El más tocho de los hermanos Hernangómez y la industria del pienso canino

Lo que el más tocho de los hermanos Hernangómez y la industria del pienso canino no quieren que sepas sobre el covid-19:

Que la pandemia que a día de hoy pseudopadecemos todos pilló de sorpresa a nuestros dirigentes políticos… no se lo cree ni el mayor de los ingenuos. En realidad, la enfermedad, ideada a principios de siglo por mormones y sindicalistas serbios y a la venta en la deepweb desde 2004, fue comprada por China a finales de 2018. El gobierno, COMUNISTA, del país, la adquirió de cara a utilizarla para contrarrestar su creciente perdida de predominio en el bádminton competitivo, siguiendo la doctrina marxista de que el proletariado de un país que jugase bien al bádminton tendría todas las de ganar en su lucha de clase contra el capitalismo semita. Por todo ello, no es ninguna casualidad que precisamente el día que comenzó el brote en Wuhan, el 31 de diciembre de 2019, reputados organismos de calificación mundial hubiesen publicado un informe secreto en el que se afirmaba que Corea del Sur estaba trabajando en un saque que, gracias a un movimiento de codo no visto hasta la fecha, acabaría con la hegemonía china sobre los terrenos de juego. Ante esa tesitura, China decidió actuar; el resto, es historia.

Xi Jinping, presidente de China y títere de los entrenadores de bádminton del país, ordenó ese mismo día que se inoculara el coronavirus al pangolín. El porqué escogieron dicho animal es bastante obvio: el pangolín, animal turístico donde los haya, cumplía todas las características necesarias para infiltrarse entre la población de forma desapercibida. Es más, a día de hoy todavía circulan por el mundo millones de pangolines camuflados de personas, hecho sistemáticamente ocultado a la opinión pública por la comunidad científica internacional, también controlada por los entrenadores de bádminton. El último caso de pangolín metamórfico salió a la luz en París, Huesca, y puede verse el video, pixelado y con cortes sospechosos, en YouTube.  

Así pues, China fue el primer país en distribuir de incógnito millares de pangolines infectados entre su población con el propósito de que, una vez instaurada la cuarentena, los entrenadores de bádminton, únicos a los que se permitió seguir circulando con normalidad, pudiesen ir a restaurantes, boleras, pedicuros… sin tener que esperar cola de espera. Esto, además de motivarles en su trabajo, les dejaría más tiempo para idear nuevos movimientos letales en la red a modo de contraofensiva contra los surcoreanos. Ante esta operación estratégica, sus adversarios, los susodichos surcoreanos, decidieron, además de asesinar al líder de Corea del Norte, ser el segundo país en infectar a su población con el virus, esta vez con el objeto de que sus entrenadores se vieran forzados a trabajar más deprisa en su saque de codo bajo la amenaza gubernamental de que ningún nacional saldría de casa hasta que hubiesen logrado su propósito. Según el ocultista y dermatólogo Evenecer Park, afincado en Seul desde el Mundial de 1994, el saque está ideado ya en un 98%, de ahí que ambos países hayan prácticamente quitado ya las medidas de confinamiento sobre su población.

A finales de febrero, espías italianos residentes en China desde las guerras del Opio bajo la tapadera de una empresa dedicada a la creación de ruedecitas para ratón, dieron al gobierno de su país la posibilidad de hacerse con un pangolín. Su captura, contraria al derecho internacional y secundada por los servicios secretos bengalíes, se llevó a cabo el 34 de enero de este mismo año, en pleno centro de Wuhan. Armados con mascarillas en las que se había inoculado Triptomenazol-HP600 (la droga que hace que el portador de la misma acceda a cualquier edificio que requiera escáner facial sin trabas), se adentraron en las instalaciones científicas chinas sin hacer saltar las alarmas, en pleno día. Pese a que este acto de sabotaje internacional fue descubierto (uno de los espías italiano, Enro Provolone, falleció en el acto al ser mordido en el dedo pulgar izquierdo por el pangolín), China decidió no denunciar públicamente este hecho, razón por la que este acto no ha trascendido hasta la fecha en nuestro país. 

