Coco será un clásico de Pixar. Cualquier tipo de expresión artística lo es cuando toca los temas universales. Esos que preocupaban a las personas de la Edad Media y siguen generando algo en el interior de los humanos de 2018. Esas pasiones las conocemos todos: el amor, la familia, la emoción, el sonido. Los seres queridos que ya no están. Su recuerdo. Lo que hay más allá de la vida. La muerte.
A mí me ha despertado algo todo lo que tiene que ver con la familia. Pero en esta película de animación todo está interrelacionado y no se entiende la familia sin la música o la música sin las pasiones.
Contaré algo de Coco que no desvela nada fundamental de la trama pero que sirve de pretexto para entender lo que sucede. Una familia mexicana se dedica al calzado durante generaciones como rechazo a la música: el tatarabuelo abandonó a la familia para tener una carrera como artista.
La familia, como entorno en el que sentirse amado, me parece lo mejor que ha inventado el ser humano. Pero la familia, llevada a un extremo, puede ser una cárcel. El protagonista de Coco se siente en una cárcel. Este film nos plantea un interrogante: ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por nuestras pasiones? ¿Dónde ponemos el punto de renunciar?
Los que hemos abandonado el hogar en busca de un sueño sabemos que es un punto complicadísimo de calibrar y que hace falta una artesanía y una precisión milimétrica para gestionar todo con claridad. Coco también habla de las pasiones que nos pueden destruir. De las que nos pueden ensimismar y encerrar en nosotros mismos. Las que nos vuelven egoístas. ¿Todo vale?
Aunque les parezca increíble, Coco me ha llevado a El Padrino. En el fondo no nos debería sorprender: las grandes obras tienen vasos comunicantes. Se hablan entre ellas. ¿Estamos de acuerdo en que ambas películas tratan temas profundos de todos nosotros? Entonces, la respuesta es clara. El Padrino, entre otras muchas cosas, habla de la familia. En este caso no hay pasiones que valgan porque la pasión es la familia. Quizás, una familia mal entendida, pero un familia.
Si Coco habla de las pasiones mal entendidas El Padrino habla de las familias llevadas al extremo. En la trilogía de Coppola asistimos a una decadencia, personificada en Michael Corleone, que lo que nos cuenta es el fracaso de un modelo de familia. La pasión de Michael no era otra que conseguir mantener unida a su familia a cualquier precio. Lo paga, por supuesto. Y no hay redención. En Coco sí hay redención pero puede que tenga que ver con que sea una película que también está dirigida a los niños.
Saben, quizás Michael Corleone debería haber querido ser músico. Don Corleone trató de que fuera un pez gordo, de que saliera de los negocios de la familia y fuera una persona respetable. No lo consiguió. En una ocasión, su hermano Sonny le dijo: “La patria no es la sangre, hermano mío”. Claro, es que si a Michael le daban a elegir entre su familia y Estado Unidos la decisión era evidente. Yo también habría elegido a mi familia, por muy mafiosos que fueran.
La tradición familiar de los Corleone nunca les dejó espacio para apreciar el arte. No recordarán a ningún personaje emocionado por una canción. La normalización a la que Coppola les consiguió llevar se quedaba en el plato de comida. Miren, quizás el secreto sea precisamente la cultura. Puede que sin ella todo nos sea mucho más incomprensible, absurdo y patético.
La música, que puede servirnos para contar la historia de la humanidad, es el gran hilo conductor en Coco entre la vida y la muerte. Es la metáfora que nos indica que es la única opción que tenemos de ser universales. Quizás crecer consista en madurar lo suficiente como para saber que las pasiones y los sueños son pilares fundamentales, pero que no merece una destrucción por ellos. Quizás crecer también consista en no volverse demasiado cínico, a pesar de que la vida lo ponga a huevo con su inevitable dolor, para seguir queriendo a tu familia. A pesar de todo.

(Alicante, 1994), es productor y guionista de ‘Un tema Al Día’ en elDiario.es. Periodista, se especializó en audio en el Máster de RNE por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado en ‘No es un día cualquiera’ o ‘De pe a pa’ de Radio Nacional de España y en la productora Osmos Global. Escribe relatos y artículos en Poscultura.
