La trilogía del Yo

La depresión puede representarse de inimaginables formas. Lo que une al manga y al anime con esta enfermedad es más una cadena que un hilo. En esta composición, Daniel ha dado un paso más haciendo convivir Akira, Evangelion y Berserk en lo que puede parecer una única escena.  A nivel visual, podemos dividir la imagen en tres partes diferenciadas por el título al que pertenecen y en las que lo terrenal y lo superior conviven. Pero también se pueden explicar con la división de la persona según el psicoanálisis: Ello, Yo y SuperYó.

El Ello, situado en la base de la imagen es lo terrenal y está representado por Akira. Katsuhiro Otomo creó un Neo-Tokio al borde de la explosión en la que los humanos actúan en base a sus pulsiones y deseos más bajos. Su (falso)protagonista, Kaneda, representa a la perfección esa forma de ser. Impulsiva, irracional e inconsciente.  

El Yo, ocupando el punto de fuga y la línea del horizonte, es Evangelion. La depresión es el concepto principal de la serie, dado que Hideaki Anno la concibió en mitad de dicha enfermedad. Representa al centro de esta “trilogía” de la personalidad dado que el miedo a los dioses convierte al humano en un ser frágil. Shinji no actúa nunca de forma contundente, necesita de la ayuda de su EVA -claramente su SuperYó- para cumplir sus objetivos. Ese debate entre lo que se quiere y lo que se debe hacer es uno de los temas eternos del arte.

Siguiendo el objeto de deseo que nos guía la mirada de Rei -o Yui- llegamos a Berserk. La adaptación más que meritoria de Takahashi del manga de Kentaro Miura, también asciende de lo tangible a lo extrasensorial, por lo que tiene sentido su posición en la composición. Berserk representa al SuperYó por su premisa de que algo que se escapa del control de los humanos rige su destino, lo que se acentúa en esta misma escena, en la que los dioses muestran a los humanos que no son nada ante ellos. Y lo hacen con un eclipse. Lo que, llevado al psicoanálisis de Freud, es que la autoridad de una persona marca sus decisiones y, en ciertas ocasiones, puede apoderarse de su vida.

“Después de mucho buscar encontré la respuesta más obvia: Yo soy Yo“

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