Adrián Grant: “Estaba dando consejos a multinacionales para que pagasen menos impuestos y escribirlo me ayudó”

“En resumen lo digo, entiéndelo mejor:
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor;
toda cosa del siglo se hace por su amor.”

Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor (siglo XIV)

“Todos parecían coincidir en un asunto clave: el dinero era el motivo.”

Adrián Grant, Nada ilegal, nada inmoral (2020).

Aquí nunca pasa nada.

Al entrevistador le gustaría comenzar el texto diciendo que mientras espera en el Café des Capucins, en plena ciudad alta de Luxemburgo, un paisano se ha liado a trastazos con otro a cuenta de las últimas corrientes estéticas en boga o que un eurócrata ha apartado por un segundo su socarronería para ponerse sentimental. Pero por pasar no ha pasado ni que el camarero cometa un desliz: todo lo contrario, te atienden servicialmente en francés o en inglés. Est-ce que je peux avoir un expresso? Bien sûr, Monsieur.

No hace falta afinar el oído para que a uno se le cuelen de rondón una retahíla de conversaciones en distintos idiomas europeos: italiano, portugués, griego, luxemburgués… Y ahora que ha llegado Adrián Grant (Madrid, 1988), asesor fiscal y escritor, el español se suma al discurrir de la cháchara en la terraza. Un bordoneo dulce, un pandemonio domesticado de lenguas. El entrevistador y el entrevistado comienzan poniéndose al día con las preguntas intrascendentes de siempre entre expatriados. ¿Cuánto tiempo llevas en el país? ¿A qué te dedicas? ¿Te gusta? ¿Te importa que fume? Puto clima, chico. Entonces el entrevistador espeta…

…qué le puede importar a un potencial lector español un libro ambientado en Luxemburgo? El noventa por ciento de nosotros no sabíamos nada del país antes de mudarnos aquí.

Lo interesante es ver cómo viven los españoles en una ciudad en el extranjero, cómo se ganan la vida, cómo socializan y se divierten… Aquí hay muchos españoles que vinieron a trabajar después de la última crisis, gente que no encontraba trabajo en España.

En tu primera novela, Nada ilegal, nada inmoral (Caballo de Troya), el detonante de la acción es la filtración a la prensa de unos documentos que prueban acuerdos entre las autoridades luxemburguesas y varias multinacionales para que estas últimas paguen menos impuestos. ¿De dónde te surgió la idea de escribir este libro?

Yo estaba trabajando entre los años 2014 y 2016 en Luxemburgo cuando ocurrió un escándalo similar al que cuento en el libro. Entonces me empecé a preguntar cómo estarían gestionando el asunto los jefes de la empresa. Pensé que el tema podía dar para una trama de detectives, pero al final lo utilicé como excusa para hablar de los personajes del libro, desarrollar sus ideas, ver su día a día.

Me llama la atención la falta de un sentimiento de culpabilidad entre los personajes.

Cuando estaba trabajando como asesor fiscal lo comentaba con la gente. Me preguntaban que qué estaba haciendo, que si creía que el mío era un trabajo que estaba bien, porque, en gran medida, estaba dando consejos a las multinacionales para que pagasen menos impuestos. Descubrí que en vez de afrontar el dilema seriamente me intentaba justificar muchas veces, trataba de dar vueltas al asunto de una forma que me dejase en buen lugar. Mucha gente reacciona así cuando hace algo que piensa que puede ser incorrecto: como tienes que vivir tu vida y nos vas a estar atormentándote, lo racionalizas y ya está. Me estaba poniendo trampas a mí mismo para no reflexionar sobre el tema y escribirlo me ayudó a despejar las ideas.

Además de la descripción de la vida de la colonia española a lo largo de un fin de semana y las dudas que persiguen al informático belga encargado por la compañía para descubrir al filtrador de los documentos, intercalas el texto con monólogos interiores de los tres jefazos del departamento de asesoría fiscal. Uno de ellos dice que son juzgados en términos morales, “cuando nadie puede explicar cuántos impuestos debería pagar una empresa”. Y se pregunta: “¿Es justo pagar un treinta por ciento, un veinte, un diez? ¿Qué cantidad es óptima desde un punto de vista moral? (…) ¿Qué grado de cumplimiento es el óptimo? ¿Y cómo se cuantifica?” Al final dice que ser moral es cumplir la ley. Ellos no han incumplido ninguna y yo, que no tengo ni la más tibia idea de economía y de sumar más allá de diez, en ciertos puntos me repetía el mantra de la empresa: aquí no hay nada ilegal ni nada inmoral.

Yo sí que creo que utilizar la asesoría fiscal para pagar menos impuestos de los que en teoría deberías, lo que el espíritu de la ley dice o la sociedad espera de ti no es honesto, aunque puedas o aunque te veas obligado a ello. También es verdad que las multinacionales compiten, por lo que no reducir tu carga fiscal puede resultar en una situación de desventaja con respecto a las otras. Pero a mí no me parece correcta la elusión fiscal.

¿Los impuestos son una cuestión ideológica como dice la cita de Foster Wallace que acompaña el libro?

En parte sí. La opinión de una persona sobre ellos, sobre quién debe librarse de pagarlos o si cree que hay que subirlos o bajarlos dice bastante de cómo piensa políticamente.

Cambiemos de tercio. El tema de los expatriados puede dar para muchos libros.

