y mi cara se reflejaba en el cristal negro. De repente, yo tenía cara. No quiero describirles mi cara. No quiero que piensen en mi cara. No quiero que piensen en cómo era mi cara cuando él, grande, sucio, mojado, me apagaba el ordenador; no quiero que piensen en cómo era mi cara cuando él, con el mismo dedo, hundía mi cuerpo. Cuando me agujereaba. No quiero que piensen en cómo era mi cara cuando respiraba entre su mano y el cojín y me daba alergia y me pasaba la tarde llena de mocos y olvidando que el dolor me cosía las nalgas.

No quiero que lo piensen. Una aguja cerrándome las nalgas.

Ese era mi cuerpo.

El agujero era mi cuerpo.

Otros cuerpos son verdad; mi cuerpo es una palabra, una palabra, una lata de Coca-cola que, espero, alguien desclavará de la penca

*Más: ni en sus brazos. Ni en sus piernas. Ni en sus pies. La intimidad es cerrar los ojos y olvidarse. Piensa: soy una cosa y por eso me impido y estoy y todo eso. ¿Un cuerpo violentado es el mismo cuerpo? ¿Y un cuerpo enfermo? ¿Y un cuerpo demasiado? ¿Y un cuerpo poco? ¿Y los otros? ¿Son esos los que se sienten a sí mismos como bolsas de piedras y se hunden en el agua y hacen pedorretas con los sobacos y se mean de risa pero después se ponen tristes porque les duele el tabique de la nariz? ¿Son esos los que saben que no pueden? ¿Son esos los que no lo intentan? ¿A los que les está prohibido intentarlo? ¿Es el mismo cuerpo un cuerpo que sabe que es un cuerpo? No una herramienta, no un lenguaje, no un vehículo: un cuerpo que cambia como las casas abandonadas, sin que nadie se entere; un cuerpo con brazos y con piernas y con cara y que se puede tocar, y que se puede comer, y que existe y está solo.

No M. El cuerpo de M.

Llora; se atraganta

*Dice: soy el sitio en el que lo que soy se muere. Soy una flor que es una mano y se arranca. Arrancar una flor es tirarse de los pelos. Tirarse de los pelos es borrarse. Y eso

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