Con faldas y a lo loco: Protofeminismo

¿Cómo es posible que se hiciera Con faldas y a lo loco? ¿Por qué serie de casualidades pudo suceder que en 1959 se hiciera una película que es totalmente vigente en 2018? ¿Cómo pudo el blanco y negro reflejar con tanta modernidad los problemas que siguen existiendo en el siglo XXI? ¿Es esa sensación, esa duda sin respuesta, es la propia pregunta la respuesta a otra pregunta? Creo que sí. Y esa pregunta es: ¿Qué es un clásico? Con faldas y a lo loco es un clásico porque hará reír dentro de 60 años si siguen proyectando películas en un cine.

Billy Wilder hizo una película que sería arriesgada en 2018. Imaginen en los años 50 de los Estados Unidos. Veo muy complicado que lo políticamente correcto no se acechara hoy sobre una película que viste a dos hombres de mujer y busca la risa. Solo el pretexto ya parecería censurable. Pero no, Wilder consigue que su trabajo camine sobre una fina línea que en ningún caso puede molestar. Todo lo contrario. Es difícil que no produzca la risa inmediata, especialmente en el primer visionado.

Con faldas y a lo loco es vigente en nuestros días porque afronta y supera temas como el feminismo, el travestismo y la identidad sexual. La verdad es que era muy sencillo que el film se desvirtuara y cayera en lo simple y burdo. Era muy fácil hacer chistes sobre dos tipos que se visten de mujeres. De hecho, la propia trama no es especialmente sofisticada. Dos buscavidas se ven obligados a huir de la mafia al haber presenciado un asesinato muy famoso y real: La matanza del Día de San Valentín. Su única opción es aceptar un trabajo como músicos en una orquesta de mujeres. Se visten de mujeres e intentar, de paso, ligar con Marylin Monroe. Pero esta película es mucho más que esto.

La transformación de Tony Curtis y Jack Lemmon es total. No vemos a dos hombres fingiendo ser mujeres. Vemos a dos mujeres. Creo que lo más interesante de esta historia es analizar las sensaciones y transformaciones que se producen en los tres protagonistas cuando interactúan entre sí y con su entorno.

El personaje de Jack Lemmon es miedoso, torpe y no encuentra su lugar en el mundo. Prácticamente deja que su compañero decida por él en todo. No tiene personalidad ni agallas para nada. Desde que se trasviste por primera vez hasta el final de la película, el cambio es abismal. Pasa a ser una mujer risueña, coqueta y con bastante determinación. Con más o menos fortuna, pero con otra mirada. Evidentemente, camina diferente. Por los tacones. Pero ese efecto produce en este personaje que sea mucho más altiva. Hablamos en femenino de él. El Jack Lemmon hombre se pierde. Este efecto culmina con su cita el personaje de Joe E. Brown. Un encuentro que no es deseado se convierte en una noche de baile y pasión para los dos. La imagen de Jack Lemmon travestido, tumbado en la cama y con dos maracas solo significa una cosa: liberación y alegría. Todo lo que como hombre nunca consiguió.

Tony Curtis también cambia. Cuando es mujer su osadía anterior se relaja mucho y a veces se ve superado por la locura de su compañera. Se vuelve más maleable y perdido. Pasa a ser mucho más comprensivo y buena persona en su trato con los demás. Especialmente con ellas, a las que antes mareaba y maltrataba. Es muy clarificador que para conquistar a Marylin Monroe sea indispensable haber pasado previamente por un vestido de mujer: esa transformación le permitió escucharla y comprenderla. Todo lo que nunca hizo como hombre.

Es muy importante el papel de Marylin y no solo porque sirva de reclamo y porque los dos protagonistas vayan detrás de ella. Creo que queda muy en entredicho su postura sexual, al igual que pasa con los otros dos. La escena en la que Jack Lemmon (mujer) y ella están tumbadas es violenta. Por un lado sabemos que Lemmon quiere tener algo con ella. Por otro, vemos que ella no sabe que él es un hombre pero la intimidad es total. Y, por supuesto, es muy significativo que se enamore perdidamente de la ficción que hace Curtis fingiendo ser un galán. Es evidente que le suena a alguien. A su versión como mujer, claro, que ahora es su amiga.

Si para algo sirve la historia que recorren es para que se acepten. Hay mucho de camino recorrido en esta película. No es casualidad que una escena muy larga suceda en un tren que sirve de traslado entre dos mundos: el oscuro Chicago y el luminoso Miami. Creo que estamos ante una película feminista porque cuando Jack Lemmon le cuenta a Tony Curtis que le han metido mano en el ascensor, este le contesta: “Ahora sabemos cómo se siente la otra mitad de la población”. Sobre todo, es una historia que reivindica que todo da un poco igual si estamos felices y conformes. “Si la cosa funciona”, que diría Woody Allen. “Nadie es perfecto”, la mítica frase con la que cierra la película. Se trata de un chiste que ni siquiera les convencía y, sorprendentemente, resume el mensaje que Billy Wilder nos hace llegar.

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