Cuando me surgió la idea de esta novela, me interesaba ver cómo se escribía sobre la vida de los españoles fuera. Empecé a buscar y vi que al principio no había muchos libros. Leí varios: Cambridge en mitad de la noche de David Jiménez Torres, Cabezas cortadas de Pablo Gutiérrez o, algo posterior, Fuiste el rey de Fernando Ariza, sobre una pareja en Bruselas. Luego han ido saliendo más, entre ellos uno ambientado en Ámsterdam que tengo ganas de leer: Europa Automatiek, de Cristian Crusat.

En tu caso, describes el día a día de un grupo de españoles durante un fin de semana.

La idea era que, aunque ocurre el robo de documentos y que esto les debería hacer pensar, al final no les importa nada. Se describe un fin de semana normal en el que les preocupa ligotear y salir por ahí.

Me dices que comenzaste a leer otros libros y te documentaste un poco con lecturas modernas para escribir la novela ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Empecé a tomar notas un poco a lo loco cuando estaba todavía en Luxemburgo, en 2015: escribí algún párrafo suelto, alguna descripción de la oficina, etc. Entonces me cambié de trabajo y me mudé a Ámsterdam. Empecé a hacer un trabajo de tipo académico, en una base de datos en la que publicaba noticias y contenido sobre fiscalidad. Como tenía más tiempo libre y estaba en una ciudad en la que no conocía a nadie, empecé a hacerme un horario de trabajo en el que me despertada una horita más pronto por las mañanas, antes de empezar a trabajar. Primero hice la estructura del libro y después fui rellenando el borrador

Los fines de semana, o si tenía una tarde libre, sacaba el ordenador y trabajaba un poco más. Me apunté a un grupo de Meetup en el que quedaban expatriados para escribir: una horita en silencio, en un bar, ocho tíos dándole a la tecla; después de escribir compartíamos nuestros textos y nuestra experiencia.

¿Estás trabajando en otro libro?

He empezado uno, pero no he avanzado. He hecho una estructura y tengo que volver a recuperar lo de levantarme una hora antes.

¿Tu segundo libro estará también ambientado en Luxemburgo? No sé yo si el país da para otra novela…

Ahora me gustaría hablar sobre mi etapa universitaria. Yo estudié entre el 2006 y el 2012 en Madrid, justo en el momento en el que España iba muy bien, en el que nos decían que todo iba fenomenal y que todos nosotros íbamos a encontrar trabajo, y, al poco, vimos como con la crisis se volvía todo más complicado.

¿Tuviste que salir de España a buscar trabajo?

Me fui al extranjero a estudiar un máster porque no encontraba trabajo o lo que encontraba era una vergüenza, del estilo “te-damos-300€”. Tuve la suerte de que pude irme fuera a hacer un máster.

¿Y volverías a España?

Hombre, sí. Llevo bastante tiempo queriendo volver y espero hacerlo pronto.

A mí a veces me entra una murria…

Me sorprendió mucho, porque al principio te vas con muchas ganas, pero luego te va entrando la nostalgia. Nunca me había considerado muy patriota, pero al final fui echando de menos el país cada vez más. Nunca he dejado de interesarme por lo que sucede, por la política, etc.

¿Esta ciudad no ayuda?

Entre los españoles es verdad que muchos se quejan de Luxemburgo; echan de menos España y solo se centran en lo malo, como se ve reflejado en el libro. Por otro lado, hay gente que le pilla el punto: es un país muy próspero, muy tranquilo… Pero sí, me he encontrado más a menudo con que la gente no le suele gustar mucho Luxemburgo y como prueba vemos que en estas empresas de las que se habla en el libro hay una rotación brutal: la gente dura de media dos o tres años y se larga.

¿Y en el caso de Ámsterdam?

No, es más grande, tiene más variedad, es más fácil encontrar un sitio. Sin duda, es más carismática.

***

A la hora, Adrián Grant y el entrevistador se despiden en la ciudad alta, “con sus tiendas de lujo, el Ayuntamiento, la ciudad de la justicia y los edificios de oficinas”. El clima es extrañamente bueno, por lo que el entrevistador, que es algo cursi, silba una habanera y se siente feliz.

Mientras el entrevistador espera el autobús, le pica la mosca de la curiosidad y trastea un poco en la Wikipedia. En el escándalo conocido como Luxembourg Leaks, revelado por un grupo de periodistas en noviembre de 2014, se denunciaba cómo varias multinacionales emplearon la evasión fiscal para evitar el pago de impuestos, siempre dentro de la legalidad. La sentencia se conoció casi dos años después: los dos empleados de PwC1 que habían filtrado los datos fueron condenados por la justicia luxemburguesa a menos de un año de cárcel. No entraron en prisión, pero tuvieron que pagar una multa de 1.000 y 1.500 € respectivamente.

El autobús se acerca2. Un niño pera hace tronar su coche de alta gama cuando el disco del semáforo cambia a verde. Nadie se sorprende porque estos caprichos de chulería son normales. El entrevistador se amodorra en el asiento del bus. Tiene un domingo por delante y no le apetece transcribir esta entrevista. Va a arriesgarse y a preguntar en el grupo de WhatsApp si hoy hay algún plan, total, la gente parece algo más animada después del confinamiento por el Covid-19 y puede ser que no se hayan dejado invadir por el espíritu de la ciudad. A estas alturas del año, el característico cielo gris de Luxemburgo y la bruma parecen una fantasía irrealizable de niños chicos. Aquí nunca pasa nada. Y si pasa, ¿qué?


1 Una de las “Big Four” o cuatro firmas más importantes del sector de la consultoría.

2 El transporte público es gratuito en todo el país desde marzo de 2020.

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