Amor, masculinidad y música negra en el debut de Caleb Azumah Nelson

Cuando te encuentras de frente con el amor te asustas. No hablo de sentir atracción o simpatía por alguien. Hablo de conocer a una persona y de repente saberlo. Saber que delante de esa persona puedes mostrarte, ser tú mismo como nunca antes lo has sido ante nadie. Es enseñar una cara que creías que solo formaba parte de tu intimidad. Y da miedo. Da miedo porque no sabes cuál es el limite, no sabes hasta donde te puede llevar, no sabes que puedes descubrir de ti mismo que no sabías y no sabes que puedes perder en el proceso, que puedes perder si pierdes a esa persona o si haces algo que rompa esa conexión.

La primera novela de Caleb Azumah Nelson (Aguas abiertas, Alpha Decay) sabe transmitir muy bien eso. Su protagonista, aparentemente un alter ego del mismo autor ya que es fotógrafo como él, de origen ghanés como él y joven como él, conoce a una chica en una fiesta en Londres y lo sabe. Sabe qué tiene que conocerla y sabe que existe una conexión entre ellos. Parte de la novela describe muy bien como se produce el acercamiento entre ambos a lo largo de varios meses en los que no tienen prisa para quemar etapas. Descubren que la relación que se está tejiendo es diferente a sus anteriores relaciones y que hay mucho en juego. Caleb entiende muy bien la naturaleza de este amor y no se centra en una descripción simplista de sus primeros encuentros sexuales. La calidez del tacto en un abrazo o la libertad para quedar sin haberlo planificado o sin tener un objetivo definido van construyendo esta relación nueva para ambos. El amor es quedar para no hacer nada y confiar en que no hacer nada sea suficiente para pasar un buen rato. Abrirse a alguien y confiar en que te arropará. Saber que se puede hablar de cualquier cosa y que lo entenderá.

Esta relación incipiente y su desarrollo es descrita por Caleb con mucha honestidad, sin ningún miedo a tratar la vulnerabilidad y la fragilidad masculina. Una manera de tratar el amor heterosexual que pocas veces he leído en un autor. Son múltiples las veces en las que llora y le inunda la duda y el miedo. A su vez, esta relación está claramente mediada por una condición que ambos comparten, la de ser afrodescendientes en una sociedad que no les trata como iguales. Compartir esta experiencia de constante sensación de peligro y discriminación une a la pareja, pero paradójicamente también los separa. El vínculo que están construyendo hace aflorar en el protagonista un sufrimiento que hasta entonces había tratado de tapar, pero que se agudiza cuándo entiende que ya no puede guardárselo más para él mismo ahora que su vida ha pasado a ser cosa de dos. Ya no puede huir.

Caleb sabe integrar muy bien en la trama y en el flujo de pensamiento del protagonista un conjunto de referentes de la comunidad negra y activistas por los derechos raciales que le sirven para explicar y sobrellevar ese sufrimiento y sentirse reconocido en una experiencia común. Zadie Smith, James Baldwin, Saidiya Hartman o Teju Cole le ayudan a dibujar el paisaje de una comunidad que siempre se encuentra bajo sospecha, que siempre es vigilada por vecinos y policías y que a menudo siente la violencia o la muerte como algo que le pisa los talones. El mismo personaje de Caleb habla de experiencias constantes con policías que lo agreden verbalmente o físicamente por su aspecto y situaciones de agresión especialmente traumáticas que suceden a otros afrodescendientes ante sus ojos y que hacen que el protagonista se encierre cada vez más en si mismo, incapaz de sentirse seguro o acogido en la ciudad en la que vive.

A su vez, el arte es también parte importante de la novela, el arte como espacio de libertad y expresión de uno mismo, como lugar en el que uno puede olvidarse de todo por un instante. La música afroamericana, la pintura, el baile o la fotografía son testigos de esa experiencia común y la cultura Hip Hop y el Jazz son un elemento importante que enriquece la novela. Se teje una relación de camaradería muy hermosa entre los miembros de la comunidad negra a través del arte. También los que escribimos o leemos somos consciente de esta atmósfera que se crea ante personas que han sido testigos de una misma obra, que hemos sido impactados por algo que se comunica a través del arte y que podemos sentir como propio, nos reconocemos en él. Conseguir ser uno mismo a través del arte como vía para contactar, sin querer, con personas que son de la misma manera que nosotros. Esa es la grandeza del arte. Precisamente, he disfrutado mucho de esta novela porque he sentido que Caleb se ha dejado el alma en ella, su manera de narrar es honesta y única y relata una experiencia muy alejada de la mía pero que a la vez, en cierto modo, me resulta profundamente familiar.

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