Los héroes de Columbus en dos (o tres) frames

Empezar algo es complicado. También lo es seguir con ese algo hasta terminarlo. Ya lo dije, Columbus habla de la vida, en la que normalmente no pasa nada, pero eso no quiere decir que sea fácil. Porque si empiezas algo tienes que acabarlo.

En el primer texto dedicado a Columbus ya introduje unos análisis de los perfiles de los personajes. Una persona normal hubiera parado de pensar en la película y no la hubiera visto una vez más. Pero yo lo he hecho. Si bien hablé de las influencias explícitas en las que se basa Kogonada para dar forma a su narración, el innegable buen gusto que demuestra en la elección de planos traslada al espectador al jardín Shinjuku Gyoen, Tokio. Este es el escenario principal del anime de Makoto Shinkai el Jardín de las palabras. Y aunque no se puedan relacionar sus tramas, ambos hablan de la forma de entrar en la vida de una persona y cambiarla para siempre.

Esta relación esconde dos tipos de caminos que se cruzan. En el punto exacto en el que esto pasa, ambos paran y cogen fuerzas para decidir cómo seguir con sus vidas. Y aquí entra Joseph Campbell y su obra El héroe de las mil caras (1949), en el que habla de las fases que debe seguir el elegido como tal para conseguir su objetivo. Estos se pueden resumir en la llamada a la aventura, el umbral, la muerte y el renacimiento, la transformación, la expiación y el regreso. Ciclo que hemos visto en todas y cada una de las historias que caen en nuestras manos. Tanto Casey“ como Jin están en su periplo como heroína y héroe. En puntos completamente diferentes, pero lo están.

El periplo de la heroína

Casey está en el paso previo a iniciar ese periplo y comenzar con su llamada a la aventura. Su historia es la de la preparación de la heroína antes de darse cuenta de que lo es, antes de ponerse un traje, un nombre que venda y vender cómics. La versión femenina de David Dunn en El protegido.

Este frame es el que muestra esa preparación, que conlleva una lucha interna en la que debe decidir si quedarse con la tranquilidad y la frustración de quedarse en ese cubículo que es Columbus, o experimentar la actividad y el miedo que conllevan los retos que están allí fuera.

El periplo del héroe

Jin, sin embargo, está a mitad de ese camino. Ha completado la mitad de ese círculo llegando al renacimiento y buscando una transformación y una expiación para regresar a su vida normal. Esta ha sufrido una parada obligatoria para hacerle sentirse, paradójicamente, en un Lost in Translation, viendo como el tiempo pasa lento, pero no se para.

Este castigo al que realmente se está sometiendo él mismo se debe a otro debate interno: odia tanto a su padre como le quiere. La muerte casi inminente de esa persona a la que realmente no conoce le hace darse cuenta de que no es tan distinto a él. Y esto le lleva a buscarle en objetos, en la arquitectura y en Casey.

Columbus es la vida, arquitectura, la historia de Casey y la de Jin. Aquí voy a intentar dejar de hablar de esta película y pasar página porque no tengo pensado escribir un libro sobre ella.

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