Es consabido que a Italia el bádminton no le interesa (geopolíticamente hablando) desde que, allá por 1947, Musolini declarara en un mitin que dicho deporte “era de masones y maricas”. Pese a la posterior democratización del país, esta creencia ha perdurado entre los italianos, y en su día fue compartida por los propios autores de Papa Americano y Bella Ciao. Ambos temazos esconden un mensaje subliminal, que puede escucharse poniendo la canción en Youtube tras reiniciar siete veces el móvil, claramente antibadmintoniano. Por ello, es lógico que Italia decidiera usar el virus precisamente para intentar frenar el más que posible interés que sentiría la población ante las espectaculares innovaciones que provocaría en el deporte internacional (y en las audiencias, que es lo que le interesa a Berlusconi) el saque de codo surcoreano y los nuevos ataques a la red chinos. Así, no es de extrañar que en el primer decreto del estado de sitio ordenado en Italia se prohibiera implícitamente “el ejercicio de cualquier actividad relacionada con el bádminton, incluyendo el mero acarreamiento o tenencia de bolsas con su parafernalia”, mientras que todas las industrias dedicadas a la creación de raquetas y volantes fueron nacionalizadas.

Mientras varios países de Asia pagaban enormes cantidades de criptomonedas a China para adquirir un pangolín y así no quedarse atrás en la carrera badmintonística, el gobierno español comenzó a barajar la posibilidad de adquirir el virus. Fuentes de La Moncloa informan de que Pedro Sánchez estuvo revisionando durante semanas la cuarta temporada de Los Hombres de Paco (en otra patética concesión al separatismo de Torra, su aliado político, vio la serie subtitulada en catalán) en busca de una forma original a la par que graciosa de hacerse con un pangolín sin soltar un céntimo. Al final, esfuerzo tan encomiable dio sus frutos y Pedro Sánchez, sirviéndose de un desnudo, robó el pangolín italiano y lo clonó con ayuda de la maquinaria de Inditex, tras lo cual devolvió el animal sin levantar la más mínima sospecha.

El por qué Pedro Sánchez quería encerrar a la población de su país es bastante obvio, si bien complejo. En primer lugar, buena parte del grueso de los presupuestos nacionales debían ser destinados urgentemente a Carolina Martín, en un intento desesperado de que España no perdiera su relevante papel en el bádminton internacional. Ya Sagasta (1912) dijo que “tras la pérdida de Cuba, perder el bádminton acabaría de minar la confianza en sí mismos de nuestros súbditos”, y Pedro Sánchez sabe perfectamente que sus socios vietbolivarianos (ya hemos visto lo que pensaba Marx acerca del bádminton) no van a ceder en este terreno ni un ápice. De forma colateral, el instaurar la cuarentena también debía servir para mejorar la visión de la ciudadanía en los cuerpos de seguridad españoles, a los que buena parte de la sociedad del país considera demasiado proclives al consumo de chope. Por último, el coronavirus también proporcionaría a Sánchez tiempo para retomar su gancho de baloncesto, en un intento de desviar el conflicto internacional a una cancha en la que nuestro egregio presidente tuviese más posibilidades de ganar. Hasta la fecha, VOX es el único partido que ha denunciado este hecho.

Es aquí donde entra en la trama el más tocho de los hermanos Hernangómez. Y es que fue precisamente él quien llevó la enfermedad a los Estados Unidos con el objetivo de que, parando la NBA, Sánchez pudiese ponerse rápidamente al nivel de Lebrón y compañía. Precisamente, el primer infectado en territorio norteamericano fue el canadiense Rudy Gobert, base de los Oklahoma Rockets, quien tosió en los micrófonos de la rueda de prensa bajo los efectos de la Escaropelatina-13 (droga, inventada por Jesucristo durante los experimentos MK-ULTRA, que provoca que tosas en todos los micrófonos que veas en ruedas de prensa en estadios de baloncesto americanos), sustancia que el menos tocho de los hermanos Hernangómez, en un intento de no levantar sospechas hacia su hermano más tocho, había inoculado en el Gatorade sabor manzana del deportista canadiense. 

