Soy una niña alta y risueña y tengo el pelo muy rizado. Mis compañeras me quieren, les gusta jugar conmigo a las casitas, nos gusta entretenernos buscando el estuche de mis gafas cuando se pierden. Llevo gafas, pero creo que a nadie le importa; descubrí que me hacían falta porque confundí a una Betty Spaghetti con la otra (tengo dos, son hermanas y tienen unos pelos largos y violetas que puedes moldear y trenzar y que serían iguales que la pinocha si los pinos fueran de plástico, también juego a preguntarme qué pasaría si los pinos fueran de plástico, también juego a eso). Ana y yo estamos tecleando en nuestros ordenadores, nos hemos comido el almuerzo y nuestros tuppers son ordenadores, somos jefas de oficina como la madre de Ana y tenemos unos ordenadores grandes y verdes y que suenan. Yo me llamo Ana, Ana se llama Aida. Escucho una voz que llama a Ana y subo la cabeza y sonrío y digo yo soy Ana, Ana soy yo, y Nerea, que lleva unas gafas redondas y rojas, como las mías, se ríe y me confunde: no, tú eres la gorda.
No me gustan las clases de gimnasia. Toca echar una carrera y me molestan los tenis; las niñas eligen pareja, se ponen a su lado y hacen una fila. Yo no elijo, me da igual. El sol me pica en el pelo y Elena se me acerca. ¿Quieres ser mi pareja, quieres? Elena y yo no nos llevamos bien, nos molestamos, somos de grupos diferentes, pero cuando estábamos en primero fuimos juntas en una excursión y ese día nos hicimos amigas y nos reímos del nombre de la lavanda y me prestó la gorra, claro, me acuerdo. Quiero ser tu pareja, Elena. Siento el pecho hinchado de alegría y me acuerdo de la guagua de la excursión, los asientos eran grises y tenían unos dibujos que parecían cocodrilos, ese día pensé que Elena era una buena niña, le di de mi sandwich, sentí rabia cuando nos pusieron juntas pero todo estuvo bien. Quiero recordarle lo de la lavanda porque siento que somos amigas otra vez, me ha elegido a mí, quiero y empieza la carrera: lo pienso mientras corro, corro, corro, me pica el sol en el pelo, Elena me adelanta y la gente se ríe, ¡mira, no quería correr y se puso con la gorda!
Mi amigo Pedro está enfadado, estamos en el patio del instituto y miramos Twitter, hablamos sobre el problema que tenemos con la otra clase y miramos Twitter, el instituto es muy grande y nos cruzamos poco pero nos seguimos por las redes, por eso sabemos que tenemos un problema, se supone que lo hemos provocado nosotros pero es un malentendido, aun así hablamos sobre ello y Pedro se enfada, le pasa el móvil a Damián, Damián mira a Pedro y dicen vamos a ir a darles un puñetazo, todas las chicas susurran y yo no entiendo nada, soy la delegada de la clase y no entiendo nada, ¿me pueden decir qué pasa?, joder, es que se están pasando, y qué será eso tan horrible que han puesto, voy a cotillear todos sus perfiles, pero Marta me coge y me cuenta otra cosa, espera, Marta, y Damián me pasa el móvil, cierra un poco los ojos, no quiere verme, desbloqueo la pantalla y lo leo, “que se calle la gorda”, no dice nada más, la gente me mira, no pone ningún nombre pero la gente me mira, y van a ir a pegarles, que se calle la gorda, que se calle, ¿pero esa soy yo?


