“Nada”
Así se llamaba el artículo. Eso era lo que sentía. Otra acusación más, una de tantas. A lo largo de este tiempo ya se había acostumbrado a escuchar de todo. No es un hábito que merezca la pena, pero no había otro remedio.
Demasiadas voces.
No recordaba la última vez que pudo salir a pasear o tumbarse en un parque con la gente caminando sin mirarle. Recordaba el por qué, pero no el cómo. La experiencia, pero no la sensación. Ahora tenía que recurrir a pequeños trucos para salir a la calle y existir en paz. ¿En qué cabeza cabe que eso sea normal, que alguien diga que “tiene sus métodos” para poder bajar a comprar el pan sin que le paren cincuenta veces? Otro hábito que había nacido por necesidad.
Él tan sólo quería hablar, divertir y divertirse, hacer lo que le dictaba su cabeza. El mundo ya es demasiado oscuro como para que todos estemos llorando, pero le reclamaban. “Nada”, lo habían titulado. ¿Y por qué tenía que ser algo?
Porque él ya no era una persona normal.
Todo era su culpa. En realidad no; él había creado algo y la gente había acudido. ¿Qué, ahora tenía que parar antes de que fuera demasiado tarde? ¿Quién era el juez y por qué debería escucharle? Estaban disfrutando sin hacer daño a nadie.
Quizás estaba demasiado tenso.
¿Quizá?
No.
Sí.
Qué más daba. Nada de esto iba a parar. Cada día iría creciendo porque cada día llegaba más gente y más motivos para acusarle. Una presa demasiado jugosa. Ya no era una persona sino un agente, su opinión sujeta a juicio porque no formaba parte del cómputo.
Brillaba. Era la excepción, el festín al que otros se querrían acercar para intentar tomar algo y subir, unos por parasitismo, otros por carroñería. A veces se sentía paralizado; no podía ni tener vida propia sin que alguien dijese algo, como si la cámara se hubiera rebelado contra él y ahora todos los ojos le mirasen con ese parpadeo rojo.
“Grabando”. Ya no sabía si era paranoia o un hecho. Recordaba la noción de conocer gente, pero no la sensación de confiar en un desconocido. Él no era desconocido para nadie.
“Nada”.
Miró a su ordenador y recordó esa voz silenciosa que le habló años atrás: “¿Quieres ser inmortal? Hagamos un trato”.
Que no te asuste mi título de periodista por la URJC, soy de fiar. No entiendo el IBEX 35. Lynchiano. Enfrascado en la creación de un cortometraje y un cómic. Actualmente entre cine y series llevando la comunicación de AXN España y Portugal.