Pronto, el resto de países del mundo decidieron mover ficha en la batalla por el trono del bádminton internacional encerrando a su población en casa. Algunas naciones, como Reino Unido o Liechtenstein, lo hicieron con el propósito de inocular en sus ciudadanos un fervoroso sentimiento de amor por el bádminton, lo que buscaron lograr prohibiendo toda actividad que no sea ver dicho deporte por la tele. Las cadenas públicas y privadas de ambos países fueron intervenidas por el ejército y su habitual programación sustituida por retransmisiones, documentales y clases de bádminton. Otros Estados, como es en el caso de México y Albuquerque, propagaron el virus con el simple objetivo de desviar la atención de los medios de comunicación, que al tener que dedicarse ahora a decir cifras y más cifras, no tendrían tiempo para cubrir los verdaderos abusos que se estaban cometiendo contra los deportistas del país, a quienes se llamó a filas y se les puso una raqueta bajo el brazo, obligándoles a olvidar todo lo que sabían de otros deportes. En definitiva, los distintos movimientos estratégicos nacionales son tantos como países, y van desde dopar a sus badmintonistas con el coronavirus (Georgia) a imitar la medidas de confinamiento por el que dirán (Prusia). Sea como sea, todos los gobiernos son conscientes de que una nueva contienda mundial se avecina: es la guerra del bádminton, y jamás en toda la historia de la humanidad se ha visto una escalada armamentística tan drástica… ni tan inhumana. 

Pero… ¿acaso es posible que la pandemia que nos ha confinado en nuestros hogares, obligándonos a conversar, pensar y mantener un ritmo sano de masturbación… haya sido soltada por los gobiernos por la injerencia del lobby de los entrenadores de bádminton, quienes buscan que su deporte se convierta en la religión del siglo XXI? Sinceramente, creo que sería muy de ingenuo pensar que todo esto es verdad, puesto que es poco probable. Es más, algunas de las pruebas (como pueden ser el hecho de que el cadáver de Enro Provolone fuera descubierto con un tiro en la sien o la posibilidad de que el informe secreto de las agencias de calificación de Soros en el que se informaba de la búsqueda de un saque de codo por parte de los surcoreanos fuera redactado a finales de marzo, cuando el coronavirus era ya una realidad) parecen haber sido colocadas ex profeso para ser encontradas por los blogueros más afines al Nuevo Orden Mundial, que fueron los primeros en dar a conocer toda la trama.

En realidad, todo es mucho más sencillo: lo que las autoridades mundiales quieren hacer es… ¡acabar con el bádminton! Todo, absolutamente todo, es al revés de lo que parece: los entrenadores de bádminton, hastiados de su forma de vida, de la presión de su existencia diaria, han decidido liquidar desde dentro la práctica del deporte que entrenan, para así liberarse de sus ataduras y poder encontrarse con los Grises en Orión. Por lo tanto, lo que busca la élite mundial, auxiliada por los políticos, es acabar con el derecho natural de la humanidad de jugar al bádminton. Es algo que los sacerdotes egipcios ya intentaron destruir, algo que los astrólogos numantinos ya buscaron liquidar, algo, en definitiva, que tiene a los Illuminati fuera de sí, pues precisamente en el bádminton no pueden colar ninguna de sus pirámides para controlar las mentes de la plebe, imposibilidad que tiene su razón de ser en algo tan obvio que no juzgó necesario esclarecer nada más sobre esta asunto. Además, si este escrito llegara a circular por Internet, doy por sentado que los Illuminati acabarían con mi vida si yo dijera una palabra más al respecto.

Si tú, tú, no quieres olvidar el bádminton, si estás dispuesto a luchar por tus ideas, si no eres un ingenuo que se cree lo que ven sus ojos, hazme caso, hermano: si quieres evitar olvidar este deporte, lo cual sin duda ocurrirá si te contagias (pues el coronavirus ha sido mutado con Hupermizol -la droga que hace que te olvides de que el bádminton existe-), lo único que tienes que hacer es no coger pienso para perro y… pero claro, esto la industria del pienso canino no quieren que lo sepas, y yo, Jorge de Aspitos, pertenezco a ella.


Jorge de Aspitos nació en Internet fruto de la unión de una pareja de birras. Hijo de su tiempo, Jorge, también llamado Filister el Noruego, es en la actualidad asesor de varias páginas web del mundo de lo oculto. Contrario a la visión que tiene Iker Jimenez sobre fantasmas y espíritus (Jorge piensa que todos ellos vienen del futuro), su labor ha sido sistemáticamente silenciada por los grandes medios paranoides. En la actualidad, tras una serie de asesinatos en la que estuvieron implicados varios mayordomos, es dueño de CanisFrungis, el Monsanto de la alimentación canina.

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