Papel roto

Había olvidado que os guardé al fondo del armario, metidas a las dos en una caja que ―la verdad― me trae mejores recuerdos de los que dejasteis vosotras. Imagino, después de esta semana, que hacer limpieza a fondo en casa implica también limpiar un corazón. En palabras de una amiga: «la basura física y psicológica a la mierda toda».

Y os he roto. Después de siete años, os he roto.

Pero no sin antes volver a leeros.

Una me felicita el cumpleaños varias veces, pero siempre termina hablando de ella: de lo feliz que es, de lo orgullosa que está, de que no entiende por qué ya no nos hablamos. ¿De verdad no lo entendiste? Me exprimiste tanto que casi desaparezco. Me ahogaste cuando necesitaba aire, y lo peor es que decías entenderlo. Me quisiste solo para ti, pero cuando más te necesité estuve una hora esperando que abrieras la puerta de casa. Y no la abriste. Y me volví a casa. Hoy puedo decirte que ese CD vacío y ese cuaderno en blanco siguen así porque no mereces más. Y estas serán las últimas palabras que te escriba.

Y a ti, la que firma como “Tu niña”, la que dice que me quiere en cada folio… La que me pegó. La que insultó todo lo que era mío. La que me alejó de mis amistades. La que me utilizó para su propio beneficio y luego renegaba de mí.

Tú: que te reíste la única vez que me quedé en sujetador y con el cinturón desabrochado.
Tú: que disfrutabas arañándome las entrañas a pesar de que te decía que escocía.
Tú: que me hiciste sentir culpable tantas veces que aún me quedan secuelas.
Tú: que pretendiste ―y casi consigues― cambiarme a tu imagen y semejanza.
Tú: que me dejaste ciega, sorda y muda porque mi opinión no valía nada, porque decidí dejar de oírte todas las burlas y los insultos, porque preferí girar la cara y no ver que te besabas con otras.
Tú: que me empujaste a la mejor amiga de tu nuevo juguete, para tenernos controladas.
Y yo… que nunca supe decirte que no.

Mis únicos actos de valentía fueron cerrar de un portazo la puerta de tu casa y colgarte una llamada.
A partir de ahí tú hiciste borrón y cuenta nueva, y me borraste del mapa. Y yo te guardé en una caja. Dudo que sean las últimas palabras que te escriba, porque aún tengo cosas que contar. Pero te he roto, eso sí puedo decirlo.

Vosotras, que hoy sois basura. Yo, que resurgí de mis cenizas.

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